La palabra melanoma induce a pensar automáticamente en el cáncer de piel. Las campañas de prevención han dado sus frutos, consiguiendo que la mayor parte de la sociedad relacione este tumor con la exposición solar y sea más consciente de la necesidad de revisar las manchas sospechosas y los lunares ...
La palabra melanoma induce a pensar automáticamente en el cáncer de piel. Las campañas de prevención han dado sus frutos, consiguiendo que la mayor parte de la sociedad relacione este tumor con la exposición solar y sea más consciente de la necesidad de revisar las manchas sospechosas y los lunares de manera regular. No obstante, existe una variante de melanoma mucho menos conocida: el ocular (llamado también melanoma uveal).
De hecho, se trata del tumor intraocular más frecuente, aunque a nivel global represente menos del 5% de todos los melanomas y esos datos de prevalencia lo conviertan en una enfermedad rara. En Europa, su incidencia se sitúa aproximadamente entre 2 y 8 casos por millón de habitantes y año, puede afectar tanto a hombres como a mujeres, y se diagnostica con mayor frecuencia a personas mayores de 60 años. El melanoma ocular, aunque no es hereditario, en la mayoría de los casos sí puede relacionarse con mutaciones en los genes GNAQ y GNA11. Además, se relaciona con algunos factores de riesgo que incluyen la piel clara, ojos claros y melanocitosis ocular conjuntival.
"El melanoma ocular es una enfermedad poco frecuente, pero clínicamente muy importante, ya que puede crecer sin causar molestias al inicio y detectarse en una revisión rutinaria. Los objetivos del tratamiento son mantener el ojo y la visión útil siempre que sea posible. Por eso insistimos en que una exploración completa del fondo de ojo, con la pupila dilatada, puede marcar la diferencia en el tratamiento", explica Álvaro Fernández-Vega, oftalmólogo del Instituto Oftalmológico Fernández-Vega.
Qué es el melanoma ocular y dónde aparece
Este tipo de cáncer se desarrolla en las células encargadas de producir el pigmento de la piel, pelo y ojos. En este caso, la mayoría de los melanomas oculares se originan en la úvea, que es la capa media del ojo (iris, cuerpo ciliar y coroides), por lo que también se conocen como melanomas uveales. Si bien puede aparecer en otras partes del ojo, el subtipo más frecuente es el melanoma de coroides, situado en una capa vascular interna del ojo.
El doctor advierte de que "existen factores de riesgo asociados como la edad, los ojos o la piel claros, la pigmentación anormal de la piel, lesiones previas (por ejemplo, nevus coroideo) o la exposición a luz ultravioleta. En cualquier caso, la presencia de factores asociados no implica necesariamente que vaya a desarrollarse un tumor, pero sí puede justificar un seguimiento oftalmológico más frecuente".
Una de las características más importantes de esta patología es que se produce en una capa del ojo que no puede verse a simple vista; por eso es importante conocer los principales síntomas que puede causar. Algunos de ellos incluyen visión borrosa o disminución de visión, destellos o aparición de "moscas volantes", visión de sombras o alteraciones del campo visual y, en algunos casos, cambios visibles en el iris (si la lesión se localiza en esa zona).
"En ocasiones, el paciente consulta por un síntoma inespecífico y encontramos el tumor; otras veces lo detectamos en un control. Por ello, si se nota un cambio visual llamativo, conviene revisar, y si no hay síntomas pero existen ciertos factores de riesgo, también se realizan seguimientos fotográficos y mediante OCT y ecografía, porque la ausencia de molestias no garantiza que esté todo bien", añade Fernández-Vega.
Muchas posibilidades de salvar el ojo gracias a los avances
El diagnóstico se basa en una evaluación oftalmológica completa y, según cada caso, en pruebas como ecografía ocular, tomografía de coherencia óptica y otras técnicas de imagen que permiten valorar el tamaño, la localización y las características de la lesión. Esta valoración es clave para planificar el tratamiento.
En función del caso, el abordaje puede incluir radioterapia localizada, con placas, otras modalidades radioterápicas cuando estén indicadas o cirugía en determinados casos. Además, dado que el melanoma uveal puede asociarse a riesgo de diseminación, es muy importante el seguimiento y, cuando procede, la coordinación con otras especialidades para el control de la enfermedad.
En todo caso, el especialista es optimista a la hora de hablar de un tratamiento eficaz. "Hoy podemos tratar muchos melanomas oculares intentando conservar el ojo y, cuando es posible, la visión, pero igual de importante es el seguimiento posterior. El control no termina con el tratamiento local; requiere vigilancia y un enfoque multidisciplinar cuando procede. Afortunadamente, la investigación prosigue y hoy en día existen centros específicos que están profundizando en determinar la inmunología y el metabolismo del tumor para conseguir nuevos tratamientos que permitan controlar mejor el proceso".
Con lo cual, el mayor desafío sigue siendo llegar a tiempo. Igual que nos concienciamos de regularizar el uso del protector solar y vigilar los lunares y las manchas en la piel, también hay que aprender a prestar atención a la salud visual. No todos los melanomas se ven en el espejo, y algunos solo pueden descubrirse durante una exploración oftalmológica completa.
Suspenso en cuidado de la salud visual
El ejemplo del melanoma a ocular es pertinente para incidir en que los problemas oculares y relacionados con la visión se han vuelto cada vez más comunes en la era digital. Datos recientes indican que tres de cada cuatro españoles sufren algún problema visual, desde miopía hasta ojo seco, así como afecciones más graves como el glaucoma: un millón de personas están afectadas en España por esta enfermedad, y el 40% no han sido diagnosticadas. Todos estos problemas visuales afectan significativamente a la calidad de vida y la capacidad para realizar tareas o ser productivos, incluso a la hora de llevar a cabo actividades cotidianas.
En resumidas cuentas, nuestros ojos se enfrentan a desafíos sin precedentes en la época actual: el envejecimiento de la población, el aumento de patologías crónicas y, sobre todo, la exposición constante a pantallas digitales han disparado la incidencia de enfermedades visuales. La buena noticia es que el 80% de los casos de discapacidad visual son evitables o tratables si se detectan a tiempo.