Durante la menopausia la piel está experimentando mucho más que una simple falta de hidratación. "La bajada de estrógenos hace que produzca menos lípidos y retenga peor el agua, pero también puede favorecer la pérdida de colágeno y elastina y ciertos procesos inflamatorios que terminan reflejándose en el tono y la ...
Durante la menopausia la piel está experimentando mucho más que una simple falta de hidratación. "La bajada de estrógenos hace que produzca menos lípidos y retenga peor el agua, pero también puede favorecer la pérdida de colágeno y elastina y ciertos procesos inflamatorios que terminan reflejándose en el tono y la aparición de manchas", explica Estefanía Nieto, directora dermocosmética de Medik8.
La piel menopáusica puede sentirse más seca, apagada e incómoda y su barrera necesita un apoyo extra. Raquel González, cosmetóloga y creadora de Byoode, propone pensar en cuatro objetivos: hidratar, reparar, proteger y tratar.
La hidratación eficaz pasa por combinar ingredientes que atraigan agua con otros capaces de reforzar la barrera cutánea. Entre los primeros encontramos activos como el ácido hialurónico o la glicerina; entre los segundos, ingredientes como la niacinamida, las ceramidas, el pantenol o el escualano.
La textura, por supuesto, también importa. Si la piel pide confort, podemos apostar por fórmulas más nutritivas. Pero la apariencia de una crema no debería ser el único criterio para elegirla.
La pérdida de firmeza no siempre se presenta como una nueva arruga. A veces se percibe antes. El contorno facial parece menos definido, la piel tiene menos "rebote" o sentimos que ya no está tan tersa como antes.
En este punto, algunos activos pueden ayudar a mejorar el aspecto de tonicidad, firmeza y elasticidad. El DMAE es uno de los ingredientes que señala Mireia Fernández, directora dermocosmética de Perricone MD, especialmente cuando se combina con antioxidantes y neuropéptidos.
Los retinoides también pueden tener un papel relevante. Bien formulados y utilizados de manera adecuada, ayudan a mejorar la textura, la luminosidad y el aspecto de densidad de la piel. Los antioxidantes, como la vitamina C, contribuyen además a protegerla frente al estrés oxidativo.
Eso sí, introducir activos potentes no significa utilizarlos todos a la vez. Durante la menopausia, una rutina eficaz también debe ser una rutina que la piel pueda tolerar.
Otro de los cambios que podemos notar es una renovación celular más lenta. El resultado puede ser un rostro más apagado, una textura áspera, poros más visibles o un tono menos uniforme.
La solución no pasa por exfoliar con más intensidad. Ingredientes como la gluconolactona, el ácido láctico o el ácido mandélico pueden ser opciones interesantes cuando buscamos una renovación más amable. El ácido glicólico también puede incorporarse si la piel lo tolera y la fórmula está adecuadamente equilibrada.
La idea es sencilla. Hay que ayudar a la piel a renovarse sin comprometer su barrera. Por eso, la frecuencia debe adaptarse a cada piel. Empezar poco a poco y observar cómo responde el rostro suele ser mucho más sensato que intentar conseguir resultados rápidos a base de exfoliaciones frecuentes.
La menopausia también puede traer consigo cambios en la pigmentación. Zonas más oscuras, un tono menos uniforme o una pérdida de luminosidad pueden hacerse más evidentes. La vitamina C, la niacinamida y determinados activos despigmentantes y renovadores pueden ayudar a mejorar el aspecto del tono irregular, pero existe un paso que no debería faltar: la fotoprotección.
"El SPF es clave. Llueva, truene, nieve o haga un sol de justicia, si hay manchas o pérdida de colágeno, el sol las amplifica", recuerda Mireia Fernández. Por eso, el protector solar no debería entenderse como un producto exclusivamente de verano. Forma parte de la rutina diaria, especialmente cuando el objetivo es preservar la luminosidad, prevenir el fotoenvejecimiento y evitar que las manchas se intensifiquen.
Y hay una parte de la rutina que no cabe en el cuarto de baño. Dormir mal, vivir periodos de estrés o descuidar la alimentación también puede acabar reflejándose en el rostro. Durante una etapa de cambios hormonales, cuidar estos factores cobra todavía más sentido.
Marta Agustí, directora nutricional de Advanced Nutrition Programme, señala que puede tener sentido prestar atención a nutrientes como los antioxidantes, los omega y determinadas vitaminas dentro de un estilo de vida equilibrado.
Pero hay una idea importante. Ningún complemento sustituye una alimentación variada, un buen descanso o unos hábitos saludables. Y si existen enfermedades, se toman medicamentos o se está pensando en incorporar suplementación, lo recomendable es consultar previamente con un profesional sanitario.
La menopausia puede obligarnos a replantearnos cómo cuidamos nuestra piel. Lo que funcionaba a los 30 o a los 40 quizá ya no sea suficiente —o quizá algunos productos que antes tolerábamos perfectamente ahora nos resulten demasiado agresivos—. La respuesta no tiene por qué ser llenar el neceser de productos.
Una rutina bien planteada puede apoyarse en unos pocos pilares: limpieza respetuosa, hidratación y refuerzo de la barrera, activos dirigidos a las necesidades concretas de cada piel, exfoliación moderada cuando sea necesaria y fotoprotección diaria.