Esta es la frase que más aleja a los adolescentes de sus padres

Ángela Zorrilla

Hay familias donde el silencio llega poco a poco. Primero aparecen las respuestas cortas, después las conversaciones se vuelven superficiales y, casi sin darse cuenta, muchos padres sienten que ya no saben realmente qué ocurre en la vida de sus hijos adolescentes.

21/05/2026

Detrás de ese distanciamiento no siempre hay rebeldía, mala relación o falta de interés. A veces el problema está en cómo se comunica la familia en el día a día. Roberto Antón, psicoterapeuta familiar por FEATF y presidente de la Asociación de Terapia Familiar y de Mediación de Galicia, asegura que muchas ...

Detrás de ese distanciamiento no siempre hay rebeldía, mala relación o falta de interés. A veces el problema está en cómo se comunica la familia en el día a día. Roberto Antón, psicoterapeuta familiar por FEATF y presidente de la Asociación de Terapia Familiar y de Mediación de Galicia, asegura que muchas conversaciones entre padres e hijos terminan girando alrededor de los conflictos cotidianos.

"Los estudios, las pantallas, el orden de la habitación, los horarios o las responsabilidades acaban ocupando casi toda la comunicación familiar", explica. Aunque reconoce que son cuestiones importantes, advierte de que el problema aparece cuando cada conversación termina convertida en una corrección, una advertencia o una discusión.

"El adolescente puede empezar a sentir que solo se le habla para señalar lo que hace mal", señala. Y cuando eso ocurre, el distanciamiento emocional suele aparecer rápidamente. Muchos jóvenes dejan entonces de compartir preocupaciones, emociones o aspectos importantes de su vida no porque no necesiten a sus padres, sino porque sienten que no van a ser escuchados sin juicio.

Según el especialista, uno de los errores más habituales es pensar que repetir constantemente un mensaje aumentará su efecto. "Muchos padres insisten una y otra vez sobre lo mismo creyendo que así conseguirán cambios, pero en las relaciones familiares no funciona la lógica de `a más dosis, más efecto'", explica.

De hecho, ocurre justo lo contrario. Cuanto más insisten los adultos, más se desconecta el adolescente. Y cuanto más se desconecta, más presión sienten los padres para seguir insistiendo. Así se crea un círculo vicioso que desgasta la relación y enfría el diálogo dentro de casa.

Ha dejado de contarme cosas

Otro de los errores más frecuentes aparece en los momentos aparentemente pequeños. "A veces un adolescente se acerca para contar algo y el adulto aprovecha inmediatamente para introducir una crítica o un reproche", señala Roberto Antón. El resultado es que el joven aprende rápidamente que abrirse emocionalmente puede acabar siendo incómodo y deja de hacerlo.

Por eso, recuperar la comunicación no pasa necesariamente por grandes conversaciones ni interrogatorios constantes. El especialista insiste en que el vínculo suele reconstruirse precisamente en los momentos más cotidianos.

"Es importante mostrar interés genuino por su mundo, aunque no coincida con los gustos o valores de los adultos", explica. La música que escuchan, las series que ven, sus amistades, sus opiniones o incluso pequeños comentarios del día pueden convertirse en oportunidades valiosas para recuperar la confianza.

Muchas veces esos acercamientos ocurren en momentos inesperados: durante un trayecto en coche, antes de dormir, mientras comen algo o al comentar una anécdota aparentemente sin importancia. "Si en ese momento los padres escuchan sin convertirlo inmediatamente en una lección, es mucho más probable que el adolescente vuelva a acercarse", afirma.

El psicoterapeuta también recuerda que la adolescencia implica necesariamente una búsqueda de autonomía. Necesitan espacio, privacidad y cierta independencia emocional. Y aceptar eso no significa desentenderse. "Lo importante no es que los padres lo sepan todo, sino que el adolescente aprenda progresivamente a gestionarse y tenga confianza suficiente para pedir ayuda cuando algo le preocupa o le desborda", explica.

Aun así, existen señales que indican que la familia debe prestar más atención a cómo se está relacionando. Cambios bruscos de comportamiento, aislamiento excesivo, irritabilidad intensa, alteraciones del sueño o de la alimentación, pérdida de interés por actividades habituales o un descenso repentino del rendimiento académico pueden ser señales de alerta importantes.

También conviene estar atentos si existen situaciones de riesgo como acoso escolar, consumo de sustancias, problemas emocionales o conflictos graves con iguales. En esos casos, Roberto Antón recomienda expresar la preocupación desde la calma y no desde el control. "A veces basta con decir: `Te notamos diferente y nos preocupa. No queremos agobiarte, pero queremos que sepas que estamos aquí'", explica.

Porque, en muchas ocasiones, el primer paso para recuperar la comunicación no es conseguir que los hijos lo cuenten todo, sino lograr que vuelvan a sentir que tienen una puerta abierta en casa.

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