Verano y animales: cómo evitar el calor y la leishmaniosis

Ángela Zorrilla

El buen tiempo invita a parques, playa y escapadas con nuestros animales, pero también abre la puerta a dos riesgos importantes: el golpe de calor y la leishmaniosis. Veterinarios advierten de que la prevención y la observación diaria son clave para disfrutar del verano sin sustos.

02/07/2026

El verano suele ser sinónimo de planes al aire libre… también para perros y gatos. Paseos más largos, tardes en terrazas y escapadas al campo o la playa forman parte de la rutina estacional de muchas familias. Pero lo que para nosotros es disfrute, para ellos puede convertirse en un ...

El verano suele ser sinónimo de planes al aire libre… también para perros y gatos. Paseos más largos, tardes en terrazas y escapadas al campo o la playa forman parte de la rutina estacional de muchas familias. Pero lo que para nosotros es disfrute, para ellos puede convertirse en un desafío fisiológico serio.

El motivo es simple: los animales regulan peor la temperatura corporal que los humanos. Apenas pueden eliminar calor mediante el jadeo y, en menor medida, a través de las almohadillas de las patas.

"El principal riesgo durante la época estival es el temido golpe de calor, una urgencia veterinaria que ocurre cuando la temperatura corporal del animal supera los 41°C", explica la veterinaria Carla Mena. En esos casos, el organismo puede entrar en fallo multiorgánico en cuestión de minutos si no se actúa con rapidez.

Uno de los errores más comunes es subestimar el impacto del entorno urbano. El asfalto, por ejemplo, puede alcanzar temperaturas extremas capaces de provocar quemaduras en las almohadillas de los animales durante un simple paseo.

¡Hola parásitos!

Si el calor ya es un motivo de preocupación, la humedad y las altas temperaturas traen consigo otro problema añadido: la proliferación de parásitos. Pulgas, garrapatas y mosquitos encuentran en el verano su temporada perfecta. Entre ellos destaca un pequeño insecto, casi invisible, pero con un impacto sanitario considerable: el flebótomo, transmisor de la leishmaniosis.

Esta enfermedad parasitaria afecta principalmente a los perros, aunque también puede darse en gatos y, en menor medida, en humanos. Su evolución ha cambiado en los últimos años debido a las condiciones climáticas, que han ampliado el periodo de actividad del insecto transmisor.

Hoy, el riesgo ya no se limita al verano estrictamente, sino que puede prolongarse hasta bien entrado el otoño. "Los síntomas son muy variados y no específicos, como lesiones en la piel, pérdida de peso inexplicable o sangrado nasal", advierte Mena.

Prevenir antes que tratar

En el caso de la leishmaniosis, los expertos coinciden en un mensaje claro: la prevención es la herramienta más eficaz. Esto implica adelantarse a la temporada de riesgo con medidas de protección constantes, ya que una vez la enfermedad se desarrolla, su manejo es complejo y de largo recorrido.

Los veterinarios recomiendan combinar distintos sistemas preventivos, como collares repelentes específicos y tratamientos antiparasitarios externos, además de seguir siempre las indicaciones profesionales para reforzar la protección del animal.

Uno de los mayores retos para las familias es aprender a interpretar las señales de malestar de sus mascotas. A diferencia de los humanos, los animales no pueden explicar lo que sienten, pero sí lo muestran en su comportamiento. Cambios como el rascado constante, el lamido excesivo de patas o la irritación localizada pueden indicar desde una simple picadura hasta problemas dermatológicos, dolor o la presencia de cuerpos extraños como espigas.

Más preocupante aún es el jadeo excesivo acompañado de debilidad o dificultad respiratoria, que puede ser una señal de golpe de calor en curso. También la aparición de inflamaciones repentinas, habones o picor intenso puede estar relacionada con reacciones alérgicas o picaduras de insectos.

Rutinas que cambian con el termómetro

El verano no solo exige más atención, también un ajuste en la rutina diaria. Evitar las horas centrales del día para los paseos, revisar el pelaje y las patas al regresar a casa o mantener una hidratación constante son medidas básicas pero fundamentales. 

Cada vez más familias recurren además a soluciones de apoyo para gestionar imprevistos veterinarios, conscientes de que la prevención no elimina todos los riesgos, pero sí reduce su impacto.

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