Hay una conversación pendiente cuando se habla de maternidad. Porque sí, está el "caos hermoso" del que hablaba Jessie Buckley, esa mezcla de amor, intensidad y descubrimiento constante. Pero también está el cuerpo. El real. El que cambia, el que se adapta y el que no siempre vuelve a ser como ...
Hay una conversación pendiente cuando se habla de maternidad. Porque sí, está el "caos hermoso" del que hablaba Jessie Buckley, esa mezcla de amor, intensidad y descubrimiento constante. Pero también está el cuerpo. El real. El que cambia, el que se adapta y el que no siempre vuelve a ser como antes.
Uno de esos cambios es la diástasis abdominal. Afecta a prácticamente todas las mujeres durante el embarazo y se trata, básicamente, de la separación de los músculos abdominales para dejar espacio al bebé. Es algo natural, inevitable incluso.
Aunque durante el embarazo, la diástasis aparece en todos los casos, lo cierto es que no siempre desaparece por sí sola tras el parto. De hecho, muchas mujeres siguen conviviendo con ella meses después sin saber exactamente qué les pasa. Barriga que no termina de bajar, sensación de debilidad en el core, molestias lumbares son, en el fondo, señales que a menudo se normalizan, pero que tienen explicación.
Desde la Agrupación Española de Diástasis Abdominal (AEDA) insisten en algo importante: no se trata solo de una cuestión estética. La diástasis afecta a la funcionalidad del abdomen y, por tanto, a la postura, al suelo pélvico y al bienestar general. La buena noticia es que se puede trabajar. Y cuanto antes se entienda, mejor.
Cuidarse antes y después
Uno de los puntos clave, aunque no siempre se tiene en cuenta, empieza incluso antes del embarazo. Mantener una vida físicamente activa marca la diferencia. No se trata de entrenar de forma intensa, sino de fortalecer el cuerpo para que esté mejor preparado para todo lo que viene.
Durante el embarazo, eso sí, hay que cambiar el enfoque. Movimientos como torsiones, ejercicios abdominales tradicionales o esfuerzos mal gestionados pueden empeorar la situación. Aquí la clave está en aprender a moverse de otra manera: activar bien la faja abdominal, cuidar las posturas, evitar sobrecargas innecesarias.
Por ejemplo, algo tan cotidiano como levantarse de la cama. Hacerlo de lado, en lugar de incorporarse de golpe, ayuda a proteger el abdomen. También prestar atención a la postura. Es importante mantener los hombros relajados, pelvis en posición neutra y el abdomen ligeramente activado.
El postparto, ese gran desconocido
Aquí es donde muchas mujeres se sienten un poco perdidas. Entre el cansancio, la adaptación al bebé y la presión por "recuperarse", el cuerpo queda en un segundo plano. Pero es precisamente en este momento cuando más necesita cuidados específicos.
Los expertos hablan de un enfoque integral. No basta con hacer ejercicios sueltos o seguir rutinas genéricas. La recuperación pasa por combinar fisioterapia, movimiento consciente, alimentación y, en algunos casos, apoyo externo.
En este contexto, programas como STOPDIASTASIS proponen una recuperación estructurada. Se enfoca en ejercicios guiados para rehabilitar el abdomen, uso de fajas diseñadas para mejorar la postura y pautas nutricionales que acompañen el proceso. Todo con un objetivo claro: devolver la funcionalidad al cuerpo, no solo su apariencia.
En los casos más severos de diástasis abdominal, incluso, puede ser necesaria la cirugía. Pero también ahí hay matices. Antes de plantearla, es fundamental haber trabajado el abdomen previamente. Preparar el cuerpo mejora los resultados y, sobre todo, permite tomar decisiones más informadas. Al final, todo se resume en algo bastante sencillo: información y tiempo.