No se trata de empezar una dieta estricta, apuntarse al gimnasio y levantarse una hora antes de un día para otro. Los cambios pequeños y realistas suelen ser mucho más fáciles de mantener. Estas son siete rutinas sencillas que merece la pena recuperar en septiembre.1. Volver a unos horarios de ...
No se trata de empezar una dieta estricta, apuntarse al gimnasio y levantarse una hora antes de un día para otro. Los cambios pequeños y realistas suelen ser mucho más fáciles de mantener. Estas son siete rutinas sencillas que merece la pena recuperar en septiembre.
Durante las vacaciones es habitual acostarse y levantarse más tarde. El problema aparece cuando llega septiembre y hay que volver a madrugar de repente.
Recuperar progresivamente unos horarios regulares puede ayudar a que el organismo vuelva a adaptarse a la rutina. Intentar acostarse y levantarse aproximadamente a la misma hora, también durante el fin de semana, es una de las medidas más sencillas para favorecer un descanso adecuado.
También conviene reservar los últimos minutos del día para bajar el ritmo: cenar con tranquilidad, reducir el uso de pantallas y crear un ambiente propicio para dormir.
En verano, las comidas suelen ser más desordenadas: se come más tarde, se improvisan cenas o se sustituye alguna comida por un picoteo.
Septiembre puede ser un buen momento para volver a una cierta estructura. No hace falta seguir horarios rígidos, pero sí procurar que las comidas principales vuelvan a tener un lugar definido dentro del día.
Planificar con algo de antelación la compra y las comidas de la semana también ayuda a evitar recurrir continuamente a opciones rápidas cuando llega el cansancio.
Después de semanas de menor actividad o de un ritmo diferente, retomar el ejercicio de golpe puede acabar provocando agujetas, molestias o, directamente, abandono.
Una alternativa más realista es empezar poco a poco. Caminar más, utilizar las escaleras, recuperar los desplazamientos a pie o reservar unos días a la semana para practicar alguna actividad que resulte agradable son buenas maneras de volver a incorporar movimiento a la rutina.
La clave está en encontrar una actividad que encaje con el día a día y que pueda mantenerse más allá de las primeras semanas de septiembre.
Con la llegada de septiembre y el descenso progresivo de las temperaturas, es fácil prestar menos atención a la hidratación. Sin embargo, beber agua sigue siendo importante durante todo el año.
Una forma sencilla de recuperar el hábito es tener siempre una botella a mano, especialmente durante la jornada laboral, y asociar el consumo de agua a determinados momentos del día: al levantarse, con las comidas o durante las pausas.
El objetivo no debería ser beber por obligación, sino evitar llegar al final del día prácticamente sin haber bebido.
Las vacaciones pueden hacer que aumente el tiempo que pasamos mirando el teléfono: redes sociales, fotografías, mensajes, vídeos… Al recuperar la rutina, septiembre puede ser un buen momento para revisar cuánto tiempo dedicamos realmente a las pantallas.
Una medida sencilla es establecer algunos momentos libres de móvil, como durante las comidas o justo antes de acostarse. También puede resultar útil desactivar determinadas notificaciones para evitar interrupciones constantes.
No se trata de eliminar el teléfono de nuestra vida, sino de recuperar la sensación de que somos nosotros quienes decidimos cuándo utilizarlo.
La vuelta a la rutina suele venir acompañada de listas de tareas, trabajo, colegio, compras y compromisos. Precisamente por eso, una de las primeras cosas que desaparecen de la agenda es el tiempo personal.
Septiembre puede ser una buena oportunidad para recuperar alguna actividad que proporcione bienestar: leer, salir a caminar, escuchar música, cocinar, quedar con amigos o simplemente no hacer nada durante un rato.
No hace falta disponer de una tarde entera. A veces, reservar veinte o treinta minutos al día para desconectar ya supone una diferencia.
Una limpieza de hábitos también implica decidir qué queremos dejar atrás.
¿Estamos durmiendo demasiado poco? ¿Comemos siempre con prisas? ¿Pasamos demasiadas horas sentados? ¿Tenemos la sensación de estar permanentemente pendientes del móvil? ¿Hemos llenado la agenda de compromisos que realmente no necesitamos?
Septiembre puede ser un buen momento para hacerse estas preguntas y escoger uno o dos cambios concretos, en lugar de intentar transformar nuestra vida entera.