Lo que el conflicto con tu madre dice de ti (y cómo usarlo a tu favor)

Sonia Baños

Hay relaciones que no se eligen y que, sin embargo, lo condicionan casi todo. La relación con tu madre es probablemente la más compleja que vas a tener en tu vida, no porque sea la más difícil en términos objetivos, sino porque es la más antigua, la más profunda y la que más huella deja. En esvivir.com hablamos mucho de bienestar emocional, y esta es una de esas conversaciones que vale la pena tener: no para señalar culpables ni para remover heridas, sino para entender qué dice de ti lo que te cuesta de esa relación, y qué puedes hacer con ello.

28/04/2026

Por qué ese conflicto aparece también en otros sitiosUno de los patrones más documentados en psicología es que las dinámicas que aprendemos en nuestra relación más primaria —la materna— tienden a reproducirse en otros vínculos. No siempre de forma idéntica, pero sí con una lógica similar. Si con tu madre ...

Por qué ese conflicto aparece también en otros sitios

Uno de los patrones más documentados en psicología es que las dinámicas que aprendemos en nuestra relación más primaria —la materna— tienden a reproducirse en otros vínculos. No siempre de forma idéntica, pero sí con una lógica similar. Si con tu madre sientes que nunca es suficiente lo que haces, es probable que esa misma sensación aparezca en tu relación de pareja, con tu jefa o con amigas cercanas. Si el conflicto habitual es la falta de reconocimiento, ese patrón suele repetirse.

No se trata de hacer a tu madre responsable de todo lo que no funciona en tu vida adulta. Se trata de reconocer que ciertos aprendizajes emocionales tempranos se instalan de forma automática y que, hasta que no se hacen conscientes, se repiten sin que te des cuenta. Lo que te irrita de ella, lo que te duele, lo que nunca termina de resolverse: todo eso contiene información útil sobre ti, sobre lo que necesitas y sobre cómo te relacionas cuando algo te importa de verdad.

Qué hacer con esa información

El primer movimiento útil no es intentar cambiar la relación, sino observarla con algo más de distancia. Preguntarte qué patrón concreto se repite, en qué momentos aparece la tensión y qué emoción predomina en ti cuando ocurre. No como ejercicio de autoanálisis interminable, sino como punto de partida para entender algo que probablemente llevas años sintiendo sin haberlo podido nombrar del todo.

A partir de ahí, hay dos direcciones posibles. La primera es trabajar esa dinámica directamente en la relación con tu madre, con conversaciones honestas o con ayuda profesional si la situación lo requiere. La segunda, que no excluye a la primera, es identificar cómo ese patrón aparece en otros vínculos y empezar a gestionarlo de forma diferente ahí, donde quizás tienes más margen de maniobra.

Lo que no suele funcionar es seguir reaccionando de forma automática esperando que el resultado cambie. El conflicto con tu madre no tiene por qué resolverse del todo para que deje de ocupar tanto espacio. A veces basta con entenderlo un poco mejor para que pierda parte de su peso.



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