"Si se comen muchas golosinas y muchos dulces, salen caries". Esa frase se ha repetido desde niños una y otra vez; sin embargo, poco se habla de lo que influye el azúcar en el tono de la piel. A veces no es el sol. Ni siquiera ese verano en el ...
"Si se comen muchas golosinas y muchos dulces, salen caries". Esa frase se ha repetido desde niños una y otra vez; sin embargo, poco se habla de lo que influye el azúcar en el tono de la piel. A veces no es el sol. Ni siquiera ese verano en el que no se ha reaplicado bien el protector.
"A veces, cuando la piel se ve más apagada o con manchas que antes no estaban ahí, tienen una explicación y no está solo en el sol, sino en la glicación", apunta Irene Serrano, directora dermocosmética de Dermalogica. Y lo curioso sobre la glicación es que el proceso es casi imperceptible y lento, pero se acaba notando "en el tono, en la luminosidad y también en cómo envejece la piel. Se ve pasados los 40-45 años sobre todo, pero viene de un proceso a largo plazo", apostilla Raquel González, cosmetóloga y creadora de Byoode.
Azúcar, A.G.E. e inflamación: el cóctel que apaga la piel
Antes de hablar de manchas, conviene entender qué le pasa a la piel
cuando se abusa del azúcar. "La glicación es un proceso por el que los
azúcares se unen a proteínas como el colágeno y la elastina y las
deterioran", explica Mireia Fernández, directora dermocosmética de
Perricone MD.
"Esa unión genera los llamados A.G.E., o productos finales de glicación avanzada, que son moléculas dañadas que se acumulan en la piel y aceleran su envejecimiento". Y, por eso, como resume Marta Agustí, directora nutricional de Advanced Nutrition Programme, "la piel se vuelve menos elástica, más rígida y también más apagada".
El problema, añade Raquel González, es que "la glicación no afecta solo a la firmeza, también altera el funcionamiento global de la piel". Cuando ese daño se acumula, se forma una cadena de estrés oxidativo e inflamación sostenida que no siempre se ve a simple vista. "No hace falta que la piel esté muy roja para que esté inflamada. A veces, lo que ocurre es que hay sensibilidad, tirantez, falta de luz o un tono menos uniforme", explica Estefanía Nieto, directora dermocosmética de Medik8.
Y ahí empieza a explicarse la mancha. "Cuando la piel vive en un estado inflamatorio, los melanocitos pueden activarse más de la cuenta y producir más melanina", señala Raquel González. "Por eso no todas las manchas tienen detrás solo al sol", añade la cosmetóloga. Irene Serrano, por su parte, reconoce que "muchas veces hay una inflamación previa que las favorece o las intensifica, y el exceso de azúcar en la alimentación puede formar parte de ese proceso".
Cómo tratar una piel con manchas por glicación
Cuando las manchas tienen detrás inflamación y glicación, no basta con
intentar borrarlas a toda costa, hay que abordarlas de dos maneras
diferentes. "Lo primero es frenar el proceso que las está favoreciendo",
advierte desde la dirección dermocosmética de Perricone MD Mireia
Fernández. Eso implica "proteger el colágeno, reducir la inflamación y
reforzar la barrera cutánea. Una piel sensibilizada no necesita
agresión, necesita equilibrio", resume Estefanía Nieto.
Por eso conviene apostar por "antioxidantes como la vitamina C y los retinoides, activos calmantes como la niacinamida o la centella asiática, e ingredientes despigmentantes bien tolerados, como el ácido tranexámico o el azelaico, que se pueden incorporar a la rutina tanto con cosméticos como con suplementación dermocosmética", sugiere la cosmetóloga Raquel González, creadora también de la firma Byoode.
"Si se intenta corregir rápido con demasiados ácidos, se puede inflamar más la piel y acabar fijando más pigmento", advierte Mireia Fernández, directora dermocosmética de Perricone MD. A eso hay que sumar una "buena fotoprotección diaria e incluso acudir a tratamientos láser. Reducir el exceso de azúcar y ultraprocesados también puede ayudar, porque la piel refleja lo que pasa dentro", concluye Marta Agustí, la dirección nutricional de Advanced Nutrition Programme.