En este contexto, Sanitas ha presentado un nuevo Estudio Sanitas de Salud Bucodental 2026. Este estudio, realizado en colaboración con el Instituto MasMetrica sobre una muestra de más de 2.000 personas, pone de relieve cómo las situaciones de tensión emocional pueden dejar huella en la boca."En Sanitas Dental creemos firmemente ...
En este contexto, Sanitas ha presentado un nuevo Estudio Sanitas de Salud Bucodental 2026. Este estudio, realizado en colaboración con el Instituto MasMetrica sobre una muestra de más de 2.000 personas, pone de relieve cómo las situaciones de tensión emocional pueden dejar huella en la boca.
"En Sanitas Dental creemos firmemente que cuidar de la salud bucodental es cuidar del bienestar integral. Por eso, como parte de nuestro compromiso con la divulgación y la concienciación seguiremos impulsando estudios como este que ayuden a las personas a conocer mejor cómo cuidar de su salud", explica Jesús Bonilla, director General de Sanitas Dental.
La investigación muestra que entre quienes experimentan altos niveles de estrés, casi la mitad (46,5%) reconoce apretar o rechinar los dientes con frecuencia, mientras que entre quienes viven bajo menor presión, esta conducta disminuye de manera notable, afectando a 14% de los encuestados. Es decir, el estrés multiplica por tres el bruxismo entre los españoles.

La ansiedad intensifica todavía más esta respuesta física. Entre los encuestados que afirman sentir ansiedad de manera constante o diaria, el 56,2% asegura experimentar bruxismo de forma habitual, mientras que entre quienes declaran niveles bajos de ansiedad la cifra se sitúa en el 21,2%.
"El bruxismo es un trastorno caracterizado por el hábito involuntario de apretar o rechinar los dientes, que puede producirse durante el sueño o mientras estamos despiertos. Este comportamiento puede provocar desgaste dental, sobrecarga en la musculatura mandibular y molestias en la articulación de la mandíbula, por lo que su detección y tratamiento son importantes para preservar la salud bucodental", explica Lorena Trinidad, odontóloga del equipo de Innovación Clínica y Calidad Asistencial de Sanitas Dental.
Un hábito muy extendido
Aunque en muchos casos pasa desapercibido, el bruxismo está muy extendido entre la población. De hecho, el 85,5% de los españoles reconoce haber apretado o rechinado los dientes en algún momento de su vida. En muchos casos, este comportamiento ocurre durante el sueño, lo que genera que muchas personas no sean plenamente conscientes de que lo hacen hasta que aparecen molestias, desgaste dental o tensión en la mandíbula. A nivel regional, el fenómeno presenta diferencias entre territorios, aunque en todos los casos muestra una elevada incidencia. Las comunidades donde más personas reconocen haber experimentado bruxismo son Murcia (93,5%), Navarra (92%) y Madrid (88,9%), comunidades que coinciden con los niveles más altos de estrés y ansiedad.

La percepción social también refleja esta conexión entre emociones y salud bucodental. Más de seis de cada diez españoles (65,4%) considera que el hecho de apretar o rechinar los dientes suele producirse en situaciones de estrés, ansiedad o depresión. Esta percepción es aún más frecuente entre las mujeres, ya que el 72,6% cree que el bruxismo aparece con mayor probabilidad en momentos de tensión emocional, frente al 58% de los hombres.
El bruxismo suele aparecer como una respuesta inconsciente a la tensión emocional. Cuando la persona experimenta estrés, ansiedad o estados depresivos, el cerebro activa de manera automática la musculatura mandibular, generando hábitos como apretar o rechinar los dientes sin que la persona se dé cuenta. El estrés también modifica los hábitos cotidianos
La influencia del estrés no se limita a la tensión mandibular. También puede provocar cambios en el comportamiento diario que, a largo plazo, repercuten en la salud de la boca. Uno de los ejemplos más claros se observa en la alimentación.
Según el estudio, el 60,7% de los españoles reconoce recurrir a alimentos dulces o al picoteo entre horas como forma de aliviar la presión emocional. Este comportamiento es especialmente habitual entre mujeres, donde alcanza el 69,6%, y entre los jóvenes de 25 a 34 años, donde llega al 73,7%.
"Recurrir a alimentos dulces o picoteo entre horas es una respuesta emocional automática al estrés y a estados de ánimo negativos, para muchas personas. El azúcar activa el sistema de recompensa del cerebro, liberando dopamina y generando una sensación temporal de alivio", señala Soraya Bajat, jefa del servicio de Psicología del Hospital Sanitas La Zarzuela. "Las consecuencias negativas para la salud bucodental son obvias", explica Antonio Longo, odontólogo y miembro del equipo de Innovación y Calidad Clínica de Sanitas Dental. "El consumo progresivo de azúcar provoca más prevalencia de caries, desgaste en el esmalte y afecta también a las encías.
Además, normalmente, las personas no se lavan los dientes cuando comen entre horas, lo que afecta a su higiene y salud". Por su parte, las encías y la mucosa oral también pueden actuar como indicadores de periodos de alta presión emocional. Casi la mitad de los españoles (47,8%) afirma haber sufrido llagas o inflamación de encías en momentos en periodos de alta carga laboral o dificultades personales.
Además, el impacto emocional también puede afectar al autocuidado diario. Cuando las personas atraviesan etapas de mayor desgaste psicológico, mantener ciertas rutinas puede resultar más difícil. De hecho, el 50,2% de los españoles reconoce que cuando se siente emocionalmente agotado le cuesta mantener su rutina de cepillado antes de dormir. En la misma línea, el 42,4% admite que descuida su higiene bucodental en periodos de ansiedad.
"Cuando una persona atraviesa periodos de estrés o desgaste emocional con bajo estado de ánimo, es muy frecuente que disminuya su capacidad de autocuidado. El cerebro prioriza gestionar la carga emocional inmediata, y la persona se siente sin las energías necesarias para tareas cotidianas la como la higiene dental, que suele quedar en segundo plano. Además, cuando existen complejos o inseguridad con la propia sonrisa, puede aparecer un fenómeno de evitación, se pospone la visita al dentista o se evita sonreír para no enfrentarse a aquello que genera mucha incomodidad", añade Soraya Bajat.