Con la llegada del calor cambiamos la ropa, las rutinas, los horarios… y también el perfume. Lo que funciona en invierno puede resultar demasiado pesado cuando suben las temperaturas. En verano el cuerpo pide otra cosa: frescura, ligereza y perfumes capaces de transmitir sensación de limpieza incluso a 35 grados.Por ...
Con la llegada del calor cambiamos la ropa, las rutinas, los horarios… y también el perfume. Lo que funciona en invierno puede resultar demasiado pesado cuando suben las temperaturas. En verano el cuerpo pide otra cosa: frescura, ligereza y perfumes capaces de transmitir sensación de limpieza incluso a 35 grados.
Por eso las tendencias olfativas de esta temporada giran alrededor de notas más luminosas, frutales y acuáticas. O lo que es lo mismo, estos meses nos decantamos por fragancias fáciles de llevar, energéticas y mucho más desenfadadas que las composiciones clásicas.
Según los expertos en perfumería, las altas temperaturas influyen directamente en cómo percibimos los olores y también en las emociones que nos generan. Por eso, el cerebro asocia ciertos aromas con sensaciones de frescor, descanso o bienestar inmediato.
Y ahí aparecen las grandes protagonistas del verano. La primera tendencia olfativa que vuelve siempre a casa, no por Navidad, sino por las vacaciones es la cítrica fresca. Bergamota, limón, lima, mandarina o pomelo protagonizan muchos de los perfumes estivales porque tienen un efecto inmediato: parecen despertar el cuerpo.
Son aromas limpios, chispeantes y llenos de energía. Huelen a piel recién duchada, a terrazas al sol y a vacaciones improvisadas. Además, suelen asociarse con una sensación mental de vitalidad y ligereza, por eso funcionan tan bien durante el día.
En paralelo, las notas aromáticas y botánicas también ganan terreno. Aquí entran ingredientes como lavanda, romero, menta, albahaca o hierbas verdes que recuerdan a jardines mediterráneos y aportan una sensación mucho más relajante. Son perfumes menos explosivos pero muy equilibrantes. Funcionan especialmente bien para quienes buscan aromas discretos, sofisticados y con ese efecto de calma limpia.
Pero si hay una tendencia que está explotando este 2026 es la tropical oriental. Mango, coco, piña o frutas exóticas se mezclan con especias cálidas, vainilla, ámbar o jengibre para crear fragancias mucho más sensuales y magnéticas. Son aromas intensos pero frescos a la vez, diseñados para destacar especialmente al atardecer o por la noche.
Otra gran familia del verano es la acuática ozónica, probablemente la más refrescante de todas. Son perfumes inspirados en el mar, la brisa marina, el agua limpia o incluso el aire después de una tormenta de verano. Utilizan notas transparentes y ligeramente salinas que transmiten sensación de amplitud y desconexión inmediata. Perfectos para quienes quieren frescura extrema sin recurrir necesariamente a los cítricos.
Y, aunque estemos ya soñando con las vacaciones, que sepas que las fragancias florales tampoco desaparecen, pero este verano se vuelven más solares y luminosas. Jazmín, peonía, flor de tiaré, ylang-ylang o rosa blanca aparecen en composiciones más ligeras y cremosas que evocan piel bronceada, verano mediterráneo y sofisticación relajada.
Y luego está la tendencia más golosa y viral de todas: los gourmand afrutados. Se trata de perfumes que huelen a vainilla, frutas maduras, caramelo o postres sofisticados. Durante años este tipo de aromas estuvieron ligados casi exclusivamente al invierno, pero ahora aparecen reinterpretados en versiones más tropicales y veraniegas. Aquí entran en juego la banana, coco, frutas rojas, leche cremosa, canela suave o notas licorosas crean fragancias adictivas, divertidas y mucho más desenfadadas que los perfumes clásicos.