Intentas mantener un horario regular a la hora de acostarte y levantarte, evitas la cafeína por las tardes, limitas el uso de pantallas al menos una hora antes de dormir, ambientas la habitación con la tan de moda luz roja, etc. Y aún así, descansas entre regular y mal. No ...
Intentas mantener un horario regular a la hora de acostarte y levantarte, evitas la cafeína por las tardes, limitas el uso de pantallas al menos una hora antes de dormir, ambientas la habitación con la tan de moda luz roja, etc. Y aún así, descansas entre regular y mal. No estás sola, aunque mal de muchos, ya se sabe… De hecho, en España suspendemos en materia de dormir y es una asignatura que no sabemos cómo aprobar.
Los datos del primer barómetro sobre trastornos del sueño en nuestro país presentan un escenario peor de lo esperado. La investigación, realizada por la compañía biofarmacéutica Takeda y publicada en marzo, concluye que el 57% de la población experimenta algún tipo de dificultad relacionada con el descanso: el 38% de forma recurrente, y el 19% ocasionalmente. Una epidemia silenciosa que afecta a la calidad de vida y al bienestar general de millones de ciudadanos.
Pero puede que la clave de un adecuado descanso se encuentre en otro factor al que no le solemos prestar tanta atención cuando se trata de adoptar hábitos que favorezcan una correcta higiene del sueño: la alimentación. Y es que un estudio español cuyos resultados acaban de ver la luz ha hallado una fuerte conexión entre lo que comemos y un buen descanso nocturno.
El estudio, liderado por la Universidad de Granada y publicada en la prestigiosa revista European Journal of Nutrition muestra que las cenas con una elevada ingesta de energía, grasa, colesterol, proteína, alcohol, carne roja y patatas fritas se asocian con una peor calidad del sueño esa misma noche. Por el contrario, terminar el día comiendo hidratos de carbono, pescado azul y aceite de oliva puede ayudar a conseguir un sueño reparador.
La cena influye también en el desayuno
Pero hay más datos relevantes. Ingerir estos alimentos por la noche no solo se relaciona con un deficiente descanso nocturno, sino también con hábitos menos saludables al día siguiente. Es decir, un desayuno más calórico y con mayor contenido en azúcares.
La explicación es muy lógica. Un mal descanso implica la necesidad de rascar algunas horas de sueño por la mañana. Y despertarse más tarde se relaciona con una mayor ingesta energética en la primera comida del día. En la misma línea, un sueño con más interrupciones se asocia, según el estudio, a una tendencia a consumir más azúcares y menos fibra en esa ingesta. Por lo tanto, estos hallazgos apuntan a una relación bidireccional entre la alimentación y la calidad del descanso.
El estudio se ha realizado en condiciones de vida real con mujeres y hombres adultos con obesidad. Para evaluar el sueño de manera objetiva, los participantes llevaron un monitor de sueño (acelerómetro) durante 14 días consecutivos. Durante ese mismo periodo, se realizó un seguimiento a la ingesta de alimentos, con especial atención a la cena y al desayuno. A partir de ahí, los investigadores analizaron la relación entre lo que cenaba cada persona y cómo dormía esa misma noche, y entre el sueño y el desayuno del día siguiente.
Juan José Martín Olmedo, investigador de la UGR y primer autor del estudio, junto a Lucas Jurado Fasoli, investigador de la UGR y autor sénior, explican que "analizar estas relaciones en condiciones de vida libre, fuera del laboratorio, permite acercarse mejor a la realidad cotidiana de las personas, donde intervienen múltiples factores simultáneamente. Por lo tanto, este enfoque aporta una visión potencialmente más generalizable del vínculo existente entre dieta y sueño".
Los investigadores subrayan también que, aunque las relaciones detectadas fueron pequeñas, contribuyen a comprender mejor cómo interactúan el sueño y la alimentación en la vida cotidiana. Los hallazgos pueden ser de utilidad para el diseño de futuras estrategias para abordar los problemas de sobrepeso y obesidad, incorporando no solo la composición de la dieta, sino también la calidad del sueño y sus horarios, en un contexto de vida real
En definitiva, alimentación, actividad física y adecuado descanso deben abordarse de forma conjunta y equilibrada, como el abecé indispensable (e inseparable) de una vida sana. Sin embargo, a pesar de su importancia, el sueño continúa siendo, en muchos casos, el pilar más descuidado de estos tres hábitos fundamentales.