En esvivir.com queremos poner el foto en este tema, porque hidratarse de verdad en verano va mucho más allá de la botella de agua y tiene que ver también con lo que comes y con saber leer las señales de tu propio cuerpo.Por qué el agua sola no bastaCuando sudamos, ...
En esvivir.com queremos poner el foto en este tema, porque hidratarse de verdad en verano va mucho más allá de la botella de agua y tiene que ver también con lo que comes y con saber leer las señales de tu propio cuerpo.
Cuando sudamos, no perdemos solo agua: perdemos también minerales, sobre todo sodio y potasio, que son los que ayudan a que esa agua se quede donde tiene que estar y cumpla su función. Por eso, en días de mucho calor o de actividad intensa, beber grandes cantidades de agua sin reponer esos minerales puede dejarte hidratada a medias, con esa sensación de cansancio y de cabeza espesa que no se quita por mucho que bebas.
La buena noticia es que no hace falta recurrir a bebidas isotónicas ni a nada especial para reponerlos. Una alimentación variada, con verduras, fruta y un poco de sal en las comidas, aporta lo necesario en la mayoría de los casos. La clave está en no quedarte solo en el agua y entender que la hidratación es un conjunto: lo que bebes y lo que comes, trabajando juntos.
Una parte importante del agua que necesitamos al día la obtenemos de los alimentos, y en verano esto se vuelve una aliada estupenda. Muchas frutas y verduras tienen un altísimo contenido en agua y, además, aportan esos minerales que ayudan a aprovecharla. Incorporarlas de forma generosa es una manera deliciosa de hidratarse sin darte cuenta:
La sandía, el melón, las fresas, el pepino, el tomate y el calabacín superan el noventa por ciento de agua.
Las cremas frías, los gazpachos y las ensaladas combinan hidratación, minerales y frescor en un solo plato.
Las infusiones frías sin azúcar y el agua con rodajas de fruta o hierbabuena ayudan a beber más a quienes el agua sola les resulta aburrida.
Frente a esto, conviene moderar lo que rema en contra. El alcohol y las bebidas con mucha cafeína tienen efecto diurético y, en exceso, contribuyen a deshidratar; y los refrescos azucarados, además de no hidratar mejor que el agua, suman azúcares que no necesitas.
La sed no es un buen indicador, porque cuando aparece ya vamos un poco tarde, y con la edad la sensación de sed se vuelve menos fiable. Por eso es mejor anticiparse y guiarse por otras señales. El color de la orina es uno de los más sencillos y honestos: cuanto más clara, mejor hidratada estás; si es muy oscura, es momento de beber. El cansancio sin motivo, el dolor de cabeza a media tarde o la dificultad para concentrarse también pueden ser, en verano, simples avisos de deshidratación antes que cualquier otra cosa.
Hidratarse bien en los meses de calor no es una obsesión ni requiere contar vasos, sino una rutina sensata: tener agua siempre a mano, repartir lo que bebes a lo largo del día en lugar de grandes cantidades de golpe, llenar el plato de fruta y verdura, y prestar atención a lo que tu cuerpo te dice. Con eso, el verano se lleva con más energía, mejor cabeza y esa sensación de ligereza que tanto se agradece cuando aprieta el calor.