Según datos de GAES, durante la última semana de julio y las tres primeras de agosto se concentra hasta el 70% de los casos de otitis de todo el año, coincidiendo con el periodo vacacional y la época de temperaturas más elevadas. Este problema es de tal magnitud que, en las zonas ...
Según datos de GAES, durante la última semana de julio y las tres primeras de agosto se concentra hasta el 70% de los casos de otitis de todo el año, coincidiendo con el periodo vacacional y la época de temperaturas más elevadas. Este problema es de tal magnitud que, en las zonas de costa o con gran afluencia de piscinas, esta afección puede llegar a suponer entre el 15% y el 20% de todas las consultas médicas durante los meses de verano.
El agua de la piscina y la del mar tienen un efecto muy parecido sobre el oído. La diferencia es que el agua de la piscina, por el cloro y su pH, elimina con mayor facilidad la capa de grasa natural que protege el conducto auditivo. Sin embargo, si el agua del mar permanece retenida en el oído durante un tiempo, también reblandece la piel y hace que pierda parte de su función protectora.
A ello se suma el calor y la humedad que dificultan la evaporación del agua que queda atrapada en el oído y crean un entorno favorable para la proliferación de bacterias y hongos.
Aunque el agua suele ser el desencadenante, en muchas ocasiones son determinados hábitos los que favorecen la aparición de la infección o dificultan su recuperación.
Entre los errores más frecuentes destacan:
Usar bastoncillos para limpiar o secar el oído. Es el factor de riesgo número uno. Empujan la cera hacia el fondo del conducto, formando un tapón que retiene agua y favorece la infección
Pensar que cualquier tapón sirve. No todos ofrecen la misma protección ni son igual de eficaces
Recurrir a remedios caseros, como aplicar aceite de oliva o de almendras antes de nadar, creyendo que impiden la entrada de agua
Seguir bañándose en piscinas o en el mar una vez iniciado el tratamiento, lo que puede retrasar la curación. Un fallo clásico en vacaciones ya que el oído infectado necesita reposo absoluto
Automedicarse con gotas sobrantes de tratamientos anteriores. Algunas pueden no ser adecuadas e incluso resultar perjudiciales si existe una perforación del tímpano no diagnosticada
Aunque suele ser una patología leve, detectarla a tiempo es vital. Si tu hijo o hija presenta alguno de estos síntomas de alerta, es muy probable que estemos ante un caso de otitis:
Los especialistas destacan que la prevención se basa, principalmente, en dos medidas sencillas:
Secado a conciencia: Tras cada baño, seca bien los oídos con una toalla suave o un secador en modo frío para eliminar la humedad residual
Utilizar tapones cuando estén indicados. En personas con el tímpano sano pueden ser una medida preventiva útil, siempre que sean de silicona moldeable o estén hechos a medida y se coloquen con el oído completamente seco. En quienes tienen el tímpano perforado o llevan tubos de ventilación, es recomendable utilizar tapones personalizados adaptados por un profesional