Estos últimos meses, proteger a las mascotas frente al calor se convierte en una prioridad. Si bien el golpe de calor suele asociarse a los perros, los gatos también pueden sufrirlo, especialmente aquellos que viven en interiores poco ventilados, tienen acceso a terrazas o balcones soleados, son de edad avanzada, ...
Estos últimos meses, proteger a las mascotas frente al calor se convierte en una prioridad. Si bien el golpe de calor suele asociarse a los perros, los gatos también pueden sufrirlo, especialmente aquellos que viven en interiores poco ventilados, tienen acceso a terrazas o balcones soleados, son de edad avanzada, presentan sobrepeso o padecen determinadas patologías.
Ahora, que aún queda verano por delante, los gatos son expertos en buscar lugares frescos y reducir su actividad durante las horas de mayor calor. Sin embargo, cuando la temperatura ambiental es muy elevada o no disponen de suficientes recursos para refrescarse, su organismo puede dejar de regular correctamente la temperatura corporal, dando lugar a un golpe de calor, una situación que requiere atención veterinaria urgente.
¿Cómo reconocer un golpe de calor en un gato?
A diferencia de los perros, los gatos jadean muy poco. Por ello, cuando un gato comienza a hacerlo, suele ser una señal de alarma que requiere atención inmediata.
Entre los principales síntomas destacan jadeo o respiración acelerada, letargo o debilidad repentina, salivación excesiva, encías muy rojas o, en fases más avanzadas, pálidas o azuladas, temperatura corporal elevada, desorientación, falta de coordinación o dificultad para mantenerse en pie, vómitos o diarrea y en los casos más graves, pérdida de conciencia o convulsiones. Ante cualquiera de estos signos, es fundamental acudir cuanto antes a un centro veterinario.
Mientras se contacta con el veterinario o se traslada al animal a una clínica, es recomendable llevar al gato inmediatamente a un lugar fresco y ventilado, refrescar su cuerpo poco a poco utilizando agua templada (especialmente en abdomen, axilas y almohadillas), evitar el uso de agua helada, hielo o cambios bruscos de temperatura, ya que pueden empeorar la situación. Ofrecer agua fresca si el gato está consciente y quiere beber, sin forzarlo, y transportarlo cuanto antes al veterinario para valorar posibles daños internos y administrar el tratamiento adecuado si fuera necesario.
¿Cómo prevenirlo?
La mejor forma de proteger a un gato frente a un golpe de calor es anticiparse. Aunque son animales especialmente hábiles para buscar lugares frescos y reducir su actividad cuando las temperaturas aumentan, desde Purina comparten una serie de medidas que pueden ayudar a minimizar el riesgo:
"En verano tendemos a pensar que los gatos están más protegidos por su comportamiento independiente, pero también son vulnerables al calor extremo si no les facilitamos un entorno adecuado y una buena hidratación. Pequeños gestos como ofrecer alimentación húmeda o asegurar varios puntos de agua pueden marcar una gran diferencia en su salud", señala Elisenda Saperas, veterinaria y responsable de comunicación de Purina.
Desde Purina animan a todos los tutores de mascotas a informarse y actuar con responsabilidad. Prevenir un golpe de calor es sencillo si conocemos los riesgos y tomamos las precauciones adecuadas para cuidarlos y asegurar su bienestar.