Una mujer adulta usa una media de doce productos cosméticos al día, lo que supone aproximadamente 168 ingredientes químicos distintos sobre su piel. O lo que es lo mismo, cinco millones de exposiciones químicas cutáneas a lo largo de una vida de 80 años. Ese ecosistema se denomina exposoma cosmético. ...
Una mujer adulta usa una media de doce productos cosméticos al día, lo que supone aproximadamente 168 ingredientes químicos distintos sobre su piel. O lo que es lo mismo, cinco millones de exposiciones químicas cutáneas a lo largo de una vida de 80 años. Ese ecosistema se denomina exposoma cosmético. Y como explica a EsVivir Sonia Almela, experta en salud hormonal femenina, "es la parte del exposoma que más hemos ignorado en la evaluación clínica".
Farmacéutica, doctora en galénica, I Premio Pasteur de Medicina, Farmacia e Investigación Biomédica y con formación en salud hormonal femenina por la Universidad de Harvard, Almela es también la fundadora del Endocrinology Observatory y de Me and Me, la primera marca formulada desde la endocrinología cutánea para cuidar la piel sin alterar el sistema hormonal de la mujer.
Los disruptores endocrinos, sustancias químicas que interfieren con el sistema hormonal del organismo, afectan especialmente a la salud femenina "y hay razones biológicas muy concretas para ello", apunta la especialista. El motivo es que actúan principalmente a través de los receptores de estrógenos, que son mucho más abundantes y determinantes en la biología femenina que en la masculina. "El sistema reproductor femenino, regulado por el eje hipotálamo-hipófiso-ovárico, es especialmente sensible a cualquier interferencia hormonal externa", puntualiza.
Pero hay además un factor del que se habla poco: los disruptores endocrinos son lipófilos, es decir, tienen afinidad por la grasa, se acumulan en el tejido adiposo. Y las mujeres tenemos, por biología, mayor proporción de tejido graso que los hombres. Eso significa mayor capacidad de acumulación, mayor tiempo de exposición interna y mayor impacto metabólico. Así que no es solo que nos afecten más, es que los almacenamos más", subraya la doctora.
A esto se suma que el consumo de productos cosméticos es mayoritariamente femenino, lo que multiplica la exposición por vía cutánea. No es solo biología, es también exposoma diferencial. Y mucha atención al gran problema actual: "Las niñas utilizan desde edades tempranas muchísima cosmética que está repleta de disrupción endocrina, y este es un tema muy preocupante", advierte.
Cuatro mitos sobre los disruptores endocrinos
Además, circulan muchos mitos alrededor de los disruptores endocrinos, "y algunos son especialmente peligrosos porque generan una falsa sensación de seguridad", en palabras de Sonia Almela. El primero es el mito de "natural igual a seguro". "Natural describe el origen del ingrediente, no su actividad biológica", argumenta. Por ejemplo, el aceite de lavanda, el aceite de árbol del té, el hinojo o la soja; todos tienen actividad estrogénica documentada en estudios publicados en revistas de primer nivel. "Un receptor hormonal no lee la etiqueta", añade.
El segundo es el mito de "sin parabenos igual a seguro". En este sentido, la experta señala que los parabenos se retiraron de muchas fórmulas con razón, "pero lo que se puso en su lugar (fenoxietanol, isotiazolinas, donadores de formaldehído) tiene en muchos casos perfiles de seguridad igualmente cuestionables".
El tercero es el mito de "las dosis son tan pequeñas que no pueden tener efecto". La farmacología transdérmica lleva cuarenta años demostrando exactamente lo contrario: parches de terapia hormonal con 25 microgramos de estradiol en 6,5 cm² producen modificación hormonal sistémica completa. La cosmética aplica varios gramos de mezcla de 168 ingredientes sobre 15.000 cm² de piel cada día durante ochenta años. Por lo tanto, señala, la pregunta no es si tiene efecto, es qué efecto tiene.
Y el cuarto, quizás el más extendido en entornos profesionales: "Si está aprobado, es seguro". "Aprobado significa que cumple los criterios regulatorios vigentes", matiza Almela.Esos criterios evalúan cada ingrediente de forma aislada, en un adulto sano de referencia (históricamente masculino, nunca femenino) en ensayos a corto plazo. No evalúan el efecto cóctel de 168 ingredientes combinados, no evalúan la bioacumulación crónica y no evalúan las ventanas de vulnerabilidad femenina (embarazo, lactancia, perimenopausia, tratamiento oncológico hormonal…). Aprobado y seguro para la biología hormonal femenina no son sinónimos.
