Van al médico, les hacen una analítica, todo sale normal, y se van a casa con la sensación de que están exagerando. Lo que nadie les ha explicado es que probablemente están en perimenopausia, una etapa que puede empezar mucho antes de lo que se cree y que en esvivir.com ...
Van al médico, les hacen una analítica, todo sale normal, y se van a casa con la sensación de que están exagerando. Lo que nadie les ha explicado es que probablemente están en perimenopausia, una etapa que puede empezar mucho antes de lo que se cree y que en esvivir.com creemos que merece una conversación seria y clara.
La perimenopausia es la etapa de transición hacia la menopausia, durante la cual los ovarios empiezan a producir estrógenos de forma irregular y progresivamente menor. No es la menopausia en sí, que técnicamente se define como el momento en que se lleva un año completo sin menstruación. La perimenopausia es todo lo que ocurre antes, y puede durar entre cuatro y diez años. Esto significa que una mujer puede estar en perimenopausia desde los 38 o 40 años, mucho antes de que nadie le hable de hormonas o cambios de etapa.
El problema es que los síntomas de la perimenopausia son tan variados y a veces tan inesperados que rara vez se relacionan de forma automática con las hormonas. Se confunden con estrés, con ansiedad, con falta de sueño o simplemente con el ritmo de vida. Y mientras tanto, la mujer intenta resolver cada síntoma por separado sin entender que todos pueden tener el mismo origen.
Los sofocos y las irregularidades menstruales son los síntomas más conocidos, pero están lejos de ser los únicos. Hay una lista mucho más amplia que conviene conocer:
Alteraciones del sueño: dificultad para conciliar el sueño, despertares nocturnos frecuentes o sensación de no descansar aunque se hayan dormido las horas necesarias.
Cambios de humor: irritabilidad, tristeza sin causa aparente, ansiedad o una sensación de estar más al límite emocionalmente de lo habitual.
Niebla mental: dificultad para concentrarse, olvidos más frecuentes o sensación de que el cerebro no responde con la misma agilidad de antes.
Cambios en el ciclo: menstruaciones más cortas, más largas, más abundantes o más espaciadas. El ciclo puede volverse impredecible después de años siendo regular.
Sequedad vaginal e incomodidad en las relaciones sexuales, que muchas mujeres no mencionan al médico porque no lo asocian con nada hormonal.
Palpitaciones, especialmente en momentos de calor o estrés, que a veces generan alarma innecesaria.
Cambios en la piel y el cabello: piel más seca, cabello con menos densidad o caída más notable de lo habitual.
Aumento de peso localizado, especialmente en la zona abdominal, aunque no hayan cambiado los hábitos alimentarios.
No hace falta tenerlos todos para estar en perimenopausia, y no tienen por qué aparecer todos a la vez. A veces es uno solo, persistente, que no encuentra explicación en ninguna otra causa.
Una de las quejas más frecuentes de las mujeres en esta etapa es que cuando acuden al médico con estos síntomas, la conversación no llega a la perimenopausia. Se les hace una analítica general, los resultados salen dentro de la normalidad y se concluye que están bien. El problema es que los niveles hormonales en perimenopausia fluctúan mucho, y una analítica en un momento concreto puede no reflejar lo que está pasando realmente.
Estos son los puntos concretos que conviene plantear en la consulta:
Pedir que se valore el contexto clínico completo, no solo los valores analíticos. Los síntomas tienen tanto peso diagnóstico como los números.
Solicitar una analítica hormonal específica que incluya FSH, estradiol y, si hay síntomas de tiroides, TSH. La FSH elevada es uno de los indicadores de que los ovarios están empezando a cambiar su funcionamiento.
Llevar un registro previo de síntomas: cuándo aparecen, con qué frecuencia, si coinciden con alguna fase del ciclo. Llegar con información organizada facilita mucho la consulta.
Preguntar explícitamente por la perimenopausia si hay sospechas. No es una pregunta extraña ni alarmista, es una pregunta pertinente para cualquier mujer a partir de los 38 o 40 años con síntomas difusos.
La perimenopausia no es una enfermedad ni el inicio de un declive. Es una etapa fisiológica con la que se puede convivir bien si se identifica a tiempo y se aborda con información. Lo que marca la diferencia no es la etapa en sí, sino saber lo que está pasando para poder tomar decisiones con criterio, sin esperar años a que alguien lo nombre por su nombre.