Esta tendencia aparece con frecuencia entre quienes experimentan malestar emocional de forma continuada. En concreto, el 72,1% de las personas con niveles altos de estrés reconoce recurrir a alimentos dulces o al picoteo entre horas como forma de aliviar el malestar emocional, según el Estudio Sanitas de la Salud Bucodental ...
Esta tendencia aparece con frecuencia entre quienes experimentan malestar emocional de forma continuada. En concreto, el 72,1% de las personas con niveles altos de estrés reconoce recurrir a alimentos dulces o al picoteo entre horas como forma de aliviar el malestar emocional, según el Estudio Sanitas de la Salud Bucodental 2026. La cifra disminuye a la mitad (36%) en personas con niveles bajos de estrés.
La ansiedad también puede alterar la percepción del hambre y la saciedad. Algunas personas comen de forma automática mientras trabajan o estudian, mientras que otras pasan muchas horas sin comer y terminan realizando ingestas más abundantes al final del día. El cansancio mental sostenido también suele favorecer decisiones alimentarias más impulsivas y una mayor preferencia por productos ultraprocesados.
Más allá del impacto metabólico, este hábito también puede afectar a la salud bucodental. El consumo frecuente de azúcar a lo largo del día favorece la aparición de caries porque las bacterias presentes en la boca utilizan esos azúcares para producir ácidos que dañan el esmalte dental. Cuando el picoteo es constante, la boca pasa más tiempo expuesta a esa acidez y resulta más difícil que el esmalte se recupere de forma natural.
Ante esta situación, los expertos de Sanitas recomiendan algunas pautas para reducir el impacto del estrés sobre la alimentación:
• Organizar las comidas principales: mantener horarios relativamente estables ayuda a evitar periodos largos de ayuno que favorecen una mayor impulsividad alimentaria y una mayor búsqueda de azúcar al final del día.
• Prestar atención durante las comidas: es Importante respetar las horas de comida sin interrupciones ni actividades que interfieran en la atención (como trabajar o hablar por teléfono). Realizar otra tarea simultáneamente favorece la ingesta de mayores cantidades, tanto por la velocidad en la alimentación (que suele incrementarse), como por la dificultad para percibir la saciedad a tiempo.
• Elegir alimentos más saciantes: incorporar legumbres, frutos secos, huevos o proteínas de calidad contribuye a mantener niveles de energía más estables y reduce la necesidad de picar entre horas.
• Cuidar el descanso nocturno: dormir suficientes horas influye directamente en la regulación del apetito y en la capacidad para gestionar el estrés cotidiano.
• Reconocer el hambre emocional: identificar si el impulso de comer aparece ligado al cansancio, la ansiedad o el aburrimiento permite diferenciar el hambre física de la necesidad emocional de aliviar el malestar.