La generación cansada de las pantallas: así buscamos ahora amigos "de verdad"

Ángela Zorrilla

Estamos más conectados que nunca, pero también más solos. En plena era de los likes, las videollamadas y los mensajes instantáneos, crece una nueva necesidad: volver a relacionarnos cara a cara. Te contamos cómo. El fenómeno IRL (In Real Life) gana fuerza entre quienes buscan vínculos auténticos lejos del filtro digital. Daniel Martínez Delfa, Global Marketing & Events Manager de WeRoad, analiza por qué conocer gente se ha convertido en un reto… y cómo las experiencias compartidas están redefiniendo la amistad.

30/05/2026

Durante años nos convencimos de que las redes sociales nos acercaban. Que hablar todos los días por WhatsApp, reaccionar a historias o comentar publicaciones era suficiente para mantener una relación viva. Pero algo ha cambiado. La hiperconexión no ha logrado frenar la sensación de soledad y, en paralelo, crece una ...

Durante años nos convencimos de que las redes sociales nos acercaban. Que hablar todos los días por WhatsApp, reaccionar a historias o comentar publicaciones era suficiente para mantener una relación viva. Pero algo ha cambiado. La hiperconexión no ha logrado frenar la sensación de soledad y, en paralelo, crece una nueva tendencia social: recuperar las relaciones "IRL" (In Real Life), es decir, en la vida real.

"En algún punto empezamos a medir la cercanía en número de mensajes, likes o visualizaciones, y no tanto en la calidad del vínculo", reflexiona Daniel Martínez Delfa, Global Marketing & Events Manager de WeRoad.  Para el experto, el problema no es la tecnología en sí, sino haber confundido conexión digital con vínculo emocional. "La parte digital ayuda, mantiene el contacto y hace que la relación no se enfríe. El problema aparece cuando pensamos que con eso ya es suficiente. Porque lo que realmente hace que una relación avance ocurre `In Real Life'", asegura.

La transformación ha cambiado la forma de conocer gente nueva. Lo que antes sucedía de manera espontánea —en el barrio, en un bar o en el trabajo— ahora parece requerir planificación. El auge del teletrabajo, las rutinas más individualizadas y la digitalización de las relaciones han reducido los espacios de interacción casual.

"Antes conocer a alguien era casi automático. Coincidías en los mismos sitios y, sin buscarlo mucho, acababas hablando con gente nueva", explica Martínez Delfa. "Ahora tenemos teletrabajo, planes más cerrados y todo más organizado. Ya no existen tantos espacios donde `pasan cosas' sin haberlas buscado".

A eso se suma el impacto de las aplicaciones y la lógica del consumo rápido aplicada a las relaciones personales. "Nos hemos acostumbrado a filtrar, a elegir rápido, a decidir en segundos si alguien encaja o no", afirma.

Frente a esa dinámica nace una nueva generación de plataformas que buscan utilizar lo digital como puente hacia encuentros reales. Es el caso de WeMeet by WeRoad, una propuesta basada en planes presenciales y experiencias compartidas entre personas con intereses comunes.

"En lugar de quedarte en el chat o en el match, te proponen algo muy simple: planes reales con gente real. Te apuntas a un afterwork, a una cena o a salir a correr… y lo demás pasa allí, en persona", explica. 

Detox digital

El auge del concepto IRL no parece una moda pasajera, sino una reacción más profunda al agotamiento digital. Después de años trasladando casi toda la vida social a las pantallas, cada vez más personas sienten que algo esencial se pierde por el camino.

"Hemos llegado a un punto de saturación donde estar conectados ya no nos llena igual", señala Martínez Delfa. Según explica, también influye la creciente desconfianza hacia lo que ocurre online. "Todo está muy filtrado y editado. En cambio, cuando estás cara a cara, hay algo que no se puede fingir: cómo te mira alguien, cómo fluye la conversación o la energía que se genera".

Paradójicamente, en una sociedad hiperconectada, la soledad se ha convertido en uno de los grandes desafíos emocionales de esta generación. Y eso está redefiniendo incluso el valor que damos a la amistad.

En paralelo al networking profesional, empieza a hablarse de la llamada "economía de la amistad": relaciones que surgen a través de comunidades, eventos y experiencias compartidas. Aunque algunos ven cierto riesgo de instrumentalizar los vínculos, Martínez Delfa cree que también refleja un cambio positivo.

"Ahora somos más conscientes de que, si no lo buscamos, no pasa. Y eso hace que cuidemos más las relaciones", explica. "La clave está en desde dónde lo haces. Si lo conviertes en un cálculo, se enfría. Si lo entiendes como abrir espacios para compartir tiempo con otros, entonces no es instrumentalizar, es facilitar que ocurran cosas".

La gran paradoja es que muchas de estas conexiones nacen precisamente gracias a la tecnología. Pero, según el experto, ahí no existe contradicción, sino una evolución natural del uso digital. "Usar la tecnología para volver a lo físico puede parecer contradictorio, pero depende de para qué la uses", afirma.

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