Verano a tope: ni acné, ni granitos por culpa del sudor

Anna León 

La piel se altera más durante esta época del año. En general, se tiende a pensar que la aparición de granitos y acné se debe al exceso de sudoración. Yvette Pons, referente en bioestética funcional y fundadora de Yvette Pons, Instituto de Estética Sublime, desmonta esta falsa creencia y analiza cómo cambia nuestra piel en verano. 

19/06/2026

A medida que suben las temperaturas, oímos con frecuencia comentarios como el siguiente: "Me salen granitos por el sudor". No obstante, Yvette Pons, experta en bioestética funcional, rompe con este mito y asegura que el problema real es mucho más complejo: la sudoración puede modificar el ecosistema cutáneo. Lejos de ...

A medida que suben las temperaturas, oímos con frecuencia comentarios como el siguiente: "Me salen granitos por el sudor". No obstante, Yvette Pons, experta en bioestética funcional, rompe con este mito y asegura que el problema real es mucho más complejo: la sudoración puede modificar el ecosistema cutáneo.

Lejos de ser simplemente "agua salada", el sudor es un fluido biológico a base de agua, sales minerales, ácido láctico, urea y otras sustancias capaces de alterar temporalmente el equilibrio natural de la piel. Ese cambio afecta directamente al microbioma cutáneo, la barrera protectora y la inflamación de la piel.

Foto: Pixabay. 

Piel más reactiva por culpa del sudor y otros factores

Durante los meses más calurosos, la combinación de sudor, humedad, radiación UV, contaminación, fricción y ropa ajustada crea un entorno idóneo para que la piel se vuelva más reactiva.

La sudoración modifica: 

  • La humedad cutánea.
  • La temperatura.
  • El pH cutáneo.
  • La disponibilidad de nutrientes sobre la piel.

Todo ello puede alterar el comportamiento de microorganismos que viven de forma natural sobre nuestra piel, como Cutibacterium acnés, Staphylococcus epidermidis o Malassezia. En ambientes cálidos y húmedos, estas bacterias y levaduras pueden proliferar o comportarse de forma distinta, favoreciendo irritación, foliculitis, sensibilidad o brotes inflamatorios en personas predispuestas.

Diferencias entre granitos veraniegos y acné
Uno de los grandes errores es pensar que cualquier brote relacionado con el calor es acné. Muchos de los llamados "granitos por sudor" pueden ser en realidad:

  • Foliculitis.
  • Miliaria o sudamina.
  • Acné mecánico.
  • Dermatitis irritativa.
  • Disbiosis cutánea.
  • Inflamación neurogénica.

"La piel puede reaccionar al calor y a la sudoración de múltiples maneras, especialmente cuando existe roce, oclusión, exceso de humedad o alteración de la barrera cutánea", explica Yvette Pons.


Foto: Engin Akyurt / Pixabay. 

El calor también estresa la piel

Cada vez se estudia más la relación entre piel y sistema nervioso. El estrés psicológico activa el sistema nervioso simpático, responsable también de la sudoración. Esa activación favorece la liberación de mediadores inflamatorios que pueden influir en la producción de sebo, la sensibilidad cutánea y la inflamación. Por eso, muchas personas notan que su piel empeora en épocas de ansiedad, cansancio o sobrecarga emocional.

La piel no solo responde a cosméticos o factores externos: también refleja el estado interno del organismo.

El microbioma: la gran clave del verano

Pons subraya que el microbioma cutáneo será uno de los grandes temas de la estética y dermatología de los próximos años.
La piel funciona como un ecosistema vivo donde conviven bacterias, hongos y levaduras en equilibrio. Cuando el calor y el sudor alteran ese entorno, puede aparecer inflamación, sensibilidad, mal olor o brotes. "El problema no siempre es sudar. Más bien reside en cómo responde la piel a ese nuevo ecosistema", insiste. 

La combinación más agresiva para la piel

La fórmula que más afecta, y de forma perjudicial, a la piel es: calor + sudor + radiación UV. El calor aumenta la pérdida de agua transepidérmica, altera los lípidos epidérmicos y favorece la inflamación.

Si a eso se suman factores como sudor, radiación solar, contaminación, roce y poca evaporación, la barrera cutánea puede debilitarse rápidamente. El resultado es una piel más reactiva, tirante, sensible y vulnerable.

Yvette Pons. 

"El sudor no se debe entender como un enemigo, sino como una función fisiológica esencial para regular la temperatura corporal. Sin embargo, cuando se combina con calor intenso, humedad, estrés, fricción y alteración de la barrera cutánea, puede transformar el equilibrio natural de la piel y favorecer inflamación, sensibilidad y brotes", argumenta Pons. "La clave -puntualiza- no es `dejar de sudar', sino comprender cómo responde la piel a ese nuevo entorno biológico que aparece en verano".





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