Cero horas hasta los 6 años: médicos y psicólogos alertan de los "graves daños" que causa la hiperconexión a pantallas y redes

María Robert

El uso de pantallas en la infancia ha dejado de ser un debate educativo para convertirse en una cuestión de salud pública

12/05/2026

Es una escena que se ha vuelto cotidiana: un niño absorto en la pantalla mientras sus padres comen en un restaurante, viajan en cualquier transporte o hacen las tareas del hogar. Es una solución casi mágica, el pequeño se queda en absoluto silencio y tranquilidad durante el rato que tiene ...

Es una escena que se ha vuelto cotidiana: un niño absorto en la pantalla mientras sus padres comen en un restaurante, viajan en cualquier transporte o hacen las tareas del hogar. Es una solución casi mágica, el pequeño se queda en absoluto silencio y tranquilidad durante el rato que tiene el dispositivo en sus manos. Esto es un gesto normalizado hoy en día, sin embargo, la comunidad científica cada vez lo cuestiona con más firmeza. 

Neurólogos, psicólogos, psiquiatras y pediatras han lanzado una clara advertencia: si no se toman medidas urgentes, la hiperconexión a pantallas y redes está generando graves daños en la salud física y mental de todos, especialmente los niños y los jóvenes. Así se expone en un documento titulado 'Protección de niños, niñas y adolescentes en entornos digitales', coordinado por la Plataforma Control Z, y firmado, entre otras, por la Asociación Española de Pediatría (AEP), la Sociedad Española de Neurología (SEN), la Asociación Española de Psiquiatría de la Infancia y la Adolescencia (AEPNYA) o el Consejo General de la Psicología de España (COP).

Por esa razón, los especialistas recomiendan evitar por completo la exposición a pantallas en los primeros años de vida, idealmente hasta los seis años. No se trata de una opinión aislada, sino de un consenso respaldado por asociaciones médicas y expertos en desarrollo infantil. 

Una cuestión de salud, no solo de educación

El uso de pantallas en la infancia ha dejado de ser un debate educativo para convertirse en una cuestión de salud pública. Durante los primeros años de vida, el cerebro infantil atraviesa una fase crítica de desarrollo en la que se construyen funciones clave como el lenguaje, la atención o la regulación emocional. Tal y como advierten los especialistas citados en el documento, el cerebro necesita interacción humana real (tales como miradas, gestos, juego físico) para desarrollarse de forma adecuada. Las pantallas, en cambio, ofrecen estímulos artificiales que no sustituyen esas experiencias.

En esta línea, la Asociación Española de Pediatría (AEP) subraya en las nuevas recomendaciones sobre pantallas en infancia y adolescencia que publicó el año pasado  que la sobreexposición digital en edades tempranas se asocia con problemas de sueño, dificultades en el desarrollo del lenguaje, menor actividad física y alteraciones en la atención.

¿Por qué "cero pantallas"?

La recomendación de "cero horas" puede parecer extrema en un entorno hiperconectado. Sin embargo, los expertos coinciden en que, antes de los seis años, no existe un nivel de exposición completamente seguro. La Asociación Española de Pediatría insiste en que el uso de dispositivos debe evitarse en esta etapa, salvo situaciones muy puntuales y siempre con acompañamiento adulto. El problema no es solo el contenido, sino el tipo de estímulo: rápido, intenso y cambiante, muy diferente al ritmo del mundo real.

Este tipo de estimulación puede dificultar el desarrollo de la concentración y la tolerancia a la frustración, dos habilidades fundamentales en la infancia.

Más allá de sus efectos directos, las pantallas tienen un impacto indirecto igual de relevante, pues sustituyen actividades esenciales para el desarrollo. Cada minuto frente a una tablet o un móvil es tiempo que no se dedica al juego libre, al movimiento o a la interacción social. Y estos elementos son insustituibles.  

El impacto en el sueño, la conducta y las emociones

Asimismo, los especialistas alertan de que los efectos de la exposición temprana a pantallas no siempre son inmediatos, pero sí acumulativos. Diferentes estudios y guías clínicas coinciden en señalar varios ámbitos que se ven afectados. 

Por un lado, el sueño. La luz azul de los dispositivos interfiere en la producción de melatonina, la hormona que regula los ciclos de descanso. Por otro, la conducta. En este sentido, se ha observado una mayor irritabilidad y dificultad para gestionar emociones en niños con alto consumo de pantallas.

De igual manera, la AEP apunta a una relación entre el uso excesivo de dispositivos y problemas de atención, impulsividad e incluso sedentarismo, con el consiguiente impacto en la salud física.

Después de los seis años, límites claros

A partir de los seis años, las recomendaciones se vuelven más flexibles, pero no desaparecen. El uso de pantallas debe ser limitado, supervisado y con normas claras. Según los expertos se aconseja no superar una hora diaria entre los 6 y los 12 años, y hasta dos horas en la adolescencia. Pero también insisten en un matiz esencial. Y es que no se trata solo de cuánto tiempo, sino de cómo se utiliza. El contenido, el contexto y la compañía marcan la diferencia entre un uso pasivo y uno más enriquecedor.

En este escenario, el entorno familiar juega un papel decisivo. Los niños no solo aprenden a través de normas, sino también por imitación. Por eso, los especialistas hacen hincapié en la importancia del ejemplo adulto. La sociedad científica que aglutina a los pediatras españoles aconseja establecer espacios libres de pantallas, como las comidas o la hora de dormir, y fomentar alternativas como la lectura, el juego o la actividad al aire libre. Pequeños hábitos pueden generar grandes cambios en el desarrollo infantil.

¿Es viable en la vida real?

Para muchas mujeres, especialmente aquellas que concilian trabajo, crianza y vida personal, la recomendación de eliminar las pantallas puede parecer difícil de aplicar. Y es cierto: los dispositivos se han convertido en una herramienta habitual para gestionar tiempos y rutinas.

Sin embargo, los expertos insisten en que no se trata de generar culpa, sino de tomar decisiones informadas. Retrasar la introducción de pantallas, reducir su uso progresivamente o evitar momentos clave (como antes de dormir) son pasos accesibles que pueden marcar una diferencia significativa.


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