En esvivir.com queremos reivindicar justo eso, porque reservarte un rincón y un rato para una misma no es un lujo ni un capricho, sino una necesidad para no acabar diluida otra vez en las obligaciones de todos. Por qué lo primero que desaparece es tu tiempo Cuando la vida se llena de ...
En esvivir.com queremos reivindicar justo eso, porque reservarte un rincón y un rato para una misma no es un lujo ni un capricho, sino una necesidad para no acabar diluida otra vez en las obligaciones de todos.
Cuando la vida se llena de responsabilidades, el tiempo personal es lo que cae primero, y no por casualidad. Las obligaciones tienen horarios, plazos y personas que las reclaman; tu tiempo, en cambio, no le urge a nadie más que a ti, así que es lo más fácil de posponer indefinidamente. A esto se suma esa culpa tan común, especialmente entre las mujeres, que hace que reservar tiempo para una misma se sienta como quitárselo a los demás.
Pero esa lógica tiene truco. Una persona que no se cuida ni recarga acaba agotada, irritable y sin nada que dar, mientras que unos minutos propios al día permiten sostener todo lo demás con mucha más energía y mejor ánimo. El tiempo para ti no es lo que sobra cuando todo está hecho, porque nunca está todo hecho; es una parte necesaria de tu bienestar que hay que proteger de forma activa, igual que proteges los compromisos con los demás.
Reservarte un rincón y un rato propios es más posible de lo que parece, incluso con una agenda apretada:
Lo más difícil no suele ser encontrar el momento, sino sostenerlo frente a las interrupciones y frente a la propia culpa. Ayuda comunicar a la familia que ese es tu rato, para que lo respeten, y recordarte a ti misma que no estás robando ese tiempo a nadie, sino cuidándote para poder estar mejor con todos. Es una cuestión de prioridad y de constancia, no de disponer de horas libres.
La idea con la que quedarse es que protegerte un espacio y un tiempo propios no es egoísmo, sino la forma de no desaparecer entre las obligaciones de la vuelta a la rutina. Un rincón que sea tuyo y un rato diario innegociable, por pequeños que sean, bastan para mantener el contacto contigo misma cuando todo lo demás reclama tu atención. No esperes a tener tiempo libre, porque no llegará solo; resérvalo de forma activa y defiéndelo sin culpa. Esos minutos propios son los que te permiten llegar al resto del día con más calma y más energía, y los que evitan que, un septiembre más, te diluyas por completo en la vida de todos menos en la tuya. Cuidarte también es cuidar a quienes te rodean.