En esvivir.com estamos convencidas de que esa elección es falsa, porque sí existen sandalias que cuidan tus pies y al mismo tiempo favorecen, y la clave está en saber qué buscar antes de comprarlas, no en resignarse a sufrir por ir bien calzada.Qué hace que una sandalia sea cómoda de ...
En esvivir.com estamos convencidas de que esa elección es falsa, porque sí existen sandalias que cuidan tus pies y al mismo tiempo favorecen, y la clave está en saber qué buscar antes de comprarlas, no en resignarse a sufrir por ir bien calzada.
La comodidad de una sandalia no es cuestión de suerte ni de marca, sino de unos cuantos detalles concretos que conviene aprender a mirar. El primero es la sujeción: una sandalia que se queda bien fijada al pie, con tiras que abrazan sin apretar, cansa muchísimo menos que una chancla que obliga al pie a agarrarse a cada paso. El segundo es la suela, que debería tener algo de cuerpo y amortiguación; las suelas planas y duras del todo, sin nada que absorba el impacto, acaban pasando factura en pies, rodillas y espalda.
También importa el material. El cuero y los tejidos naturales se adaptan al pie y transpiran, mientras que los materiales sintéticos rígidos son los grandes culpables de las rozaduras. Y un detalle que marca la diferencia: una sandalia con una mínima altura o cuña suele ser más cómoda que una completamente plana, porque respeta mejor la postura natural del pie. No hace falta tacón, basta con que no quede el pie pegado al suelo del todo.
Más allá de la comodidad, hay formas y detalles que estilizan la pierna y el pie, y combinarlos con lo cómodo es perfectamente posible:
Las sandalias con tiras finas y que dejan el empeine despejado alargan visualmente la pierna, mientras que las que cruzan el tobillo lo acortan, algo a tener en cuenta según tu altura.
Los tonos nude o similares al de tu piel estilizan porque dan continuidad a la pierna, un truco infalible para los días que quieras parecer más alta.
Una cuña cómoda da altura y estiliza sin el sufrimiento del tacón fino, y aporta estabilidad.
Probarlas siempre a última hora del día, cuando el pie está más hinchado, y caminar un rato con ellas antes de decidir evita sorpresas.
Para prevenir rozaduras, conviene estrenar las sandalias poco a poco en casa antes de un día largo, y llevar encima una tirita o un stick antirroces los primeros usos. Las zonas de tiras nuevas son las que más castigan hasta que el material cede y se adapta al pie.
La idea con la que quedarse es que no tienes que elegir entre tus pies y tu estilo. Buscando sujeción, una suela con algo de amortiguación, buenos materiales y formas que favorezcan, encontrarás sandalias con las que caminar durante horas sin acordarte de ellas y, a la vez, sentirte bien arreglada. Estrenarlas con cabeza y prevenir las rozaduras desde el principio hace el resto. El verano es largo y se anda mucho; merece la pena invertir un poco de criterio en un calzado que te lleve a todas partes sin castigarte. Unos pies contentos se notan, además, en lo bien que te mueves y en lo poco que piensas en ellos.