No basta con pensar en lo bueno: el gesto de gratitud que funciona mejor para sentirte bien  

María Robert

Un estudio internacional ha analizado seis formas diferentes de fomentar la gratitud y ha encontrado una especialmente eficaz: escribir a alguien para agradecerle algo y hacérselo llegar

27/08/2026

"Piensa en cinco cosas por las que estás agradecida". Es uno de los consejos más habituales cuando hablamos de gratitud y bienestar. Anotar las vivencias en un diario, recordar al final del día los momentos más positivos o enumerar aquello que valoramos son pequeños ejercicios que nos pueden ayudar a ...

"Piensa en cinco cosas por las que estás agradecida". Es uno de los consejos más habituales cuando hablamos de gratitud y bienestar. Anotar las vivencias en un diario, recordar al final del día los momentos más positivos o enumerar aquello que valoramos son pequeños ejercicios que nos pueden ayudar a sentirnos mejor.

Sin embargo, un amplio estudio internacional publicado recientemente sugiere que no todas las formas de practicar la gratitud funcionan igual. Investigadores de 34 países analizaron las respuestas de más de 10.000 personas a seis intervenciones destinadas a fomentar este sentimiento y descubrieron que la que tuvo un mayor efecto fue también una de las más sencillas: escribir un mensaje a alguien a quien agradecemos algo y enviárselo.

En cambio, hacer una lista con cinco cosas por las que estamos agradecidos, precisamente una de las estrategias más populares, fue la que obtuvo el efecto más pequeño.

La clave está en compartirla

Los investigadores compararon diferentes maneras de provocar sentimientos de gratitud. Algunas consistían en escribir una carta de agradecimiento sin enviarla, reflexionar sobre lo recibido de otras personas o imaginar cómo sería nuestra vida sin determinados acontecimientos positivos.

Todas las intervenciones relacionadas con la gratitud tuvieron mejores resultados que las prácticas de control, pero hubo diferencias importantes entre ellas. La más eficaz tenía un elemento común: la gratitud salía de la persona que la sentía y llegaba a otra.

"El mayor efecto se produjo cuando entró explícitamente en juego la conexión social", apunta Paulo Sérgio Boggio, psicólogo y uno de los investigadores del estudio.

De hecho, es lo que puede marcar la diferencia. Pensar en algo bueno puede generar una emoción positiva, pero comunicar el agradecimiento añade una interacción social. En otras palabras, no solo reconocemos lo que otra persona ha hecho por nosotros, sino que reforzamos el vínculo con ella.

En este sentido, los investigadores observaron mejoras inmediatas en diferentes aspectos relacionados con el bienestar psicológico. Las intervenciones de gratitud aumentaron las emociones positivas y la sensación de reciprocidad social, al tiempo que redujeron las emociones negativas y la envidia. También se observaron incrementos en la satisfacción con la vida y el optimismo.

Esto no significa que un mensaje de agradecimiento pueda sustituir otras formas de cuidar la salud mental ni que la gratitud vaya a solucionar por sí sola los problemas cotidianos. El estudio muestra algo más concreto: fomentar deliberadamente este sentimiento puede producir cambios positivos en determinados estados psicológicos.

Además, la gratitud tiene una importante dimensión social. Sentirnos agradecidos por la ayuda de otra persona puede aumentar nuestra disposición a ayudar a otros, incluso aunque no sean quienes nos ayudaron directamente. De esta manera, agradecer puede contribuir a generar una cadena de conductas prosociales.

Entonces, ¿hacer una lista no sirve?

Sí sirve, pero parece ser menos eficaz que otras formas de practicar la gratitud. Hacer una lista de cinco cosas buenas produjo efectos positivos, aunque fueron los más pequeños de las seis intervenciones estudiadas.

La posible explicación está justamente en su carácter individual. Podemos escribir que estamos agradecidos por nuestra familia, nuestros amigos o una experiencia que hemos vivido, pero el ejercicio termina en nosotros mismos.

Cuando enviamos un mensaje a la persona que ha provocado ese sentimiento, la gratitud se convierte en una acción compartida.

Por eso, si quieres probar esta práctica, no necesitas empezar un diario ni establecer una rutina complicada. Piensa en alguien que haya hecho algo por ti recientemente y dile qué significó para ti. Puede ser un gesto importante o algo aparentemente pequeño: escuchar cuando lo necesitabas, echarte una mano en el trabajo, acompañarte en un momento difícil o simplemente estar ahí.

La cultura también influye

Además, otra conclusión a destacar del estudio es que los efectos de las intervenciones variaron considerablemente entre países.

Las prácticas tuvieron un impacto mayor en México, mientras que en Noruega los efectos fueron prácticamente inexistentes. Brasil quedó en una posición intermedia. Los investigadores observaron que factores culturales como la rigidez o flexibilidad de las normas sociales, la distancia respecto al poder y la religiosidad podían influir en los resultados.

Esto resulta especialmente relevante porque buena parte de las investigaciones anteriores sobre gratitud procedían de Estados Unidos. Este trabajo amplía la perspectiva al incluir participantes de 34 países con contextos culturales muy diferentes.

Ahora, el planteamiento a desarrollar en investigaciones próximas es si estas diferencias se deben principalmente a las normas sociales de cada país o si sería necesario desarrollar formas de fomentar la gratitud adaptadas a cada cultura.

El hallazgo más interesante del estudio puede resumirse de una manera muy sencilla: no hace falta limitarse a pensar en aquello que agradecemos; podemos decírselo a quien lo hizo posible.

La próxima vez que recuerdes algo que alguien hizo por ti, prueba a cambiar el habitual "qué suerte tuve" por un mensaje: "Quería decirte que agradezco mucho que estuvieras ahí". Puede que ese pequeño gesto no solo haga sentir mejor a quien lo recibe. Según este estudio, también puede mejorar nuestro propio bienestar.


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