Aunque no todas las personas lo notan de la misma manera, este verano, marcado por episodios de calor especialmente intenso, conviene prestar atención a algunos hábitos que ayudan a cuidar el organismo y prevenir los efectos de las altas temperaturas.1. No esperes a tener sed para beber aguaLa hidratación es ...
Aunque no todas las personas lo notan de la misma manera, este verano, marcado por episodios de calor especialmente intenso, conviene prestar atención a algunos hábitos que ayudan a cuidar el organismo y prevenir los efectos de las altas temperaturas.
La hidratación es la mejor aliada durante el verano. Con el calor perdemos más líquidos a través del sudor y, si no los reponemos, el organismo puede resentirse.
Lo más recomendable es beber agua de forma regular a lo largo del día, incluso aunque no aparezca la sensación de sed. También ayudan las frutas y verduras con un alto contenido en agua, como la sandía, el melón, el pepino o el tomate.
Entre el mediodía y media tarde es cuando las temperaturas alcanzan sus valores más altos. Si puedes, organiza paseos, recados o ejercicio físico a primera hora de la mañana o al caer la tarde.
Además de resultar más agradable, reducirás el esfuerzo que debe hacer el organismo para mantener una temperatura corporal adecuada.
En verano es relativamente frecuente notar un ligero mareo al incorporarse demasiado rápido de la cama o del sofá. El calor favorece que la presión arterial pueda bajar ligeramente y el cambio brusco de postura puede acentuar esa sensación.
Un gesto tan sencillo como sentarse unos segundos antes de ponerse de pie puede ayudar a evitarla.
La forma de vestir también influye. Los tejidos ligeros, transpirables y de colores claros ayudan a disipar mejor el calor.
Siempre que sea posible, busca zonas de sombra cuando estés al aire libre y utiliza gorra o sombrero si vas a permanecer mucho tiempo expuesto al sol.
No hace falta dejar de hacer ejercicio durante el verano, pero sí adaptarlo a las condiciones meteorológicas.
Caminar a primera hora, nadar o realizar actividades cuando el calor es menos intenso son opciones mucho más cómodas y seguras que practicar deporte en las horas de máxima temperatura.
En verano el cuerpo suele pedir platos más sencillos. Ensaladas completas, verduras, frutas, legumbres, pescados o cremas frías permiten comer de forma equilibrada sin sobrecargar la digestión.
También conviene evitar comidas muy abundantes en las horas de más calor, ya que el organismo realiza un esfuerzo adicional durante la digestión.
Las personas con hipertensión deben continuar con el tratamiento pautado y no modificar la medicación por iniciativa propia, aunque durante el verano puedan notar cambios en sus cifras de tensión.
Si aparecen mareos frecuentes, desmayos o cualquier síntoma que genere preocupación, lo adecuado es consultar con el profesional sanitario para valorar la situación.
Las vacaciones invitan a pasar más tiempo al aire libre, viajar y cambiar las rutinas. Pero precisamente por eso es importante escuchar al cuerpo y adaptar pequeños hábitos cuando las temperaturas se disparan.
Beber suficiente agua, evitar el calor intenso, vestir de forma adecuada y respetar los momentos de descanso son gestos sencillos que ayudan a sobrellevar mejor los días más calurosos.