Después de una comilona en familia, de un día duro en el trabajo o una jornada llena de quehaceres, es normal sentirse cansada, notar cómo nos pesan las piernas y el cansancio se apodera de nosotras. Tenemos unas ganas inmensas de coger el sofá y de no soltarlo durante unas ...
Después de una comilona en familia, de un día duro en el trabajo o una jornada llena de quehaceres, es normal sentirse cansada, notar cómo nos pesan las piernas y el cansancio se apodera de nosotras. Tenemos unas ganas inmensas de coger el sofá y de no soltarlo durante unas horas para recuperar la energía perdida, estar relajadas y descansar durante un rato. Una vez que la mente queda en blanco, los ojos se nos cierran y comenzamos a sumergirnos en un estado de adormecimiento. Aunque solo sea por unos minutos, es suficiente para poder afrontar lo que queda de día. También puede ocurrir que nos dejemos llevar por ese estado de calma plena y nos pasemos de vueltas con la siesta, sintiéndonos al despertarnos más aturdidas y cansadas de lo que estábamos.
Un estudio llevado a cabo por los investigadores del Mass General Brigham y el Rush University Medical Center en Estados Unidos, en el que participaron 1.338 adultos de 56 años en adelante (de los cuales 926 fallecieron durante el desarrollo del informe), ha comprobado cómo prolongar la duración de la siesta, sea matutina o diurna, puede estar relacionada con una mayor tasa de mortalidad. Para evaluar los resultados del informe, los usuarios tenían que llevar puesto consigo un dispositivo de monitorización de su actividad y sus patrones de sueño durante más de una semana. De este modo, aquellos que elegían "la siesta matutina tenían un mayor riesgo de mortalidad en comparación con los que lo hacían a primera hora de la tarde", expone el informe.
Otros de los datos expuestos en el informe publicado `JAMA Network Open' apunta que "entre el 20 % y el 60 % de los adultos mayores toman siestas durante el día. Si bien las siestas breves pueden aliviar de inmediato la fatiga y mejorar el estado de alerta el exceso de siestas en la vejez se ha relacionado con resultados adversos para la salud, incluyendo neurodegeneración, enfermedades cardiovasculares e incluso una mayor morbilidad". Asimismo, "en una cohorte de mujeres mayores, aquellas que informaron tomar siestas diariamente tuvieron un riesgo de mortalidad un 44 % mayor durante 7 años en comparación con las que no tomaban siestas".
De este modo, observaron cómo las siestas que se realizaban por la mañana podrían dar lugar a "una somnolencia pronunciada o una alteración del ritmo circadiano", mientras que aquellas que se reservaban para después de comer podían "coincidir con una disminución natural del estado de alerta", explicaron. En un estudio previo, los profesionales mostraron cómo "la variabilidad en la duración de la siesta se asoció con una mayor patología de la enfermedad de Alzheimer al momento de la muerte. Por lo tanto, el momento y la variabilidad en relación con la mortalidad son aspectos cruciales de los comportamientos de siesta que deben investigarse", manifestaron.
Atendiendo a los datos obtenidos, los investigadores comunicaron que "las vías cardiovasculares son un posible mecanismo que vincula las siestas excesivas con la mortalidad. La alteración del sueño y la desalineación circadiana, que pueden manifestarse como siestas excesivas, pueden provocar un aumento de la presión arterial, una función endotelial atenuada y una mayor activación simpática. Estos cambios en la función autonómica y el sistema vascular pueden crear un estado proinflamatorio y proaterogénico que eleva el riesgo de eventos fatales". En algunos de los casos la práctica de tomarse una siesta viene dada porque "muchas afecciones crónicas pueden causar fatiga y somnolencia excesiva, lo que lleva a tomar siestas como mecanismo de afrontamiento, incluyendo enfermedades crónicas de las vías respiratorias inferiores, dolor crónico, diabetes, afecciones cardiovasculares, síndrome metabólico, trastornos del estado de ánimo y neurodegeneración", tal y como informaron los expertos.
Tras realizar esta investigación, los profesionales esperan que estos hallazgos sirvan como ventana para continuar explorando y como medida de prevención ante posibles enfermedades, ya que, según exponen: "con el creciente uso de dispositivos portátiles de seguimiento del sueño, existe la oportunidad de monitorear objetivamente los patrones de siesta a gran escala. La integración de mediciones de siestas basadas en dispositivos portátiles en la atención rutinaria o en los registros electrónicos de salud podría permitir a los médicos identificar a los adultos mayores con una alta carga de sueño diurno e iniciar evaluaciones oportunas o intervenciones preventivas".
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