Cuidar lo que comemos es importante; hacer ejercicio regular y saludable es sano y, por tanto, aconsejable. Pero ¿qué ocurre cuando el interés se transforma en control y obsesión? ¿Cuándo la vida empieza a centrarse en esas formas de comer o en la intensidad del ejercicio? ¿Cuándo modifica la vida ...
Cuidar lo que comemos es importante; hacer ejercicio regular y saludable es sano y, por tanto, aconsejable. Pero ¿qué ocurre cuando el interés se transforma en control y obsesión? ¿Cuándo la vida empieza a centrarse en esas formas de comer o en la intensidad del ejercicio? ¿Cuándo modifica la vida social? Su estudio, su trabajo, sus relaciones sociales, el despego a quien no comparte su "interés". "Esa es la línea roja que no se debe cruzar", explica a EsVivir el doctorAntonio Torres Villamor, miembro del Grupo de Trabajo de Salud Mental de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG).
Las redes sociales, la cultura fitness y la presión estética están actuando como "catalizadores clave" en el desarrollo y ocultamiento de trastornos de la conducta alimentaria (TCA), según el especialista, que en el marco del 32.º Congreso Nacional de la SEMG abordó cómo conductas obsesivas con la comida o el ejercicio se están normalizando bajo la apariencia de hábitos saludables. Son tres aspectos básicos los que han cambiado actualmente respecto a hace algunos años: su forma de presentación, la extensión de su afectación en edad y sexo, y la actitud social ante ellos. "Todo ello hace que su detección sea más difícil y, por tanto, su adecuado tratamiento", afirma Torres Villamor.
Tradicionalmente, los trastornos de la conducta alimentaria se han asociado a la anorexia o la bulimia. Aunque siguen existiendo, cada vez son más frecuentes formas "atípicas" y menos evidentes, como advierte el experto. Ahora se habla de ortorexia, permarexia o trastornos por evitación/restricción de la ingesta o por atracón, TCAs cuya identificación precoz se dificulta y pasan desapercibidas en las consultas. Por un lado, expone el doctor, por un sesgo de peso, es decir, "tendencia a buscar trastornos alimentarios solo en pacientes con bajo peso evidente". Además, el miembro del Grupo de Trabajo de Salud Mental de la SEMG habla de normalización social, un entorno en el que "dietas restrictivas y ejercicio excesivo se perciben como saludables". Así como vergüenza y ocultamiento, dado que "muchos pacientes no revelan sus síntomas por miedo al juicio médico" y la influencia de las redes sociales.
¿Autocuidado o exigencia constante?
Aunque las redes sociales desempeñan un papel importante, Torres Villamorconsidera que no son la forma adecuada de ver el problema. A su juicio, conviene replantear la forma en la que se entiende actualmente el bienestar. "¿Por qué el autocuidado debe llevarnos a unos cuerpos o a unas actitudes ante la alimentación, el ejercicio o incluso las relaciones sociales para ser más productivos, más eficientes o alcanzar una mejor calidad de vida?", se pregunta.
En su opinión, estas actitudes se definen con una expresión "completamente perversa", a su juicio: "Vales tanto como tu imagen". Como recalca el facultativo, "la vida saludable es la que nos lleva a hacer de ella una experiencia útil, satisfactoria y llevadera, integrada en la sociedad que nos ha tocado vivir".
Además, aunque los trastornos de la conducta alimentaria siguen siendo mucho más frecuentes entre mujeres adolescentes y jóvenes, generalmente entre los 12 y 24 años (con una prevalencia estimada de entre el 4,1 % y el 6,4 % en España, frente al 0,3 % en hombres), el especialista advierte de que el perfil está cambiando. "Se están produciendo cambios tanto en la edad de presentación como en la masculinización de estos problemas", señala. Aparte del aumento de casos entre varones jóvenes, los médicos observan que estos trastornos aparecen cada vez con mayor frecuencia fuera de las edades tradicionalmente consideradas de riesgo. "Están aumentando los casos en menores de 12 años y también en adultos mayores", explica Torres Villamor. A ello se suma un dato que refleja el peso que sigue teniendo la imagen corporal: alrededor del 70 % de los adolescentes reconoce no sentirse a gusto con su cuerpo.
Las señales de alarma que no hay que pasar por alto
Detectarlos a tiempo resulta fundamental, aunque no siempre es sencillo. Según el miembro de la SEMG, las primeras manifestaciones pueden ser muy variadas y no limitarse únicamente a la alimentación.
Entre las señales físicas cita molestias como dolor abdominal inespecífico, estreñimiento crónico, mareos, intolerancia al frío o lesiones musculoesqueléticas que no se corresponden con la edad o el nivel de actividad física de la persona. También pueden aparecer cambios biológicos, como amenorrea, bradicardia o alteraciones en el crecimiento.
Sin embargo, son los cambios en el comportamiento los que con mayor frecuencia hacen saltar las alarmas. El aislamiento social, la irritabilidad cuando se altera la rutina alimentaria, el interés excesivo por el etiquetado nutricional o dedicar una cantidad desproporcionada de tiempo al ejercicio físico pueden indicar que la búsqueda de una vida saludable ha dejado de ser equilibrada.
En este sentido, Torres Villamor subraya el papel de la Atención Primaria como primera línea de detección. Apuesta por incorporar un cribado más sistemático en las revisiones de niños y adolescentes con factores de riesgo, reforzar la entrevista motivacional (centrándose más en el malestar psicológico que en el peso), estrechar la coordinación con los servicios de Salud Mental y promover la educación familiar para desmontar mitos sobre las dietas restrictivas y fomentar una imagen corporal positiva.
Por último, para quienes consideran que "cuanto más sano coma y más ejercicio haga, mejor", el especialista lanza un mensaje claro: "La salud es un bien que hay que cuidar, pero también puede haber `sobredosis', y entonces deja de ser salud". Por ello, recomienda recurrir siempre a profesionales sanitarios antes que a los mensajes que circulan en redes sociales y recuerda una idea que, a su juicio, no debería perderse de vista: "El valor de la persona no está restringido al aspecto físico".