Cómo mantener la casa fresca en verano sin disparar la factura de la luz

Sonia Baños

En esvivir.com hemos reunido las estrategias que de verdad mantienen una vivienda fresca, esas que usaban nuestras abuelas sin aire acondicionado y que siguen funcionando igual de bien hoy.

26/06/2026

Llega julio, la casa se convierte en un horno a media tarde y el primer impulso es encender el aire acondicionado y dejarlo puesto hasta septiembre. Luego llega la factura y el susto. La buena noticia es que entre sufrir el calor y arruinarse hay mucho terreno intermedio, y la ...

Llega julio, la casa se convierte en un horno a media tarde y el primer impulso es encender el aire acondicionado y dejarlo puesto hasta septiembre. Luego llega la factura y el susto. La buena noticia es que entre sufrir el calor y arruinarse hay mucho terreno intermedio, y la mayoría no lo aprovechamos por simple desconocimiento. 

El calor que entra y cómo frenarlo

La clave para tener una casa fresca está en una idea sencilla: es mucho más fácil impedir que entre el calor que sacarlo una vez dentro. Y el calor entra, sobre todo, por las ventanas que reciben sol directo. Una habitación con la persiana subida a mediodía en pleno verano se calienta muchísimo más que esa misma habitación con la persiana bajada, aunque la ventana esté cerrada.

Por eso, el gesto más rentable del verano es gestionar bien la luz a lo largo del día. Conviene bajar persianas y echar cortinas en las horas de sol directo, especialmente en las fachadas que dan al sur y al oeste, que son las que más calientan por la tarde. Si las ventanas reciben sol intenso, los estores o cortinas de colores claros reflejan mejor la radiación que los oscuros. Y al caer la tarde, cuando la temperatura exterior baja, llega el momento de abrir todo y dejar que el aire corra.

Trucos que enfrían de verdad sin gastar apenas

Hay un puñado de costumbres que, sin gastar electricidad o gastando muy poca, marcan una diferencia real en la sensación térmica de casa:

  • Crear corrientes de aire abriendo ventanas en lados opuestos de la vivienda durante las horas frescas de la noche y la primera hora de la mañana.

  • Usar el ventilador de forma inteligente: no enfría el aire, pero mover el aire sobre la piel produce sensación de frescor con un consumo mínimo comparado con el aire acondicionado.

  • Apagar luces y aparatos que no se usen, porque las bombillas antiguas y los electrónicos generan calor que se nota en una habitación pequeña.

  • Cocinar a horas tempranas o aprovechar platos fríos para no encender el horno ni los fogones en las horas de más calor.

Si tienes aire acondicionado, no hace falta renunciar a él, solo usarlo con cabeza. Mantenerlo en torno a los 25 o 26 grados, en lugar de ponerlo muy bajo, refresca igual de bien la sensación y consume bastante menos. Y cerrar puertas para enfriar solo las estancias que estás usando evita malgastar energía en habitaciones vacías.

Una casa fresca empieza por la rutina diaria

Mantener la casa habitable en verano no depende tanto de tener el mejor aparato como de adquirir una rutina: cerrar al sol por la mañana, ventilar de noche, mover el aire y reservar el aire acondicionado para los momentos de más calor. Es cuestión de anticiparse al calor en lugar de combatirlo cuando ya está dentro. Adoptar estos gestos cuesta apenas unos minutos al día y se nota tanto en la temperatura de casa como en lo que pagas a final de mes. El verano se lleva mucho mejor cuando la casa es un refugio fresco al que apetece volver, y conseguirlo está más en tu mano de lo que parece.



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