La kombucha, el kéfir de agua o bebidas como el tepache viven un auténtico momento de auge. Su sabor, su carácter refrescante y el creciente interés por la alimentación consciente han impulsado una tendencia que parece haber llegado para quedarse.¿Qué tienen de especial?Las bebidas fermentadas se elaboran mediante un proceso ...
La kombucha, el kéfir de agua o bebidas como el tepache viven un auténtico momento de auge. Su sabor, su carácter refrescante y el creciente interés por la alimentación consciente han impulsado una tendencia que parece haber llegado para quedarse.
Las bebidas fermentadas se elaboran mediante un proceso natural en el que microorganismos como bacterias y levaduras transforman los azúcares presentes en los ingredientes. El resultado son bebidas con sabores complejos, ligeramente ácidos y, en muchos casos, con una suave efervescencia natural.
Aunque la fermentación es una técnica milenaria utilizada en alimentos como el yogur, el queso o el pan, en los últimos años ha despertado un renovado interés por su relación con la microbiota intestinal y el bienestar digestivo.
Eso sí, los expertos recuerdan que ninguna bebida es un producto milagro. Mantener una microbiota saludable depende del conjunto de la alimentación, rica en frutas, verduras, legumbres, cereales integrales y alimentos variados, además de un estilo de vida activo.
Elaborada a partir de té, azúcar y un cultivo de bacterias y levaduras conocido como SCOBY, la kombucha destaca por su sabor ligeramente ácido y burbujeante.
Existen variedades con frutas, cítricos, especias o hierbas aromáticas que la convierten en una alternativa atractiva para quienes desean reducir el consumo de bebidas azucaradas o alcohólicas.
Su popularidad también responde a la búsqueda de bebidas más naturales y con perfiles de sabor diferentes a los refrescos convencionales.
Aunque el kéfir suele asociarse a la leche, existe una versión elaborada únicamente con agua, azúcar y nódulos de kéfir.
El resultado es una bebida suave, con una ligera efervescencia y muy agradable para consumir bien fría durante los meses de verano. Además, puede aromatizarse con limón, jengibre, frutos rojos o menta para conseguir sabores diferentes sin necesidad de recurrir a bebidas industriales.
La familia de las bebidas fermentadas continúa creciendo. El tepache, elaborado tradicionalmente con piña; el kvass, de origen eslavo y preparado con pan de centeno; o el jun, una bebida similar a la kombucha pero fermentada con té verde y miel, empiezan a ganar protagonismo entre los consumidores más curiosos.
También el vinagre de manzana diluido en agua o los shrubs —bebidas elaboradas con fruta, vinagre y especias— se han abierto paso como propuestas originales para preparar cócteles sin alcohol o bebidas refrescantes.
El éxito de estas bebidas va mucho más allá de su proceso de elaboración. Representan una forma de entender la alimentación basada en ingredientes sencillos, menos procesados y con sabores auténticos.
Además, encajan con otras tendencias que siguen creciendo, como el movimiento mindful eating, la reducción del consumo de alcohol o la búsqueda de alternativas con menos azúcar añadido.
No es casualidad que muchas personas sustituyan ya el refresco del aperitivo por una kombucha bien fría o preparen en casa sus propias bebidas fermentadas.
Aunque, en general, las bebidas fermentadas comerciales son seguras para la mayoría de las personas, conviene consumirlas con moderación y revisar su etiquetado. Algunas contienen azúcares añadidos, cafeína —en el caso de la kombucha elaborada con té— o pequeñas cantidades de alcohol generadas durante la fermentación.
Las personas embarazadas, quienes tienen el sistema inmunitario debilitado o padecen determinadas enfermedades digestivas deberían consultar con un profesional sanitario antes de incorporar de forma habitual bebidas fermentadas, especialmente si son de elaboración casera.