Con unas cuantas ideas frescas y rápidas, la cena deja de ser un problema y se convierte en uno de los momentos más agradables del día.Por qué en verano apetece cenar distintoCon el calor, el cuerpo pide de forma natural comidas más ligeras y frescas, y no es un capricho: ...
Con unas cuantas ideas frescas y rápidas, la cena deja de ser un problema y se convierte en uno de los momentos más agradables del día.
Con el calor, el cuerpo pide de forma natural comidas más ligeras y frescas, y no es un capricho: las digestiones pesadas por la noche dan calor, sientan mal y dificultan el descanso, algo especialmente incómodo en las noches de verano. Además, encender el horno o tener los fogones funcionando caldea toda la cocina justo cuando más buscamos frescor en casa.
Por eso, la clave de las cenas de verano está en apostar por platos fríos o de cocción mínima, que se preparen rápido y que combinen ligereza con saciedad. Porque ese es el otro punto importante: ligero no significa quedarse con hambre. Una cena que no sacia lleva directa al picoteo nocturno, así que el objetivo es que sea fresca y fácil, pero también lo bastante completa para llegar tranquila hasta la mañana.
Lo práctico es tener un repertorio de cenas que no requieran fuego o casi, para no quedarte en blanco cada noche. Algunas ideas que resuelven de sobra:
Ensaladas completas con una base de verdura y una buena fuente de proteína, como huevo cocido, atún, pollo, queso fresco o legumbre, que las convierten en plato único y saciante.
Cremas frías como el gazpacho o el salmorejo, que hidratan, alimentan y se preparan de una vez para varios días.
Tostas o montaditos con pan de calidad y toppings variados: tomate y jamón, aguacate y huevo, queso fresco y verduras asadas frías.
Tablas variadas para compartir, con encurtidos, quesos, embutido, fruta, frutos secos y algo de pan, perfectas para las noches de más pereza.
Tener siempre en la nevera algunos básicos ya listos, como huevos cocidos, verduras lavadas, una crema fría preparada o legumbre cocida, permite montar una cena equilibrada en cuestión de minutos sin encender nada. Y para las noches en que apetece algo caliente pero rápido, una tortilla, unas verduras a la plancha o un salteado ligero se hacen en poco tiempo y sin caldear la cocina como el horno.
Lo que conviene retener es que resolver las cenas de verano es cuestión de organización más que de recetas complicadas. Con un repertorio de platos frescos, algo de proteína en cada cena para que sacie y unos cuantos básicos preparados en la nevera, cenar bien en pleno julio se vuelve fácil y hasta apetecible. No hay que elegir entre cenar sano y no pasar calor cocinando; se puede tener las dos cosas. Unas cenas ligeras, ricas y sin horno hacen que las noches de verano sienten mejor, se duerma más a gusto y ese momento del día se disfrute en lugar de sufrirlo. Y todo, sin caldear la casa justo cuando buscas frescor.