La primera marca de cosmética biomédica sin disruptores endocrinos
En este contexto nace Me and Me, la primera marca de cosmética biomédica sin disruptores endocrinos. El punto de partida es una pregunta que la propia experta se hizo como farmacéutica y como mujer cuando se quedó embarazada: "¿Por qué la cosmética nunca ha tenido que demostrar que es compatible con la biología hormonal femenina?". Llevaba años trabajando en formulación cosmética en multinacionales del sector, y cuanto más sabía sobre endocrinología cutánea, "más incómoda me sentía con lo que el mercado ofrecía", reconoce. Decidió así crear una marca formulada desde un criterio que no existía como categoría: la dermohormonal. "Una cosmética que no solo no dañe el sistema hormonal cutáneo; que lo proteja, lo active y lo transforme", apunta.
Me and Me es la primera marca con la categoría DERMOHORMONAL registrada y con la certificación HORMONE SAFETY VERIFIED, que valida no solo cada activo de forma individual, sino la fórmula completa. "Porque el efecto cóctel existe y hay que evaluarlo así. Es el único estándar que evalúa la actividad endocrina del producto tal como lo recibe la piel: como mezcla, no como ingredientes aislados", detalla su fundadora.
Los productos de la firma protegen las hormonas a través de la piel desde tres niveles que llaman proteger, actuar y transformar. "El primero significa eliminar de las fórmulas todo ingrediente con actividad hormonal disruptora documentada. Sin filtros UV con actividad estrogénica. Sin parabenos. Sin ftalatos. Sin fragancias sintéticas que oculten compuestos no declarados". Así, la piel no recibe señales hormonales falsas desde fuera. Activar, prosigue explicando, conlleva estimular el sistema hormonal que la piel ya tiene, su capacidad intracrina de producir estrógenos locales, de regular el cortisol cutáneo, de activar la reparación del ADN a través del eje MC1R. "No añadimos hormonas desde fuera. Activamos las que la piel produce por sí misma", aclara la doctora.
Por su parte, transformar significa formular con concentraciones realmente eficaces de cada activo, no cantidades simbólicas para que aparezcan en el etiquetado. "La diferencia entre un producto que promete y uno que funciona está en la concentración, en la sinergia de los ingredientes y en que esos ingredientes o mezclas demuestren su eficacia medible en análisis clínicos", agrega.Y esa diferencia también tiene coste económico, "que es parte de la razón por la que la industria convencional no va por este camino".
El criterio para una rutina de cuidado de la piel en cada etapa
Como experta, Sonia Almela indica también qué debe tener en cuenta una mujer en cada etapa a la hora de escoger los productos para la rutina de cuidado de la piel. "El criterio es el mismo en todas las etapas (INCI transparente, verificación endocrina del formulado, fotoprotección mineral), pero la urgencia varía según la biología de cada momento", apostilla.
En adolescencia y pubertad, el sistema hormonal está en plena configuración. Es la ventana de mayor vulnerabilidad endocrina y, paradójicamente, el momento en que más productos cosméticos se introducen. El criterio de selección debería ser máximo.
En edad reproductiva, el foco está en la fotoprotección, pues es el producto de mayor superficie, mayor frecuencia y mayor concentración de filtros potencialmente disruptores. Por eso, aconseja filtro mineral siempre como primera línea.
En embarazo y lactancia, la exposición cutánea llega al feto y al lactante, así que simplificar la rutina al máximo, eliminar todo lo no esencial y que la fotoprotección sea mineral exclusivamente y sin disruptores endocrinos.
En perimenopausia y menopausia, la piel depende cada vez más de su sistema hormonal local. Cualquier interferencia externa tiene mayor impacto porque el sistema tiene menos reservas y es el momento de exigir más al producto que se usa, no menos.
En oncología, Me and Me ofrece un cuidado cutáneo con seguridad endocrina validada, regeneración celular activa y protección de la microbiota: un enfoque preventivo y biológicamente respetuoso para la piel durante todo el tratamiento.
Y sobre todo, en todas las etapas, la conclusión es "menos productos con más criterio siempre es mejor que más productos sin él".