¿Puede la exposición al calor y al frío al inicio del embarazo influir en el tamaño fetal? 

María Robert

Un estudio basado en cohortes de nacimiento de Países Bajos identifica asociaciones entre la exposición a la temperatura durante las primeras etapas del embarazo y cambios en el tamaño del feto, con patrones diferenciados para el calor y el frío

02/07/2026

Uno de los retos globales actuales es el impacto de la crisis climática y de los factores ambientales sobre la salud humana. La Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte reiteradamente que millones de personas podrían verse amenazadas por el aumento de enfermedades relacionadas con el cambio climático, que afecta ...

Uno de los retos globales actuales es el impacto de la crisis climática y de los factores ambientales sobre la salud humana. La Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte reiteradamente que millones de personas podrían verse amenazadas por el aumento de enfermedades relacionadas con el cambio climático, que afecta de muy diversas maneras. Por una parte, provoca cambios de morbilidad en función de la temperatura. Y, por otra, genera una serie de efectos directos. Claro ejemplo son los derivados de los eventos meteorológicos extremos (precipitaciones extremas e inundaciones), de la contaminación atmosférica y de la transmisión de enfermedades por alimentos o por vectores infecciosos.

Quizá caer en el alarmismo a gran escala ya no nos impresiona, inmunizados como estamos contra los titulares que constantemente informan sobre un nuevo récord de los termómetros o de la enésima catástrofe medioambiental. Pero, más allá, los efectos de los cambios de las temperaturas empiezan a verse incluso en los nonatos.

Y es que un nuevo estudio liderado por el Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal), centro impulsado por la Fundación "la Caixa", sugiere que la exposición al frío y al calor durante las primeras semanas de gestación podría influir en el desarrollo embrionario y fetal. Los resultados, basados en dos cohortes de nacimiento de los Países Bajos y publicados en la revista científica International Journal of Epidemiology, sugieren que el desarrollo gestacional temprano puede ser sensible a la temperatura ambiental. La importancia de este hallazgo es que tiene posibles implicaciones para los resultados del nacimiento y la salud a largo plazo en un contexto de cambio climático.

Un periodo clave para el desarrollo

Estudios previos ya habían relacionado la exposición a temperaturas altas o bajas durante el embarazo con complicaciones obstétricas, bajo peso al nacer o un mayor riesgo de determinadas enfermedades durante la infancia.

Sin embargo, todavía no está claro si la temperatura ambiental influye en el desarrollo durante las fases más tempranas de la gestación. El primer trimestre es un periodo crítico, ya que durante esta etapa comienzan a formarse los órganos del bebé y la placenta.

Para evaluar la asociación entre la exposición a la temperatura ambiental y el desarrollo embrionario y fetal temprano, los investigadores analizaron una cohorte de nacimiento neerlandesa, el estudio Generation R Next (2017–2021). Además, replicaron los hallazgos en una cohorte independiente establecida 15 años antes, el estudio Generation R (2002–2006).
Posteriormente, el equipo estimó las temperaturas medias semanales desde el inicio del embarazo. Asimismo, utilizó ecografías realizadas alrededor de las semanas 8, 10 y 12, midiendo la longitud cráneo-caudal, un indicador estándar del crecimiento embrionario y fetal temprano.

Menor crecimiento fetal a las 12 semanas

Los resultados mostraron que tanto la exposición a temperaturas más bajas como más altas durante el primer trimestre se asociaba con una menor longitud cráneo-caudal a las 12 semanas de embarazo. Es decir, la medida que se utiliza en ecografías del primer trimestre para determinar con máxima precisión la edad gestacional.

Más concretamente, el estudio llegó a la conclusión de que los embriones expuestos a temperaturas más frías o más cálidas presentaban una longitud aproximadamente entre siete y ocho milímetros inferior a la esperada para esa fase del desarrollo.

Asimismo, los resultados apuntaron a que el momento de mayor sensibilidad parecía variar según el tipo de exposición. Así, mientras que el calor mostraba asociaciones más intensas durante las primeras semanas de gestación (especialmente entre la semana 1 y la 6), el efecto del frío se extendía durante un periodo más largo, entre las semanas 1 y 11. En ambos casos, no se detectaron asociaciones en las ecografías realizadas previamente, a las 8 o 10 semanas.

A las 12, la exposición tanto a temperaturas más frías como más cálidas se asoció con una longitud cráneo-caudal entre 7 y 8 milímetros menor de lo esperado en esta etapa del desarrollo.

¿Por qué puede ocurrir?

El embarazo desencadena profundas adaptaciones fisiológicas en todos los sistemas del cuerpo materno para sostener el desarrollo fetal, prepararse para el parto y la lactancia. Estos cambios abarcan desde alteraciones hormonales y metabólicas hasta el aumento en el trabajo del corazón, los riñones y el desplazamiento de los órganos abdominales. Y, por lo tanto, suponen exigencias adicionales para la capacidad del organismo de regular la temperatura.

Según expone Mònica Guxens, profesora de investigación ICREA en ISGlobal y coordinadora del estudio, "la exposición externa al calor o al frío puede alterar aún más este equilibrio, desencadenando respuestas termorreguladoras como cambios en el flujo sanguíneo periférico".

Estas respuestas podrían influir potencialmente en la perfusión uterina y, a su vez, afectar a los procesos tempranos del desarrollo. Sin embargo, advierte que "se necesita más investigación para comprender los mecanismos biológicos implicados y determinar si estas diferencias tempranas tienen implicaciones más adelante en el embarazo".

Un desafío añadido en tiempos de cambio climático

Por otro lado, los científicos también observaron diferencias entre las dos cohortes, separadas por quince años, en cuanto al momento en que la exposición a la temperatura parecía tener las asociaciones más fuertes y en relación con la magnitud de los efectos observados. "Estas diferencias podrían estar relacionadas con cambios en las condiciones climáticas a lo largo del tiempo, diferencias en la forma en que las poblaciones responden o se adaptan a la exposición a la temperatura, u otros factores que pueden influir en la vulnerabilidad durante el embarazo", explica Esmée Essers, investigadora de ISGlobal y primera autora del estudio.

Si bien es cierto que los hallazgos del estudio no deben generar alarma, sí refuerzan la necesidad de seguir estudiando cómo los factores ambientales pueden influir en la salud; incluso antes del nacimiento. 

En un contexto en el que las temperaturas son cada vez más extremas (y con casi toda seguridad, irreversibles por ahora), comprender cómo afectan en todas las etapas de la vida es prioritario para poder prevenir.


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