Sin embargo, muchos de estos comportamientos forman parte del desarrollo normal y, según los expertos, la clave no está en insistir más, sino en cambiar el enfoque.Daniel Escobar Sáez, dietista-nutricionista pediátrico, explica que algunos de los errores más comunes de los adultos pueden condicionar la relación de los niños con ...
Sin embargo, muchos de estos comportamientos forman parte del desarrollo normal y, según los expertos, la clave no está en insistir más, sino en cambiar el enfoque.
Daniel Escobar Sáez, dietista-nutricionista pediátrico, explica que algunos de los errores más comunes de los adultos pueden condicionar la relación de los niños con la comida mucho más de lo que imaginamos.
Uno de ellos es desplazar grupos de alimentos para conseguir que el pequeño "coma algo". "Es muy frecuente que, para que el peque coma, se termine recurriendo en exceso a un único alimento, como la leche, desplazando otros grupos esenciales", señala. A medio y largo plazo, advierte, este hábito puede favorecer un trastorno de evitación-restricción alimentaria o consolidar una dinámica alimentaria poco saludable.
Otro fallo habitual consiste en retrasar la introducción de alimentos sólidos durante la alimentación complementaria por motivos ajenos al desarrollo del niño. "Esto puede aumentar el riesgo de rechazo de alimentos y dificultar la integración de habilidades motoras y sensoriales relacionadas con la alimentación", explica.
Las verduras, el pescado o determinados sabores suelen convertirse en los grandes enemigos de muchos niños. Sin embargo, antes de alarmarse conviene entender que el rechazo alimentario forma parte, en muchos casos, del desarrollo infantil.
"No existe un consenso que determine que determinados grupos de alimentos se rechacen en todos los hogares", aclara Escobar, dietista-nutricionista pediátrico y responsable científico de Tiny Riots. Por eso insiste en la importancia de ofrecer una alimentación variada desde los seis meses y durante todo el primer año de vida. "Cuanta más variedad exista, mejor. Hay muchas verduras y muchas formas distintas de prepararlas."
Además, recuerda que la llamada neofobia alimentaria —el rechazo a probar alimentos nuevos— suele aparecer como una etapa normal del neurodesarrollo. "Es una compañera de viaje que, de forma natural, suele desaparecer a medida que el peque crece."
¿Cuándo conviene pedir ayuda? El experto recomienda consultar con un profesional "cuando se rechazan más de dos grupos de alimentos, la alimentación se vuelve muy selectiva, repetitiva y conflictiva, o aparecen cambios en el comportamiento, el crecimiento o el desarrollo del niño".
Obligar a terminar el plato, premiar con postre o utilizar amenazas siguen siendo estrategias muy presentes en muchos hogares. Sin embargo, la evidencia científica apunta en otra dirección.
"Actualmente no existe una fórmula que prevenga al cien por cien el rechazo de alimentos", afirma Escobar. Lo que sí puede hacerse es favorecer una relación saludable con la comida mediante estilos de crianza respetuosos.
Entre las claves destaca fomentar la autonomía del niño en pequeñas decisiones relacionadas con la alimentación, respetar sus señales de hambre y saciedad y mantener rutinas coherentes durante las comidas. "Amenazar, forzar, premiar, castigar, obligar o chantajear no favorecen unas buenas dinámicas de alimentación."
El interés por métodos como el baby-led weaning (BLW) ha crecido de forma notable en los últimos años. Sin embargo, Escobar recuerda que la ciencia no ha demostrado que exista un método claramente superior. "Según la evidencia, no hay diferencias significativas en el estado de salud de los niños que comienzan la alimentación complementaria con métodos autoguiados, con triturados o con un método mixto", explica.
Lo realmente importante es que el proceso esté adaptado a cada familia y supervisado por un dietista-nutricionista pediátrico. "Siempre que la alimentación complementaria esté bien planificada, se espera que el peque crezca sano, independientemente del método elegido."
Eso sí, cuando se opta por introducir sólidos desde el principio, considera recomendable que las familias reciban formación en primeros auxilios pediátricos para saber cómo actuar ante un posible atragantamiento.
La falta de tiempo, las jornadas laborales o la facilidad para recurrir a ultraprocesados hacen que muchas familias sientan que comer bien es complicado. Para Escobar, la solución pasa por simplificar. "La alimentación nunca puede convertirse en una piedra en un camino liso. Debe adaptarse a la familia y a sus circunstancias", afirma.
Su recomendación es apostar por recetas sencillas y fáciles de preparar, que puedan mantenerse en el tiempo. También recuerda una pauta muy útil para equilibrar los platos: "La mitad deberían ser verduras y hortalizas; una cuarta parte, legumbres, pescado, carne o huevo; y el último cuarto, tubérculos o cereales integrales como arroz, pasta o pan."
Un último gesto puede mejorar tanto el sabor como la calidad nutricional: "Añadir un chorro de aceite de oliva siempre suma". Porque, más allá de buscar la alimentación perfecta, el objetivo debería ser construir hábitos saludables que toda la familia pueda mantener con naturalidad.