La enfermedad del hígado que puede pasar años sin dar síntomas

Ángela Zorrilla

La hepatitis puede permanecer oculta durante décadas y detectarla a tiempo cambia por completo el pronóstico. Los especialistas recuerdan quiénes deberían hacerse una prueba al menos una vez en la vida y cómo una técnica no invasiva permite conocer el estado del hígado en solo unos minutos.

20/08/2026

La mayoría de las personas asocia la hepatitis con una enfermedad grave, pero pocas saben que puede permanecer completamente silenciosa durante años. De hecho, uno de los mayores problemas de esta infección es que, en muchos casos, no provoca síntomas hasta que el hígado ya ha sufrido un daño importante.Por ...

La mayoría de las personas asocia la hepatitis con una enfermedad grave, pero pocas saben que puede permanecer completamente silenciosa durante años. De hecho, uno de los mayores problemas de esta infección es que, en muchos casos, no provoca síntomas hasta que el hígado ya ha sufrido un daño importante.

Por eso, los especialistas insisten en la importancia del diagnóstico precoz. Un simple análisis de sangre puede detectar la infección antes de que aparezcan complicaciones y permitir iniciar un tratamiento que, en muchos casos, evita consecuencias como la fibrosis, la cirrosis o incluso el cáncer de hígado.

"El gran problema de la hepatitis es que cuando aparecen los síntomas, en muchos casos el daño ya está avanzado", explica el doctor Juan Arenas, jefe del Servicio de Aparato Digestivo de Policlínica Gipuzkoa.

La hepatitis viral sigue siendo una de las principales causas de enfermedad hepática en el mundo, aunque los avances en el diagnóstico y el tratamiento han cambiado radicalmente el pronóstico de muchos pacientes. Aun así, miles de personas conviven con una infección sin saberlo porque nunca han presentado molestias o estas han pasado desapercibidas.

¿Quién debería hacerse la prueba?

Los expertos recomiendan que determinadas personas se realicen al menos una vez una prueba para detectar la hepatitis B y C. Entre ellas se encuentran quienes presentan alteraciones en las analíticas hepáticas, han recibido transfusiones de sangre hace décadas, han estado expuestos a determinadas prácticas de riesgo o proceden de regiones donde estas infecciones son más frecuentes.

El motivo es sencillo: muchas personas pudieron contagiarse hace años y desconocer completamente que siguen siendo portadoras del virus.

Las hepatitis B y C se transmiten principalmente por contacto con sangre infectada y determinadas prácticas sexuales de riesgo, mientras que otros tipos, como la hepatitis A o E, suelen propagarse por la vía fecal-oral.

Cuando el hígado empieza a cicatrizar

El hígado desempeña funciones esenciales para el organismo: elimina toxinas, participa en la digestión y regula numerosos procesos metabólicos. Cuando una hepatitis se cronifica, la inflamación persistente puede provocar pequeñas cicatrices en el tejido hepático.

Con el paso del tiempo, esas cicatrices pueden multiplicarse y alterar la estructura normal del órgano, dando lugar a la fibrosis. Si el proceso continúa avanzando, puede aparecer una cirrosis, una enfermedad que compromete seriamente el funcionamiento del hígado.

La buena noticia es que, cuando la infección se detecta de forma precoz, es posible frenar ese deterioro e incluso revertir parte del daño antes de que aparezcan complicaciones irreversibles.

Una prueba de cinco minutos que evita muchas biopsias

El diagnóstico de las enfermedades hepáticas también ha evolucionado. Una de las herramientas que utilizan cada vez más especialistas es el FibroScan, una prueba no invasiva que permite conocer el grado de fibrosis del hígado sin necesidad de realizar una biopsia.

El procedimiento dura apenas entre cinco y diez minutos, no requiere anestesia ni ingreso hospitalario y mide la rigidez del hígado mediante ondas mecánicas. Además de detectar la presencia de fibrosis, también ofrece información sobre la acumulación de grasa en el órgano, un problema cada vez más frecuente debido al aumento del hígado graso asociado al sobrepeso, la obesidad y los trastornos metabólicos.

Otra de sus ventajas es que puede repetirse tantas veces como sea necesario para controlar la evolución del paciente y comprobar la respuesta a los tratamientos.

Hoy la hepatitis tiene tratamiento

El panorama terapéutico también ha cambiado de forma significativa. En el caso de la hepatitis C, los tratamientos antivirales permiten curar a más del 95% de los pacientes mediante medicación oral de corta duración y con pocos efectos secundarios.

En la hepatitis B todavía no existe una cura definitiva, pero los tratamientos disponibles consiguen controlar el virus, reducir la inflamación y frenar la progresión del daño hepático, permitiendo que muchas personas mantengan una buena calidad de vida.

Para los especialistas, el mensaje es claro: la hepatitis ya no debe verse como una enfermedad inevitablemente grave, sino como una patología que, detectada a tiempo, puede prevenir complicaciones e incluso curarse en muchos casos.

Por eso, ante factores de riesgo o cualquier duda, hacerse una prueba puede marcar la diferencia. En una enfermedad que suele avanzar en silencio, conocer el diagnóstico antes de que aparezcan los síntomas sigue siendo la mejor herramienta para proteger la salud del hígado.

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