Sal a tocar césped: la ciencia prescribe naturaleza como receta para el bienestar mental 

María Robert

Un importante estudio británico ha descubierto que el contacto con la naturaleza está relacionado con mayores niveles de satisfacción vital 

11/06/2026

El 59% de la población en España sufre estrés y hasta un 23% padece ansiedad. Ambos constituyen los problemas de salud mental más prevalentes, con un crecimiento sostenido en los últimos años que no parece haber tocado techo. Tanto es así que ya se les suele denominar "la epidemia de ...

El 59% de la población en España sufre estrés y hasta un 23% padece ansiedad. Ambos constituyen los problemas de salud mental más prevalentes, con un crecimiento sostenido en los últimos años que no parece haber tocado techo. Tanto es así que ya se les suele denominar "la epidemia de salud del siglo XXI". En una época en la que intentar llegar a todo (incluyendo a fin de mes) se ha convertido en una auténtica odisea, y resulta casi imposible escapar del bucle de la hiperconexión, algo tan simple como estrechar vínculos con el mundo natural puede mejorar la satisfacción con la vida. No es una idea tirada al aire, sino una relación contrastada por la ciencia. 

La teoría de que pasar tiempo en la naturaleza puede mejorar nuestro bienestar mental no es nueva. En 2023 un trabajo de la Universidad de Liverpool (Reino Unido) demostraba que vivir sin espacios verdes cerca incrementaba las probabilidades de sufrir ansiedad y depresión. 

Otro estudio del Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal) respalda tal evidencia. Su investigación demostraba que vivir en entornos urbanos con mayor presencia de vegetación y árboles se asocia con un menor estrés, una reducción en el uso de medicamentos psicotrópicos (y esto es otro melón que el debate científico podría abrir, dado que España es uno de los países con mayor tasa de consumo de tranquilizantes y benzodiacepinas del mundo), y, en definitiva, una mejor salud mental en general.

Una de las propuestas más innovadoras es la regla 3-30-300, impulsada por el experto en ecología urbana Cecil Konijnendijk y sustentada en las recomendaciones de la OMS. Establece los estándares mínimos para garantizar el acceso a la naturaleza en las ciudades y proteger la salud mental, es decir, ver al menos 3 árboles desde nuestra casa o trabajo, tener en nuestro barrio un 30% de cobertura arbórea, y vivir a menos de 300 metros de un espacio verde de calidad de acceso público. 

Sin embargo, los mecanismos que explicaban estos beneficios no se habían entendido completamente. Y eso es precisamente lo que ha logrado un estudio internacional liderado por la Anglia Ruskin University (Reino Unido) y publicado en la revista Environment International. De hecho, la investigación analizó las respuestas de 50.363 personas de 18 a 99 años, de 58 países, lo que lo convierte en el mayor estudio multinacional de su tipo jamás llevado a cabo. 

Mucho más que desconectar

Lo interesante del nuevo estudio es que intenta desgranar el mecanismo psicológico que hay detrás de ese efecto. La relación entre pasar tiempo en la naturaleza y una imagen corporal positiva se sustenta en dos pilares. En primer lugar, la investigación demuestra que el contacto con la naturaleza se asocia con una mayor autocompasión, lo que a su vez promueve una mayor apreciación corporal y satisfacción vital. En otras palabras: estar en la naturaleza no solo ayuda a relajarse. También parece alejarnos temporalmente de la presión estética, la autoexigencia constante y la comparación social que dominan buena parte de la vida digital contemporánea.

La naturaleza ofrece oportunidades para lo que los psicólogos describen como "calma cognitiva", un estado de consciencia en el que nuestra atención se centra sin esfuerzo. Las suaves imágenes y sonidos de los entornos naturales permiten la reflexión sin esfuerzo mental, lo que ayuda a las personas a ser amables consigo mismas.

Un segundo mecanismo identificado en el estudio se centra en cómo pasar tiempo en espacios verdes ayuda a las personas a sentirse revitalizadas. Los entornos urbanos ajetreados a menudo requieren una atención constante para gestionar demandas contrapuestas como el tráfico, el ruido y las multitudes, lo que puede provocar fatiga mental. Por el contrario, los entornos naturales tranquilos fomentan la reflexión consciente y ayudan al cerebro a recuperarse. El estudio reveló que sentirse revitalizado tras pasar tiempo en la naturaleza también se asocia con una mayor apreciación del propio cuerpo, lo que a su vez se traduce en una mayor satisfacción con la vida.

Recetando naturaleza 

En base a todos esta evidencia científica en algunos países ya se están impulsando estrategias conocidas como green prescribing o "prescripción verde": recomendaciones médicas que incorporan paseos por parques, actividades al aire libre o contacto frecuente con entornos naturales como complemento para mejorar la salud mental y emocional. 

No se trata de romantizar la naturaleza ni de plantearla como solución mágica a problemas mucho más complejos. Pero sí de reconocer que el cuerpo y la mente parecen responder de forma especialmente positiva a ciertos estímulos naturales. No hace falta escaparse a un bosque recóndito para notar parte de esos efectos. Incluso un breve paseo por el parque, unos minutos de calma frente al mar, un poco de ejercicio al aire libre, o simplemente sentarse a leer un libro en el jardín pueden ayudar a tomarse la vida con más calma y bajar revoluciones para que la cotidianidad no nos arrolle. 


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