La exposición solar, el agua salada, el cloro de la piscina y el aire acondicionado son algunos factores que se combinan para comprometer la hidratación de nuestra piel durante los meses de verano. Si bien es cierto que el skincare del rostro está cada vez más asentado como rutina de autocuidado, muchas ...
La exposición solar, el agua salada, el cloro de la piscina y el aire acondicionado son algunos factores que se combinan para comprometer la hidratación de nuestra piel durante los meses de verano. Si bien es cierto que el skincare del rostro está cada vez más asentado como rutina de autocuidado, muchas veces prestamos una atención desigual al resto del cuerpo y no somos conscientes de si la piel está bien hidratada.
Mar Santamaria, responsable de Atención Farmacéutica de PromoFarma by DocMorris, admite que uno de los errores más frecuentes es no saber reconocer a tiempo que la piel corporal está sufriendo deshidratación. "En verano hay una serie de señales que tendemos a normalizar o a atribuir al sol o al calor, cuando en realidad nos están indicando que la piel necesita más hidratación de la que le estamos dando".

Esta misma experta nos detalla cinco de esas señales y da claves para actuar antes de que la piel acuse el desgaste de la temporada estival:
Uno de los malentendidos más comunes es creer que mientras estamos sudando nuestra piel se mantiene hidratada. La realidad es que el sudor es agua con sales minerales que el cuerpo expulsa para regular la temperatura. No solo no es un síntoma de hidratación, sino que, al evaporarse, puede dejar la piel más seca de lo que estaba. De hecho, la sudoración intensa continuada puede contribuir a alterar la barrera cutánea, haciéndola más susceptible a la pérdida de agua. Si tras un día de calor notas la piel tensa o sin tersura, no lo achaques solo al sol: puede ser la señal de que necesita hidratación activa.
La sal del mar y el cloro de las piscinas son dos de los grandes agresores de la piel en verano. Ambos alteran el manto hidrolipídico, esa capa protectora natural que mantiene la humedad dentro de la piel y los irritantes fuera. El resultado suele ser una sensación de tirantez, picor o descamación que aparece minutos después de salir del agua. Santamaria recomienda no esperar a que estos síntomas sean intensos: "La piel está avisando desde el primer picor. Aplicar un producto hidratante o un aceite seco justo después del baño, antes de que la piel se seque del todo, mejora notablemente su recuperación".
Para empezar, no deberíamos buscar el bronceado activamente, ya que siempre es sinónimo de daño solar en la piel. Sí puede ocurrir que, aunque nos protejamos, cojamos algo de tono. Una piel bien hidratada mantiene un tono (el propio de cada fototipo) más uniforme. Cuando la piel está seca o alterada, el proceso de renovación celular se acelera y las células muertas se acumulan en la superficie, dando un aspecto opaco y un tono apagado, poco saludable.
Por tanto, un tono irregular o apagado puede ser un indicador de que la barrera cutánea no está en buen estado. Los activos humectantes y emolientes de una crema hidratante o un aceite seco de absorción rápida aplicado a diario pueden marcar la diferencia: notaremos la piel hidratada en profundidad y con un aspecto más saludable.
La piel grasa produce más sebo, pero eso no significa que esté bien hidratada. El sebo y el agua son cosas distintas: una piel puede tener exceso de grasa y estar deshidratada al mismo tiempo. De hecho, cuando la piel no recibe suficiente hidratación, puede compensar produciendo aún más sebo, lo que agrava el problema.
En estos casos, la textura del producto que apliquemos sí importa. Santamaria señala que los aceites secos bien formulados son una opción especialmente interesante para pieles mixtas o grasas que rechazan las cremas convencionales: "Se absorben de forma inmediata, no obstruyen los poros y aportan los nutrientes que la piel necesita sin la sensación pesada que puede generar una crema más densa".
Un producto recomendado por la experta de PromoFarma son los aceites secos Huile Prodigieuse de Nuxe, ya que combinan hidratación, ingredientes antioxidantes que protegen la piel y un acabado luminoso especialmente pensado para la piel en verano.

Cuando se aplica un producto hidratante y la piel lo absorbe de forma casi instantánea, dejando una sensación de sequedad, es una señal de que la barrera cutánea está comprometida y que la necesidad de hidratación es real.
En estos casos, Santamaria recomienda reforzar la rutina con productos de alta penetración, aplicados preferiblemente sobre la piel todavía húmeda tras el baño para maximizar la absorción. Como truco adicional, mezclar unas gotas de aceite seco con la crema corporal habitual multiplica el efecto hidratante y facilita su extensión. En definitiva, el verano no es una tregua para la hidratación corporal, sino el momento en que la piel más lo necesita.
Reconocer las señales a tiempo y adaptar la rutina con productos adecuados a la estación —ligeros, de absorción rápida y con propiedades nutritivas— marca la diferencia entre llegar al otoño con una piel sana o con una piel castigada que puede tardar meses en recuperarse. Ante cualquier duda sobre qué productos o rutina se adaptan mejor a cada tipo de piel, consultar con un farmacéutico experto en dermofarmacia es siempre el mejor punto de partida.