No, las relaciones por redes sociales (de cualquier tipo) no te harán sentir menos sola 

María Robert

De hecho, un estudio estadounidense recién publicado vincula las conexiones con desconocidos online con una mayor soledad en los adultos 

28/05/2026

Nunca antes había sido tan fácil hablar con alguien y estar conectados. Un WhatsApp, un mensaje privado por Instagram, una llamada o un audio bastan para comunicarse con quien queramos a lo largo del día. Y, sin embargo, mientras las redes sociales prometen conexión permanente, la sensación de soledad sigue ...

Nunca antes había sido tan fácil hablar con alguien y estar conectados. Un WhatsApp, un mensaje privado por Instagram, una llamada o un audio bastan para comunicarse con quien queramos a lo largo del día. Y, sin embargo, mientras las redes sociales prometen conexión permanente, la sensación de soledad sigue creciendo en buena parte del mundo occidental.

Esta paradoja lleva años preocupando a los expertos. Y es por eso que un nuevo estudio de la Oregon State University (Estados Unidos) pone el foco sobre una idea un tanto incómoda: tener más conexiones online no reduce necesariamente la soledad. De hecho, según los investigadores, relacionarse en redes sociales con personas a las que nunca se ha conocido en persona puede incluso aumentar ese sentimiento. 

La investigación, publicada en Public Health Reports, analizó una muestra de más de 1.500 adultos estadounidenses de entre 30 y 70 años, una franja de edad menos estudiada que adolescentes y jóvenes, pero especialmente relevante desde el punto de vista de la salud pública porque está muy expuesta a las redes sociales y muchos de los efectos negativos de la soledad en la salud se agravan con el avance de la edad adulta. 

Los resultados fueron llamativos, dado que las personas con más interacciones digitales con desconocidos tenían más del doble de probabilidades de sentirse solas que aquellas cuyos contactos online estaban formados principalmente por personas conocidas fuera de internet. 

Asimismo, los hallazgos revelan una realidad todavía más inesperada: ni siquiera si ese contacto digital es con amigos cercanos se reduce significativamente la sensación de soledad. 

En concreto, los resultados sugieren que "las personas que experimentan soledad deberían examinar críticamente sus interacciones con desconocidos en las redes sociales y priorizar las conexiones en persona sobre las de las redes sociales, incluso cuando estas últimas se consideren cercanas", afirma Brian Primack, líder del estudio.

El problema no es la cantidad de interacción

Durante mucho tiempo, el debate sobre redes sociales y salud mental se centró en el tiempo de uso: cuántas horas pasamos mirando el móvil o navegando entre plataformas. Ahora bien, cada vez más investigaciones apuntan a que la cuestión importante no rece únicamente en cuánto usamos las redes, sino cómo y con quién interactuamos

Los investigadores de Oregon State University creen que una de las claves está en la naturaleza de las relaciones digitales. Las interacciones con desconocidos o con personas que solo existen dentro del entorno online pueden favorecer comparaciones irreales, idealización de otras vidas y una sensación constante de estar observando conexiones ajenas aparentemente más satisfactorias que las propias. Y pese a ello, muchas personas de todas las edades recurren a las redes sociales precisamente para combatir un aislamiento que los ahoga. Pero la experiencia emocional, advierte el estudio, puede ser distinta a la sensación de vínculo real.

Tanto es así que la diferencia entre estar conectado y sentirse acompañado se ha convertido en uno de los grandes debates contemporáneos sobre salud mental.

Una epidemia silenciosa

La preocupación no es menor. En los últimos años, organismos sanitarios internacionales han advertido sobre el crecimiento de la soledad como problema de salud pública. El propio ex cirujano general de Estados Unidos, Vivek Murthy, llegó a describir la situación como una "epidemia de soledad" en un informe antes del covid-19. 

En efecto, esta pandemia silente va más allá del bienestar emocional. No en vano, la evidencia científica relaciona la soledad crónica con un mayor riesgo de depresión, ansiedad, enfermedades cardiovasculares, deterioro cognitivo y alteraciones del sueño. Algunos estudios incluso comparan su impacto sobre la salud con factores como el tabaquismo o el sedentarismo.  

Ni tan malas ni tan perjudiciales 

Entonces, ¿las redes sociales son el demonio como las pintan? La respuesta es más compleja. Otras investigaciones ponen sobre la mesa que internet también puede ofrecer apoyo emocional, especialmente a personas aisladas geográficamente, con enfermedades crónicas, ansiedad social o situaciones personales difíciles. Bien utilizadas las comunidades digitales pueden convertirse en espacios de pertenencia muy valiosos. 

El problema surge cuando las relaciones digitales sustituyen de forma sistemática al contacto presencial. O cuando la interacción online se convierte en una experiencia basada más en observar que en participar. 

Por eso, los especialistas insisten cada vez más en recuperar la calidad de los vínculos por encima de la cantidad de los contactos. No se trata necesariamente de abandonar las redes sociales, sino de utilizarlas como complemento y no como reemplazo de las relaciones de toda la vida. Ni siquiera la Inteligencia Artificial puede sustituir el contacto físico, la presencia directa, el lenguaje no verbal y la sensación de sentirse visto.


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