Cada vez más personas reducen el consumo de carne por motivos de salud, sostenibilidad o bienestar animal. En paralelo, el supermercado se ha llenado de hamburguesas, embutidos, quesos y bebidas con la etiqueta de plant-based. Las cifras, además, están ahí y sus conclusiones van en la misma línea. Según el ...
Cada vez más personas reducen el consumo de carne por motivos de salud, sostenibilidad o bienestar animal. En paralelo, el supermercado se ha llenado de hamburguesas, embutidos, quesos y bebidas con la etiqueta de plant-based. Las cifras, además, están ahí y sus conclusiones van en la misma línea. Según el reciente informe `El mercado minorista de alimentos de origen vegetal en España 2023-2025', elaborado por The Good Food Institute (GFI) Europe, solo en España, este sector experimentó un crecimiento interanual del 7,7 % el año pasado. Y lo que es más significativo: este incremento consolida a las bebidas, yogures y alternativas vegetales no solo en las dietas veganas, sino en la cesta de la compra del 67% de la población.
Este escenario enlaza con un estudio pionero sobre productos de supermercado de este tipo. El británico Instituto Joseph Whittaker analizó 71 pares de productos de supermercado, comparando alimentos veganos o plant-based con sus equivalentes cárnicos y lácteos. Los resultados pueden no gustar a quienes incluyen en su cesta de la compra este tipo de artículos confiando en que son más saludables. Y es que los productos de origen vegetal estudiados contenían el doble de aditivos alimentarios que sus equivalentes de origen animal.
El trabajo, cuyas conclusiones se recogen en 'Food Additives & Contaminants', realiza una comparativa de ambos grupos de alimentos basándose en diversos factores, como los ingredientes, el envase y el tamaño, para lograr la mayor similitud posible. Por ejemplo, leche de almendras con la alternativa normal; brownies veganos con sus equivalentes tradicionales; y carne vegetal con la convencional. Otros productos incluidos en el análisis fueron lasaña, ensalada de col, salsa pesto, mayonesa, yogur y pasteles. Todos ellos, comercializados como de origen vegetal, pero eran veganos.
En general, los resultados mostraron que el número total de aditivos alimentarios en los productos de origen vegetal fue de 199, en comparación con 100 en sus equivalentes de origen animal. Por otro lado, el número total de ingredientes en la gama de productos de origen vegetal fue de 1566, mientras que en la gama de productos de origen animal fue de 1110.
Además, se identificaron 39 aditivos alimentarios con número E en la selección de origen vegetal y 31 en la de opciones animales. En total, se identificaron 50 números E, de los cuales 20 aparecieron en ambos grupos. En cuanto a aditivos, ingredientes y números E, la diferencia entre los productos de origen vegetal y animal fue más marcada en los lácteos, la carne y el pescado, así como en sus sustitutos vegetales.
"Encontramos aproximadamente el doble de aditivos alimentarios en la muestra total de productos de origen vegetal en comparación con los de origen animal: 199 frente a 100", afirma el autor principal, Joseph Whittaker, profesor del Instituto.
¿Mayor riesgo para la salud?
Sin embargo, aunque los investigadores determinaron que los productos de origen vegetal contenían más aditivos alimentarios, esto no implica necesariamente un mayor riesgo para la salud.
En primer lugar, porque solo analizaron una gama de productos, por lo que no se debe generalizar a todos los productos de origen vegetal. Asimismo, aclaran: "No evaluamos la cantidad ni la concentración de los aditivos alimentarios utilizados, ni la frecuencia ni la cantidad de consumo de estos productos; por lo tanto, desconocemos el nivel de exposición a los aditivos alimentarios a través de estos productos", enfatiza Whittaker.
Y, por último, y no menos importante, todos los aditivos alimentarios utilizados en estos productos cumplen con la normativa británica de seguridad alimentaria.
Los investigadores son conscientes de que este estudio llega en un momento especialmente relevante, "ya que las dietas plant-based están ganando popularidad y cada vez más personas optan por alternativas vegetales, pero también les preocupa la cantidad de aditivos alimentarios en sus alimentos". Esto se conoce como la tendencia de la etiqueta limpia. En la misma línea, los consumidores intentan evitar los alimentos ultraprocesados y sus posibles efectos negativos para la salud.
No todo lo vegetal es igual
La principal limitación de la investigación fue la reducida muestra de productos analizada: una única gama comercial de un supermercado británico. Por ello, los autores consideran necesario replicar el estudio con más marcas y en otros países antes de extraer conclusiones generalizables. "Si los resultados futuros coinciden con los nuestros, podríamos empezar a generalizar más sobre los productos de origen vegetal y tener mayor certeza en nuestras conclusiones", señalan.
Además, los autores apuntan otra cuestión que plantea más estudios en otra dirección: el grado de procesamiento de estos alimentos. "Un aspecto realmente interesante que nuestro estudio no evaluó es el nivel de procesamiento de los productos de origen vegetal. Creo que se debería investigar más a fondo este aspecto, sobre todo teniendo en cuenta la popularidad actual de estas dietas", subrayan.
Aunque probablemente la conclusión más relevante del estudio es que una alimentación basada en plantas no tiene por qué sustentarse en productos diseñados para imitar la carne, el queso o los embutidos. De hecho, recuerdan que el patrón de alimentación vegetal que cuenta con mayor respaldo científico sigue siendo el que prioriza opciones poco procesadas, como legumbres, verduras, frutas, cereales integrales, frutos secos o alimentos tradicionales como el tofu o el tempeh.
En otras palabras, el estudio no cuestiona los beneficios de una alimentación rica en alimentos de origen vegetal, sino que invita a diferenciar entre una dieta basada en plantas y otra en sucedáneos vegetales altamente procesados. En suma, es lo mismo que ocurre con cualquier otro alimento: la etiqueta plant-based no lo convierte per se en una opción más saludable.