Claves para frenar la alopecia femenina a partir de los 40 

María Robert 

Durante la menopausia disminuyen los estrógenos, que son las hormonas que ayudan a mantener el cabello fuerte y, además, aumenta la sensibilidad del folículo a las hormonas androgénicas, como la testosterona  

13/05/2026

La alopecia femenina es todavía uno de los grandes tabúes, a pesar de que la a pérdida de cabello en mujeres es un motivo de consulta cada vez más frecuente en dermatología, especialmente a partir de los 40 años. Para muchas, hay un momento en el que el pelo cambia, ...

La alopecia femenina es todavía uno de los grandes tabúes, a pesar de que la a pérdida de cabello en mujeres es un motivo de consulta cada vez más frecuente en dermatología, especialmente a partir de los 40 años. Para muchas, hay un momento en el que el pelo cambia, pierde densidad y cae más de lo habitual. Es común atribuir esto al estrés, al cambio de estación o incluso a la edad. Por ello, sigue siendo un tema del que se habla poco y, en muchos casos, se normaliza sin buscar soluciones.

Dermatólogas del Hospital Universitario Vithas Madrid La Milagrosa explican que existen diferentes tipos de alopecia femenina, con causas y pronósticos distintos, por lo que el diagnóstico precoz es clave para frenar la progresión y mejorar los resultados, ya que algunas son irreversibles. "No toda la caída del cabello es igual, por lo que un diagnóstico precoz puede marcar la diferencia entre una alopecia reversible y una pérdida capilar permanente", recalca la doctora Marta Andreu, jefa del servicio de Dermatología del Hospital Universitario Vithas Madrid La Milagrosa. "El primer paso siempre es identificar el tipo de alopecia, porque no todas tienen el mismo origen ni requieren el mismo tratamiento, por lo que es muy importante no normalizar la pérdida de pelo y acudir a consulta", incide la dermatóloga.

El papel de las hormonas

En este sentido, la experta señala que en consulta principalmente se ven cuatro tipos de alopecia en mujeres y que la principal diferencia reside en el patrón de caída, la evolución y, sobre todo, en si el folículo se conserva o se destruye. "La alopecia femenina más frecuente es la androgénica, que suele iniciarse a partir de los 40 años y tras la menopausia, cuando los cambios hormonales favorecen la miniaturización progresiva del cabello", señala. Este tipo de alopecia, predominante en mujeres con menopausia, combina la predisposición genética y la sensibilidad hormonal: "Durante la menopausia disminuyen los estrógenos, que son las hormonas que ayudan a mantener el cabello fuerte y, además, aumenta la sensibilidad del folículo a las hormonas androgénicas, como la testosterona".

Todo ello, provoca una pérdida progresiva de densidad, especialmente en la zona central del cuero cabelludo, con un afinamiento progresivo del cabello. Por ese motivo, las opciones de tratamiento se centran en mejorar la densidad y frenar la progresión, siempre desde un enfoque individualizado que tiene en cuenta la edad, el estado hormonal y las posibles contraindicaciones. Entre las principales soluciones destacan los tratamientos tópicos y orales que estimulan el crecimiento del cabello y fortalecen el folículo, antiandrógenos en pacientes seleccionadas y tratamientos complementarios como mesoterapia con dutasterida.

Se puede revertir 

La buena noticia es que, lejos de lo que muchas mujeres creen, sí existen opciones eficaces. El abordaje actual no busca milagros, sino resultados realistas: mejorar la densidad, fortalecer el cabello y, sobre todo, frenar la progresión.

Los resultados y las mejoras suelen empezar a observarse a partir de los cuatro meses y la constancia en el tratamiento y seguimiento son fundamentales para optimizar los resultados. Sin embargo, el objetivo prioritario siempre es estabilizar la enfermedad, por lo que es muy importante detectarla a tiempo. 

Así pues, Andreu recalca la importancia de consultar con un especialista ante los primeros signos de pérdida de densidad, caída intensa y repentina, la aparición de placas sin cabello, retroceso de la línea frontal, pérdida de cejas o picor, ardor o dolor en el cuero cabelludo.

Más allá del tratamiento: el enfoque integral

Aunque el componente hormonal es determinante, no es el único factor. Como en muchos aspectos del cuerpo, el estilo de vida también influye en la salud capilar. Alimentación, niveles de estrés, descanso o incluso ciertos déficits nutricionales pueden agravar la caída. De hecho, algunos expertos señalan que una dieta equilibrada favorece la salud del folículo y puede complementar el tratamiento médico 

Además, la menopausia es una etapa de transformación global en el cuerpo femenino. Cambios en la piel, en el metabolismo o en el bienestar emocional pueden estar interrelacionados.

Es por eso que la clave es apostar por un abordaje integral que tenga en cuenta el conjunto, no solo el síntoma.

¿Qué señales no deberías ignorar? 

Hay ciertos signos de alarma que avisan de que la caída no es puntual, tales como la pérdida progresiva de densidad, el afinamiento del cabello, la caída intensa o repentina, la aparición de zonas más claras o visibles, o picor, dolor o molestias en el cuero cabelludo Ante cualquiera de ellos, la recomendación es clara: consultar con el especialista.

No en vano, más allá de lo físico, la alopecia femenina tiene un componente emocional importante y la pérdida de cabello puede generar inseguridad y ansiedad por lo que supone para la imagen personal.  Sin embargo, a diferencia de otras cuestiones relacionadas con la menopausia, este tema sigue siendo más silencioso.


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