El auge de los viajes "soft": por qué las escapadas sin checklist ganan cada vez más adeptos

María Robert

Los usuarios se decantan por destinos rurales y menos masificados, un cambio de tendencia que refleja el deseo de viajar de manera consciente para disfrutar, y no para demostrar de cara a la galería cuánto se ha hecho  

04/06/2026

En plena era de la hiperconexión y lo inmediato, viajar (también) parece haberse convertido en una competición de postureo. Hay que ver lo máximo posible, pero sobre todo, retratarlo para que en redes sociales quede constancia de que se ha tachado de la lista tal o cual sitio. Comidas `aesthetic', ...

En plena era de la hiperconexión y lo inmediato, viajar (también) parece haberse convertido en una competición de postureo. Hay que ver lo máximo posible, pero sobre todo, retratarlo para que en redes sociales quede constancia de que se ha tachado de la lista tal o cual sitio. Comidas `aesthetic', patrimonio histórico recorrido deprisa y móvil en mano, tours maratonianos de un día que abarcan mucho y permiten detenerse poco. En definitiva, vacaciones que se tornan en itinerarios de alto rendimiento. 

Pero algo está cambiando frente al turismo frenético de los últimos años. Empieza a ganar terreno otra manera de viajar más lenta y más emocional. Llámese `slow travel' o `viajes soft', la filosofía es la misma: viajar de manera consciente para disfrutar y no para demostrar cuánto se ha hecho. Y quizá el auge de esta tendencia diga mucho más sobre el agotamiento colectivo que cargamos de lo que parece.

Del "aprovechar el viaje" al deseo de descansar de verdad

Durante años, hemos interiorizado la idea de que aprovechar bien un viaje significa optimizar el tiempo. Visitar cinco ciudades en siete días. Levantarse temprano para `aprovechar'. Encadenar planes sin descanso, da igual cuán agotados nos sintamos al volver al hotel. Sin embargo, como un gesto de rebeldía contra la sensación permanente de ir deprisa en todos los ámbitos de la vida, cada vez más personas se empiezan a cuestionar también esa forma de viajar.

Según el informe de tendencias de Booking para 2026, cada vez más viajeros priorizan experiencias centradas en el bienestar, el descanso y la desconexión emocional frente al turismo intensivo. La plataforma detecta un crecimiento del interés por destinos tranquilos, naturaleza y viajes orientados a "sentirse mejor", no solo a consumir experiencias.  

La tendencia también aparece en informes de Pinterest Predicts, donde búsquedas relacionadas con viajes lentos, escapadas rurales y vacaciones relajadas han aumentado especialmente entre mujeres millennials y generación Z.

Escapadas sin checklist y pueblos pequeños versus ciudades masificadas 

Una de las muestras más claras de este cambio es el rechazo creciente al itinerario imposible. Ya no todo el mundo quiere levantarse a las seis de la mañana para hacer cola frente a un monumento o recorrer una ciudad entera en 48 horas. Es más, muchos visitantes empiezan a buscar justo lo contrario, es decir, fluir sin estar pendientes constantemente del reloj. Perderse caminando, improvisar, sentarse en una terraza a tomar un café a media mañana... El lujo ya no es únicamente un alojamiento cinco estrellas, a veces es simplemente no tener prisa como si tuvieras que fichar en el trabajo.

Y en consecuencia, esas preferencias están transformando también los destinos favoritos. Mientras ciudades como Venecia, París o Barcelona parecen desbordadas debido a la saturación turística, muchas personas empiezan a elegir para sus vacaciones lugares más pequeños, silenciosos y manejables, como pueblos costeros fuera de temporada, casas rurales, o ciudades medianas donde todavía es posible caminar despacio y encontrar espacios sin colas.

El fenómeno responde también a un agotamiento visual y emocional. Después de años viendo los mismos destinos repetidos en redes sociales, se buscan experiencias menos performativas y más íntimas.  Así, según datos de Airbnb, las búsquedas de destinos rurales y menos masificados han crecido de forma constante en los últimos años, especialmente entre quienes priorizan estancias largas o viajes centrados en naturaleza y bienestar.  

El cansancio de convertir la vida en contenido

Las redes sociales también han cambiado profundamente nuestra relación con los viajes. Durante mucho tiempo, viajar estuvo ligado a cierta exhibición aspiracional: restaurantes fotogénicos, hoteles perfectos, rutas milimétricamente planificadas. O dicho de otro modo, si no se comparte, no existe. 

Pero también hay cierta rebelión ante esta tendencia. Cada vez más personas hablan de la presión de documentarlo todo y de la dificultad de disfrutar realmente cuando cada experiencia parece pensada para ser publicada. En TikTok y Reddit proliferan incluso vídeos y debates sobre el deseo de volver a viajar "offline": menos fotos, menos recomendaciones virales y menos necesidad de validar la experiencia a través de otros.

En un contexto de fatiga crónica general, el viaje para muchos empieza de nuevo a volver al origen, funcionando casi como una herramienta de regulación emocional. Por eso triunfan los hoteles wellness, las escapadas de silencio, los retiros suaves o los destinos que van más de sentir y no tanto de ver. 

Igual el auge de los viajes "soft" deja una lectura todavía más importante: que estamos empezando a cansarnos de vivir hasta las vacaciones desde la auto imposición de ser productivos. 

 

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