Cada vez dedicamos más tiempo a cuidar el cuerpo: hacemos ejercicio, prestamos atención a la alimentación o intentamos dormir mejor. Sin embargo, también es conveniente cultivar la mente y la curiosidad como seres humanos que somos. Ir al cine, visitar un museo o asistir a un concierto no constituyen solo ...
Cada vez dedicamos más tiempo a cuidar el cuerpo: hacemos ejercicio, prestamos atención a la alimentación o intentamos dormir mejor. Sin embargo, también es conveniente cultivar la mente y la curiosidad como seres humanos que somos. Ir al cine, visitar un museo o asistir a un concierto no constituyen solo una forma de ocio; también contribuyen al bienestar físico y mental.
No se trata solo de una hipótesis. Diversas investigaciones llevan años apuntando que incorporar estas actividades a la rutina podría tener beneficios para la salud. Ahora, un nuevo estudio realizado con casi 1.900 personas sube otro escalón: relaciona realizar planes culturales de forma frecuente con un envejecimiento biológico más saludable.
Esa es la conclusión a la que ha llegado un equipo de investigadores de la Universidad de Ciencias de Tokio tras analizar los hábitos culturales y el estado de salud de 1.899 personas. Quienes acudían con frecuencia a cines, museos, galerías de arte o espectáculos presentaban una edad biológica media tres años menor que quienes apenas realizaban este tipo de actividades. Aunque la investigación se llevó a cabo con personas mayores de 50 años residentes en Inglaterra, sus resultados se suman a un creciente número de estudios que exploran cómo la participación cultural puede formar parte de un estilo de vida saludable.
¿Por qué las actividades culturales podrían influir en el envejecimiento?
Los investigadores analizaron seis tipos de actividades culturales: ir al cine o al teatro, visitar museos, asistir a conciertos, participar en clubes de lectura o apuntarse a clases de baile. Sus beneficios no residen únicamente en contemplar una obra de arte en sí misma o disfrutar una película en la gran pantalla. El quid de la cuestión es que implican salir de casa, pasear, mantener una vida social activa y romper con la rutina. Es decir, factores asociados a un mejor estado físico y emocional. Y claro está, a ello se suma la estimulación intelectual que supone descubrir nuevas ideas, emociones o formas de expresión, un entrenamiento constante para el cerebro.
Para estimar la edad biológica de los participantes, los investigadores combinaron diez indicadores objetivos de salud, entre ellos la presión arterial, la capacidad pulmonar, el índice de masa corporal (IMC), la fuerza de agarre o la velocidad al caminar. Con todos ellos calcularon una edad fisiológica, que puede ser diferente de la edad que marca el calendario.
Los resultados, publicados en la revista International Journal of Epidemiology and Community Health, se midieron en base a la frecuencia con que los participantes acudían a tres tipos de actividades: cine, museos y teatros/conciertos. Los participantes que acudían con más frecuencia a actividades culturales presentaban una edad biológica media de 66,9 años, frente a los 69,9 años de quienes solo iban una o dos veces al año. La diferencia se mantenía pese a que la edad cronológica de ambos grupos era muy similar.
Cabe recordar que la edad cronológica es simplemente el tiempo transcurrido desde el nacimiento, mientras que la edad biológica refleja el estado funcional y fisiológico real de las células y órganos, y puede variar significativamente dependiendo de la genética, hábitos de vida, nutrición, estrés y exposición ambiental. En otras palabras, la primera avanza de forma invariable, mientras que la segunda puede verse influida por distintos factores relacionados con el estilo de vida.
La conclusión a la que llegan los autores es que las actividades culturales pueden mejorar la salud al aumentar las salidas y la actividad física, fortalecer las interacciones sociales y reducir el estrés y la soledad. Por supuesto, es posible que las personas más sanas ya fueran más activas en actividades culturales. Además, las personas que participan habitualmente en actividades culturales suelen tener mayores ingresos y patrimonio, factores que también pueden relacionarse con hábitos de vida más saludables.
La cultura tiene beneficios para la salud
Sin embargo, este no es el primer estudio que destaca los efectos positivos de la cultura y las artes en la salud. El año pasado, un equipo de investigación del King's College de Londres publicó un análisis que mostraba que apreciar obras de arte originales en museos reducía el estrés y fortalecía el sistema inmunitario. La reducción del estrés, relacionado con múltiples problemas de salud, puede tener efectos beneficiosos sobre el organismo.
Anteriormente, un estudio del University College de Londres (UCL) descubrió que los visitantes habituales de museos tenían aproximadamente la mitad de riesgo de desarrollar demencia.
Quizás esa entrada para ver una película, apreciar una exposición o disfrutar de un espectáculo no sea solo un simple pase, sino una dosis de bienestar. Aunque ningún plan cultural sustituya a los efectos de una alimentación equilibrada, ejercicio físico regular y todos esos hábitos que conforman el ABC de una vida saludable, sí que puede convertirse en un aliado más para cuidar la salud. Al fin y al cabo, el bienestar también se puede (y se debe) alimentar manteniendo la mente activa y encontrando tiempo para disfrutar de aquello que nos emociona.