Desde siempre, la investigación biomédica ha tomado el cuerpo masculino como modelo, lo que ha dejado sin cubrir muchas de las necesidades específicas de salud de las mujeres. Algo tan básico como comprender el ciclo menstrual sigue siendo todavía terreno por explorar, aunque permita anticipar cambios físicos y emocionales, gestionar ...
Desde siempre, la investigación biomédica ha tomado el cuerpo masculino como modelo, lo que ha dejado sin cubrir muchas de las necesidades específicas de salud de las mujeres. Algo tan básico como comprender el ciclo menstrual sigue siendo todavía terreno por explorar, aunque permita anticipar cambios físicos y emocionales, gestionar la fertilidad y detectar a tiempo posibles problemas de salud.
De ahí que, incluso la tecnología relacionada con la salud menstrual, siga estando limitada a la función reproductiva de la mujer. Las aplicaciones y dispositivos diseñados para monitorizar el ciclo femenino se centraban casi exclusivamente en calcular ventanas de ovulación, planificar embarazos o evitar la concepción. Hasta ahora.
Científicos de SRI International han desarrollado un algoritmo que analiza los datos del ciclo menstrual para descubrir conexiones ocultas con la salud general y el envejecimiento, superando el enfoque en la fertilidad de la mayoría de las investigaciones anteriores. En un estudio publicado en Science Advances, la herramienta reveló, entre otras cosas, cómo el envejecimiento influye en cambios clave durante el ciclo menstrual e identificó marcadores de variabilidad individual que podrían aprovecharse para el desarrollo de enfoques personalizados para la salud menstrual.
Tratar el ciclo como una "función reproductiva"
No es una cuestión menor. "A lo largo de su vida reproductiva, una mujer tiene, en promedio, 450 ciclos menstruales, de los cuales (aproximadamente) 3,2 resultan en embarazo. Aun así, la mayor parte de la atención en salud menstrual (incluidas la investigación, la formación médica, las aplicaciones para consumidores y las patentes) se centra exclusivamente en el aspecto reproductivo. Así, deja de lado los ciclos menstruales no reproductivos (el 99 %) como indicadores de salud", expone Marie Gombert-Labedens, doctora en filosofía, investigadora postdoctoral en SRI International y autora principal del estudio.
El ciclo menstrual es un proceso complejo estrechamente ligado a la salud individual, que influye en numerosos procesos fisiológicos, incluyendo las funciones metabólicas e inmunitarias. Gombert-Labedens y sus colegas consideran que el seguimiento de los ritmos del ciclo menstrual puede ser una herramienta diagnóstica valiosa, aunque poco explorada. La comparan con el monitoreo rutinario de los ritmos cardíacos para diagnosticar una amplia gama de afecciones cardiovasculares o cómo los ritmos circadianos pueden indicar trastornos metabólicos.
O dicho de otro modo, el ciclo menstrual se ha interpretado habitualmente como una herramienta para el embarazo, dejando en segundo plano otras cuestiones relacionadas con el dolor, la salud hormonal, la fatiga, el estado de ánimo o las alteraciones metabólicas. Eso explica por qué muchas mujeres han normalizado síntomas que afectan profundamente a su calidad de vida: reglas incapacitantes, cambios extremos de energía, migrañas hormonales o ciclos irregulares que tardan años en diagnosticarse correctamente.
En paralelo, las aplicaciones de seguimiento menstrual crecieron enormemente durante la última década, pero la mayoría seguían reproduciendo esa misma lógica. El objetivo principal era detectar la ovulación y convertir el ciclo en una métrica reproductiva.
La salud menstrual en la era de la medicina de precisión
El concepto de "medicina de precisión" lleva años creciendo dentro del ámbito sanitario. Ahora esa filosofía empieza también a aplicarse al ciclo menstrual. Surge bajo la urgencia de explorar la salud menstrual para identificar las métricas más relevantes, su relación con las afecciones de salud y hasta qué punto las variaciones individuales pueden requerir un enfoque personalizado. Para ayudar a la comunidad científica en este empeño, el equipo desarrolló el algoritmo WAVES, acrónimo de `Evaluación de la salud femenina mediante la variabilidad de las señales relacionadas con el sistema endocrino'.
Utilizando el algoritmo, los investigadores analizaron datos de 5674 ciclos menstruales de 753 participantes de entre 18 y 42 años, incluyendo mediciones diarias de temperatura, secreciones vaginales, edad, historial reproductivo y actividad sexual. Los resultados mostraron que el envejecimiento se asoció con cambios medibles en el ciclo menstrual, incluyendo temperaturas promedio más altas, ciclos más cortos y una disminución en la regularidad en múltiples parámetros.
Gombert-Labedens y sus colegas también analizaron la variabilidad individual en todos los parámetros, ya que se sabe que los ciclos menstruales varían ampliamente de una persona a otra, tanto en duración como en regularidad. "Aunque el ciclo menstrual se describe típicamente como de 28 días, investigaciones basadas en grandes conjuntos de datos indican que esto es más la excepción que la regla, ya que solo el 12,4% de las personas presentan ciclos de 28 días", indica.
Asimismo, el análisis reveló que cada participante mostraba patrones individuales con respecto a la temperatura corporal promedio a lo largo de los ciclos, las mediciones de temperatura mínima y máxima y la duración tanto del ciclo completo como de sus fases. "Estos hallazgos sugieren que, a lo largo de los ciclos de una misma persona, cada individuo tiene su propia medición de temperatura basal alrededor de la cual se organizan las fluctuaciones menstruales, las cuales son altamente estables", añade la investigadora.
Como plataforma de código abierto, el algoritmo WAVES está ahora disponible para investigadores de todo el mundo que estudian los patrones del ciclo menstrual, ayudándoles a analizar ingentes cantidades de datos para identificar biomarcadores fundamentales asociados con la salud, la enfermedad y la respuesta al tratamiento.
La idea resulta especialmente relevante porque uno de los problemas históricos de la salud femenina ha sido precisamente la tendencia a considerar el ciclo como algo homogéneo. Durante mucho tiempo se asumió que un ciclo "normal" debía responder a determinados parámetros fijos, cuando en realidad existe una enorme diversidad hormonal y fisiológica. De hecho, Gombert-Labedens lo sintetiza con una frase: "El ciclo menstrual es una fuente valiosa, aunque infrautilizada, de información fisiológica".
Una generación informada y empoderada
Todo esto se enmarca en un contexto de interés creciente por la salud menstrual y femenina en general, lo que refleja un cambio cultural evidente. Las nuevas generaciones hablan del ciclo de manera mucho más abierta que hace apenas una década. El desarrollo de este tipo de herramientas también refleja el crecimiento imparable del llamado femtech, el sector tecnológico centrado en salud femenina y bienestar hormonal.
Pero esa nueva realidad plantea nuevos retos. El exceso de información en internet ha generado una amalgama de divulgación científica y pseudociencia wellness. El resultado es que muchas personas consumen información a granel sobre salud y bienestar sin distinguir entre evidencia científica y tendencias virales.
Ahí es donde investigaciones como esta pueden resultar especialmente relevantes para empoderarse desde el rigor científico y silenciar la desinformación.