Los accidentes que más llevan a los niños al pediatra en verano

Ángela Zorrilla

Las vacaciones multiplican el tiempo al aire libre, pero también aumentan algunos de los problemas de salud más frecuentes en la infancia. Traumatismos, picaduras, otitis y gastroenteritis encabezan las consultas pediátricas, aunque muchas de ellas pueden prevenirse con medidas sencillas.

30/07/2026

El verano es sinónimo de juegos, playa, piscina y largas horas al aire libre. Sin embargo, este cambio de rutina también trae consigo un incremento de determinadas consultas pediátricas relacionadas con las actividades propias de esta época del año. Según explica la Dra. Ainhoa Muguruza, pediatra de Policlínica Gipuzkoa, los traumatismos, ...

El verano es sinónimo de juegos, playa, piscina y largas horas al aire libre. Sin embargo, este cambio de rutina también trae consigo un incremento de determinadas consultas pediátricas relacionadas con las actividades propias de esta época del año.

Según explica la Dra. Ainhoa Muguruza, pediatra de Policlínica Gipuzkoa, los traumatismos, las heridas y las fracturas son algunos de los motivos de consulta más habituales durante los meses estivales. A ellos se suman las picaduras de insectos, que en algunos casos pueden provocar reacciones importantes o favorecer infecciones cutáneas.

Las enfermedades digestivas y las infecciones relacionadas con el agua también aumentan durante las vacaciones. Las gastroenteritis víricas y las otitis externas son especialmente frecuentes entre los niños que pasan muchas horas en piscinas o playas. La especialista recuerda que, en la mayoría de los casos, estos problemas pueden prevenirse con una adecuada supervisión y unas pautas básicas de cuidado.

Las claves para un verano seguro

La prevención sigue siendo la mejor herramienta para evitar complicaciones durante las vacaciones. Uno de los aspectos más importantes es la protección frente al sol. Los pediatras recomiendan utilizar fotoprotectores de alta protección (SPF 50+), reaplicarlos cada dos o tres horas y evitar la exposición solar durante las horas centrales del día.

El uso de gorras, gafas de sol y ropa con protección ultravioleta también ayuda a reducir el riesgo de quemaduras. No es un detalle menor: las quemaduras solares sufridas durante la infancia se asocian a un mayor riesgo de desarrollar melanoma en la edad adulta, por lo que adquirir buenos hábitos desde pequeños resulta fundamental.

La hidratación merece también una atención especial. Los niños, especialmente los más pequeños, son más vulnerables a la deshidratación, por lo que conviene ofrecerles agua con frecuencia, incluso cuando no manifiestan sed. En el caso de los lactantes, es recomendable aumentar las tomas para compensar la pérdida de líquidos provocada por el calor.

Además, los especialistas aconsejan preparar un pequeño botiquín antes de viajar, supervisar siempre los juegos al aire libre, limitar la actividad física en las horas de mayor temperatura y acudir al pediatra si aparecen síntomas de alarma. En definitiva, con unas sencillas medidas de prevención, el verano puede seguir siendo una época de diversión, aprendizaje y descanso.





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