El gesto cotidiano que más une a los españoles y combate la soledad

Ángela Zorrilla

En una época marcada por las prisas, las pantallas y las relaciones cada vez más digitales, hay un gesto aparentemente simple que sigue funcionando como uno de los grandes pegamentos emocionales de la vida cotidiana: compartir comida. Los españoles somos disfrutones y más aún cuando hay un buen aperitivo de por medio. ¿O no?

27/05/2026

Un nuevo estudio sitúa a España como el país europeo donde más se asocia el acto de compartir un aperitivo con la conexión emocional y el bienestar. Y no es casualidad. Mientras la soledad no deseada aumenta y cada vez más personas reconocen sentirse aisladas en algún momento de su ...

Un nuevo estudio sitúa a España como el país europeo donde más se asocia el acto de compartir un aperitivo con la conexión emocional y el bienestar. Y no es casualidad. Mientras la soledad no deseada aumenta y cada vez más personas reconocen sentirse aisladas en algún momento de su vida, pequeños rituales cotidianos como quedar para picar algo siguen teniendo un impacto mucho más profundo de lo que parece.

Según el estudio "Compartir aperitivo, conectar personas", elaborado por YouGov para Pringles, casi ocho de cada diez españoles afirman que compartir comida les ayuda a conectar con otras personas, una cifra que sitúa a España por delante de países como Italia, Francia o Alemania.

El dato cobra todavía más relevancia en un contexto donde el 20% de la población española sufre soledad no deseada y siete de cada diez personas reconocen haberla experimentado alguna vez, según el Barómetro de la Soledad No Deseada en España.

La investigación refleja además un cambio importante en los hábitos sociales: muchas personas tienden a relacionarse más de forma online que presencial, algo que ha reducido los espacios espontáneos de encuentro. Precisamente por eso, acciones tan simples como compartir un snack, tomar el aperitivo o quedar para ver una serie adquieren un valor emocional mucho mayor.

El aperitivo es el nuevo refugio emocional

El estudio concluye que compartir snacks tiene efectos directos sobre el bienestar emocional. La mayoría de los participantes asegura que estos momentos ayudan a reducir el estrés y la ansiedad, mejoran el estado de ánimo y refuerzan la sensación de apoyo y compañía.

"El acto de compartir comida genera espacios de conexión con un efecto real sobre cómo nos sentimos", explica María Gómez, psicóloga y divulgadora especializada en bienestar emocional.

Los datos muestran además que los snacks forman parte habitual de la socialización diaria. Cerca del 90% de los españoles consume este tipo de productos y un 82 % considera que compartirlos fortalece las relaciones personales.

Los momentos donde más aparecen suelen estar vinculados al ocio compartido: ver películas o series, viajar, quedar con amigos o disfrutar del aperitivo. De hecho, el aperitivo sigue consolidándose como uno de los rituales sociales más arraigados en España. El 75 % de la población asegura disfrutarlo de manera habitual junto a familia, amigos o pareja.

Más allá del hambre o la costumbre, las motivaciones emocionales tienen un peso enorme. Más de la mitad de los encuestados relaciona compartir comida con muestras de afecto, generosidad y reciprocidad, mientras que otros lo asocian directamente a la celebración, la tradición o la necesidad de reforzar vínculos sociales.

El estudio también refleja diferencias generacionales interesantes. Los Baby Boomers relacionan más estos momentos con la tradición y la unión familiar, mientras que Millennials y Generación X priorizan el componente afectivo y emocional. La Generación Z, por su parte, combina ambas visiones.

Paradójicamente, aunque el 75 % de los españoles reconoce que compartir un simple snack mejora su bienestar emocional, solo el 58 % afirma realizar actividades conscientes para cuidar su salud mental. Una diferencia que revela cómo muchas veces los pequeños hábitos cotidianos tienen más impacto del que se percibe.

En un contexto donde la soledad se ha convertido en uno de los grandes desafíos sociales, el estudio deja una conclusión clara: a veces, las conexiones más importantes no nacen de grandes planes ni de largas conversaciones, sino de algo tan sencillo como sentarse a compartir un aperitivo.

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