Ahora que está tan de moda el entrenamiento de fuerza, tenemos un motivo más para realizarlo: al parecer, mejora algunos parámetros estructurales de la piel, especialmente el grosor dérmico. Y lo hace mediante los siguientes mecanismos, según la Dra. Almudena Nuño, basándose en un estudio publicado en Scientific Reports. Estimula la ...
Ahora que está tan de moda el entrenamiento de fuerza, tenemos un motivo más para realizarlo: al parecer, mejora algunos parámetros estructurales de la piel, especialmente el grosor dérmico. Y lo hace mediante los siguientes mecanismos, según la Dra. Almudena Nuño, basándose en un estudio publicado en Scientific Reports.
"De hecho, algunos trabajos han observado un aumento del grosor dérmico tras aplicar programas de ejercicio de fuerza, algo especialmente interesante porque con el envejecimiento la dermis tiende a adelgazarse", aclara la dermatóloga del GEDET.
A su vez, el entrenamiento de fuerza mejora la flacidez facial de manera indirecta.
"Esta depende de muchos factores: pérdida de colágeno, elastina, grasa facial, soporte muscular, remodelado óseo y gravedad. El ejercicio de fuerza no es que tense la piel de la cara de forma mágica, pero puede contribuir por varias vías":
"Ahora bien, es importante matizar que no sustituye a tratamientos médicos o estéticos dirigidos a la flacidez facial", aclara la dermatóloga.

Hablamos del entrenamiento de fuerza, que ahora copa reportajes y redes sociales, pero ¿qué pasa con el de tipo cardiovascular? "El ejercicio aeróbico tiene efectos muy relevantes para la piel", confirma la Dra. Almudena Nuño:
"Probablemente también contribuye a disminuir la flacidez del rostro, aunque quizá de forma distinta al entrenamiento de fuerza. El ejercicio aeróbico parece asociarse más a mejoras en vascularización, metabolismo celular, inflamación y calidad global del tejido, mientras que el entrenamiento de fuerza podría tener un impacto más marcado sobre parámetros estructurales, como el grosor dérmico observado en algunos estudios".
Por tanto, añade, no es tanto una competición entre ambos, sino que actúan mediante mecanismos complementarios.
La respuesta corta sería la combinación de entrenamiento de fuerza y aeróbico, porque cada uno aporta beneficios distintos. A nivel práctico, las recomendaciones generales de salud encajan bastante bien también pensando en la piel:
150–300 minutos semanales de ejercicio aeróbico moderado (caminar rápido, correr suave, bici, nadar…).
2–3 sesiones semanales de entrenamiento de fuerza.
"Más que pensar en un porcentaje exacto, yo hablaría de una combinación equilibrada. Si hubiera que simplificar: una base aeróbica regular + incorporar fuerza varias veces por semana probablemente sea la estrategia más razonable para una piel sana y para un envejecimiento cutáneo saludable".
Y una última puntualización dermatológica: el "mejor ejercicio para la piel" también depende de la patología. Por ejemplo, en rosácea probablemente habrá que cuidar el sobrecalentamiento; en dermatitis atópica, el sudor y el roce; y en deporte al aire libre, la fotoprotección es clave.
La Dra. Almudena Nuño es dermatóloga del GEDET y directora de IMDA Instituto de Medicina y Dermatología Avanzada.