Verano en casa: las intoxicaciones infantiles se pueden evitar

María Robert 

Las intoxicaciones infantiles en el hogar son "el pan de cada día" en los servicios de urgencias. Una enfermera nos explica cómo prevenirlos y nos enseña qué hacer en caso de que ocurran 

23/06/2026

El verano es sinónimo de juegos, tiempo en familia y muchas actividades acuáticas. Pero ahora que los niños van a pasar más de dos meses sin ir al colegio, hay que poner sobre la mesa uno de los peligros de los que pocas veces se habla. Las intoxicaciones en la ...

El verano es sinónimo de juegos, tiempo en familia y muchas actividades acuáticas. Pero ahora que los niños van a pasar más de dos meses sin ir al colegio, hay que poner sobre la mesa uno de los peligros de los que pocas veces se habla. Las intoxicaciones en la edad pediátrica suponen alrededor del 0,3% de las consultas en urgencias pediátricas y la mayoría ocurren en el domicilio. Hablamos de ello con Carmen Casal Angulo, doctora enfermera y vicepresidenta III de SEMES (Sociedad Española de Medicina de Urgencias y Emergencias).

En el entorno doméstico, la experta explica que el "pódium" de las intoxicaciones lo lideran, con mucha diferencia, los medicamentos (paracetamol, ibuprofeno, anticatarrales) y los productos de limpieza (detergentes, lejía, lavavajillas). "Afortunadamente, la gran mayoría no suele revestir gravedad", aclara. Esto se debe a tres factores: las cantidades ingeridas suelen ser bajas, el propio cuerpo del niño suele rechazar el sabor desagradable y los padres consultan con rapidez. Sin embargo, "poca gravedad" no significa "riesgo cero"; hay elementos muy específicos que con una sola dosis pueden ser críticos.

La mayoría de estos accidentes afectan a niños de 1 a 5 años. Y según Casal Angulo, "son el pan nuestro de cada día en los servicios de urgencias". "A esa edad, los niños no exploran con las manos, exploran con la boca. No miden el peligro, solo ven colores llamativos, texturas nuevas o imitan lo que hacen los adultos (como tomarse una "pastilla"). Aunque ese 0,3% parezca una cifra pequeña a nivel estadístico, la realidad es que casi cualquier hogar con niños ha vivido un `susto' o un amago de intoxicación en algún momento", prosigue desarrollando. De hecho, la doctora enfermera advierte que hay "enemigos silenciosos" en las casas que las familias suelen infravalorar. Como las cápsulas de detergente para lavadora o lavavajillas. Son blandas, de colores llamativos y parecen gominolas. Al morderlas, el líquido sale a presión y puede causar quemaduras graves en el esófago o en los ojos", indica.

El alcohol en gel y los cosméticos también son productos que aconseja mantener fuera del alcance de los pequeños de la casa, pues "los enjuagues bucales, los perfumes o los geles hidroalcohólicos tienen concentraciones de alcohol muy altas para el peso de un niño".

Medicamentos, productos de limpieza, pilas, cosméticos… En este contexto, los profesionales de urgencias han detectado claramente el aumento de dos productos en los últimos años: las pilas de botón e imanes pequeños. Aunque técnicamente es una ingesta de cuerpo extraño más que una intoxicación química, "su gravedad es extrema", afirma la vicepresidenta III de SEMES. No en vano, las pilas de botón pueden perforar el esófago en cuestión de horas debido a la corriente eléctrica que generan al entrar en contacto con la saliva.


Otro peligro relativamente nuevo lo constituyen los productos derivados del cannabis. Sobre esto, la especialista indica que, con el auge de aceites, gominolas o productos de consumo recreativo en los hogares, han aumentado los ingresos de niños pequeños con cuadros de letargia o coma por ingesta accidental de estas sustancias.

Lo que hay que hacer y lo que no en caso de intoxicación

Alteración del estado de conciencia, es decir, que el niño esté excesivamente adormilado, cueste despertarlo, o está confuso e inestable al andar; respiración dificultosa o de manera ruidosa; quemaduras, ampollas o manchas rojas alrededor de la boca o en los labios; vómitos continuados o babeo excesivo (incapacidad para tragar su propia saliva); y, por último, convulsiones. Esos son los síntomas que dan la voz de alarma para acudir corriendo al hospital o llamar al 112.

