En esvivir.com queremos hablar de cómo recuperarlas, porque volver a hacer algo solo por el placer de hacerlo no es un capricho ni una pérdida de tiempo: es una de las formas más sanas de reconectar con quien eres más allá de tus obligaciones.Por qué soltamos lo que nos gustabaLas ...
En esvivir.com queremos hablar de cómo recuperarlas, porque volver a hacer algo solo por el placer de hacerlo no es un capricho ni una pérdida de tiempo: es una de las formas más sanas de reconectar con quien eres más allá de tus obligaciones.
Las aficiones suelen ser lo primero que sacrificamos cuando la vida se complica, precisamente porque no son obligatorias. Nadie nos exige pintar ni leer, así que cuando el día no da para todo, eso es lo que cae. Y hay una capa más profunda: a muchas mujeres se nos ha educado para sentir que el tiempo dedicado a una misma, sin un fin productivo, es tiempo robado a los demás. De ahí esa culpa que aparece en cuanto nos planteamos retomar algo que es solo para nosotras.
Esa culpa es injusta y, además, contraproducente. Una persona que se reserva un rato para lo que le gusta no está quitándole nada a su familia; está cuidándose para poder estar mejor con los demás. Las aficiones no son el premio que te ganas cuando todo lo demás está hecho, porque todo lo demás no termina nunca. Son una parte legítima de una vida equilibrada.
El error más común al retomar una afición es plantearla como un gran proyecto: "voy a pintar todos los días" o "voy a leer un libro a la semana". Esa exigencia la convierte en una obligación más, y acaba abandonada otra vez. Funciona mucho mejor empezar pequeño y sin presión:
Reservar un rato corto y concreto, aunque sean veinte minutos un par de veces por semana, en lugar de esperar a tener una tarde entera libre que nunca llega.
Dejar el material a la vista y a mano, porque lo que está guardado en un armario rara vez se usa.
Olvidarte del resultado y del nivel; el objetivo es disfrutar del proceso, no producir nada perfecto ni retomar donde lo dejaste.
Aprovechar los huecos muertos del día, como el rato antes de dormir o una pausa, para esa lectura o esa actividad tranquila.
Y conviene soltar la idea de que tienes que volver al nivel que tenías. Da igual que pintes peor que antes o que leas más despacio; lo importante es el placer de volver a hacerlo, no la comparación con tu yo de hace diez años.
La conclusión es sencilla y vale la pena tenerla presente: retomar una afición no es egoísmo ni una pérdida de un tiempo que podrías dedicar a algo "útil". Es recordar que eres una persona completa, con gustos e intereses propios, y no solo una suma de responsabilidades. Empieza por algo pequeño, sin exigencias y sin culpa, y observa cómo ese rato para ti mejora el resto del día. Esas aficiones que dejaste aparcadas siguen ahí, esperando, y volver a ellas suele ser mucho más fácil de lo que la falta de tiempo nos había hecho creer.