Pero ¿y si el problema no fuera el aperitivo en sí? El Dr. Leo Cerrud desmonta esta creencia y lo resume con una sencilla afirmación: "El problema no es el aperitivo en sí, sino lo que ponemos en la mesa y cómo lo consumimos".Lejos de tener que renunciar al tapeo ...
Pero ¿y si el problema no fuera el aperitivo en sí? El Dr. Leo Cerrud desmonta esta creencia y lo resume con una sencilla afirmación: "El problema no es el aperitivo en sí, sino lo que ponemos en la mesa y cómo lo consumimos".
Lejos de tener que renunciar al tapeo o aislarse socialmente, el especialista apuesta por aprender a elegir mejor qué consumimos. La clave está en optar por alimentos que aporten saciedad, hidratación y nutrientes de calidad, dejando a un lado aquellos productos más ultraprocesados y calóricos.
"Un aperitivo saludable debe aportar saciedad, hidratación y nutrientes de alta calidad, evitando las grasas trans, los refinados y los picos de glucosa", explica Leo Cerrud.
Algunas opciones habituales del aperitivo destacan por su elevada densidad calórica y su escaso valor nutricional. Entre ellas se encuentran los fritos y rebozados industriales, como los calamares a la romana, las croquetas industriales o las patatas bravas, que aportan una gran cantidad de calorías y grasas de baja calidad.
También conviene moderar el consumo de ultraprocesados crujientes, como las patatas fritas de bolsa o los frutos secos fritos y excesivamente salados. Su combinación de grasas y sal está diseñada para favorecer un mayor consumo.
En la misma línea, los embutidos más grasos —como el chorizo, el salchichón o la chistorra frita— aportan cantidades elevadas de grasas saturadas y sodio, mientras que las salsas elaboradas a base de mayonesa industrial suelen añadir numerosas calorías ocultas que pasan desapercibidas.
Un aperitivo equilibrado puede ser perfectamente compatible con disfrutar de las comidas del verano. Para ello, el especialista recomienda incluir alimentos ricos en proteína de alta calidad, como mariscos al vapor o a la plancha, conservas de calidad —berberechos, mejillones o ventresca—, huevo duro o jamón ibérico de bellota.
Las verduras y hortalizas frescas o encurtidas también tienen un papel protagonista. Pepinillos, cebollitas, banderillas, gazpacho, salmorejo —sin exceso de pan— y otros encurtidos son opciones ligeras y saciantes para incorporar al aperitivo.
Respecto a las grasas saludables, las aceitunas, los frutos secos naturales o tostados, el aceite de oliva virgen extra o el aguacate son grandes aliados, siempre consumidos con moderación.
La hidratación también merece una atención especial durante el verano. El agua con gas acompañada de hielo y una rodaja de limón es una alternativa refrescante, al igual que la cerveza 0,0 o una clara casera. Los refrescos zero pueden consumirse ocasionalmente y, de vez en cuando, es posible disfrutar de una cerveza con alcohol o un tinto de verano.

El Dr. Leo Cerrud aprovecha esta guía para desmontar algunas de las falsas creencias más extendidas acerca de la alimentación durante el verano.
FALSO. La aceituna es un alimento con interesantes propiedades nutricionales. Aporta grasas monoinsaturadas —como el ácido oleico— beneficiosas para el corazón, además de fibra y un elevado poder saciante. Un consumo razonable, alrededor de seis u ocho unidades, puede formar parte de una alimentación equilibrada. Como señala el especialista, el problema aparece cuando se consume el cuenco entero acompañado de varias bebidas alcohólicas.
FALSO. Consumidos en su versión natural y en cantidades moderadas, los frutos secos aportan grasas saludables y contribuyen a aumentar la sensación de saciedad.
FALSO. La nutrición debe ser sostenible y adaptarse a la vida social de cada persona. El aislamiento social puede generar frustración y favorecer el abandono de hábitos saludables, por lo que aprender a elegir mejor las opciones disponibles resulta fundamental para mantenerlos a largo plazo.
FALSO. Las conservas de pescado azul y marisco —como los mejillones en escabeche, los berberechos al natural, las navajas, las sardinillas o el atún— presentan un excelente valor nutricional. Son ricas en hierro, omega-3 y proteínas de alto valor biológico, además de aportar pocas calorías cuando se eligen al natural y un contenido calórico moderado cuando se conservan en aceite de oliva virgen extra.
El especialista propone cuatro opciones ligeras y equilibradas para disfrutar del aperitivo sin renunciar al sabor.
La Opción Marinera consiste en un plato de berberechos o almejas al natural con unas gotas de limón y pimienta negra, acompañado de una ración de gambas a la plancha.
La Opción Tradicional Renovada apuesta por unas banderillas de encurtidos —pepinillo, cebollita, guindilla y anchoa— junto a una porción de jamón ibérico.
Para quienes prefieren alternativas más vegetales, la Opción Fresca y Vegetal propone un pequeño vaso de gazpacho andaluz bien frío acompañado de brochetas de tomate cherry, perlas de mozzarella fresca y hojas de albahaca.
Por último, la Opción Crujiente Saludable sustituye los tradicionales nachos por crudités de zanahoria, pepino y pimiento rojo para acompañar dips de hummus o guacamole casero.
"Verano no es sinónimo de descontrol ni de privación absoluta", concluye el Dr. Leo Cerrud. "Se trata de aplicar la regla del sentido común: elegir la mejor versión de cada opción disponible, priorizar la compañía sobre la comida desmedida y recordar que la moderación es el verdadero secreto de la longevidad y el bienestar."