En estos casos es totalmente determinante actuar con rapidez. O como recalca Carmen Casal Angulo, en toxicología médica hay una premisa de oro: el tiempo es muy importante. A más tiempo del contacto con el tóxico, más grave puede ser. "Actuar rápido permite neutralizar el tóxico antes de que el organismo lo absorba por completo", incide.  En el caso de cáusticos (lejías, desatascadores) o pilas de botón, los minutos cuentan para evitar quemaduras internas irreversibles. Además, una llamada a tiempo puede evitar que los padres realicen maniobras caseras peligrosas.

Es consciente de que mantener la calma en estos momentos tan angustiosos es difícil, pero también vital. E inmediatamente después es necesario que retiren el producto, quitando de la boca del niño lo que quede del tóxico de forma suave, así como identificarlo, cogiendo el envase o la caja para saber exactamente qué ha tomado.

En esos primeros minutos tras el accidente, por supuesto, también es primordial llamar inmediatamente al Servicio de Información Toxicológica (en España: 91 562 04 20, disponible 24 horas). "Ellos os dirán exactamente qué hacer según el producto y el peso del niño. Si el niño está inconsciente, respira mal o convulsiona, llamar directamente al 112", expone.

Lo que nunca se debe realizar es provocar el vómito. Según la enfermera, es el error más común y peligroso. "Si el producto es corrosivo (como la lejía), al vomitar volverá a quemar el esófago y la garganta al subir. Además, existe riesgo de que el tóxico pase a los pulmones", avisa.

Tradicionalmente se pensaba que dar de beber agua o leche "neutralizaba", "pero en muchos casos puede diluir el tóxico y acelerar su absorción por el intestino, o provocar el vómito de forma involuntaria", añade en relación a los falsos mitos.

Las tres normas de oro de la prevención

Medidas sencillas pueden ayudar a prevenir este tipo de intoxicaciones. La especialista las resume en tres normas de oro.

En primer lugar, "guardar en las alturas, no abajo". Los productos de limpieza nunca deben estar debajo del fregadero. Deben ir a armarios altos, preferiblemente cerrados con llave o sistemas de seguridad. "Mantener los envases originales", es otra regla no escrita para minimizar estos accidentes. "Jamás se debe cambiar un producto químico (como desatascadores o gasolina) a una botella de agua o de refresco. El niño (o un adulto despistado) guiará su conducta por el envase visual", subraya.

Y por último, pero no menos importante, "jamás jugar a que las medicinas son caramelos". Según la vicepresidenta III de SEMES, nunca hay que decirles que el jarabe o la pastilla "es un dulce" para que se lo tomen mejor. Los niños se quedan con esa idea y los buscarán por su cuenta.

Para terminar, el mensaje que Casal Angulo quiere trasladar a las familiassobre prevención y actuación ante una intoxicación pediátrica es que "los accidentes no son fruto del azar, son evitables". Deja claro que no se trata de vivir con miedo, sino de mirar nuestra casa con los "ojos de un niño de dos años": todo lo que esté a su alcance y sea llamativo terminará en su boca. "Tengan siempre el número de Toxicología guardado en el móvil; es un recurso maravilloso que salva vidas y evita miles de viajes innecesarios a urgencias", añade.

Añade un apunte para los abuelos y cuidadores, ya que muchas veces las intoxicaciones ocurren fuera de la vivienda habitual, en casa de los abuelos, quienes a veces guardan sus pastilleros semanales encima de la mesita de noche o en el salón a mano para no olvidarse. "Cuando los nietos van de visita, esos pastilleros de colores son un imán para ellos. La seguridad debe viajar con el niño allá donde vaya", advierte.

Y por supuesto, ante la duda, llamar al 112, donde un médico o un enfermero del centro de coordinación les dirán las pautas a seguir. Por ello son los especialistas de urgencias y emergencias.


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