En esvivir.com queremos contarte cómo cuidarla bien, porque muchas veces damos por perdidas prendas que en realidad se podían haber salvado con un lavado y un guardado correctos. Alargar la vida de tu ropa de verano no solo la mantiene como nueva, sino que te ahorra tener que reponerla cada ...
En esvivir.com queremos contarte cómo cuidarla bien, porque muchas veces damos por perdidas prendas que en realidad se podían haber salvado con un lavado y un guardado correctos. Alargar la vida de tu ropa de verano no solo la mantiene como nueva, sino que te ahorra tener que reponerla cada temporada.
La ropa que llevamos en verano se enfrenta a agresiones muy concretas. El sudor, sobre todo combinado con los desodorantes, es el principal responsable de esas antiestéticas manchas amarillentas en las axilas de las camisetas y camisas blancas. Las cremas solares dejan marcas grasientas difíciles de eliminar si no se tratan a tiempo, y el cloro y la sal deterioran los tejidos de los bañadores y la ropa de playa. A todo ello se suma el sol, que va destiñendo los colores con cada tendido al aire libre.
Entender de dónde vienen estos daños ayuda a prevenirlos. La mayoría de las manchas de verano se fijan y se vuelven permanentes con el tiempo y con el calor, así que la clave está en actuar pronto y lavar bien, antes de que el problema se instale. Una prenda tratada a tiempo se salva casi siempre; una que se deja con la mancha durante semanas, rara vez.
Con unos cuantos gestos sencillos se puede mantener la ropa de verano en mucho mejor estado durante más tiempo:
Lavar las prendas pronto tras usarlas, sin dejar que el sudor o las cremas reposen días, que es cuando las manchas se fijan de verdad.
Tratar las manchas de sudor y protector solar antes del lavado, aplicando sobre la zona algún producto o remedio adecuado y dejándolo actuar un rato.
Lavar del revés las prendas de color y con agua no demasiado caliente, para proteger los tonos y evitar que destiñan.
Aclarar siempre los bañadores con agua dulce tras la piscina o la playa, y lavarlos a mano con suavidad, sin retorcerlos, para que no pierdan elasticidad.
Al secar, conviene evitar el sol directo prolongado sobre los colores, que los apaga, y tender del revés las prendas más delicadas. Y a la hora de guardar, la ropa debe estar completamente limpia y seca, porque una mancha invisible o un resto de humedad al guardarla es lo que provoca que aparezcan amarilleos y manchas durante el almacenaje. Guardar en lugares secos y transpirables, mejor que en plástico cerrado, mantiene los tejidos en buen estado.
Lo importante que conviene llevarse es que buena parte de lo que damos por estropeado se podía haber evitado con un cuidado a tiempo. Lavar pronto, tratar las manchas antes de que se fijen, proteger los colores del sol y guardar todo limpio y seco basta para que tu ropa de verano llegue en buen estado a la próxima temporada. No es cuestión de dedicarle horas ni de complicarse, sino de unos gestos sencillos incorporados a la rutina. Cuidar la ropa es cuidar también tu bolsillo y el medio ambiente, porque una prenda que dura más es una prenda que no hay que reponer. Con estos hábitos, tus tejidos ligeros y tus colores favoritos seguirán como nuevos verano tras verano.