La exposición que convierte la nostalgia en un viaje a la infancia: así es `Yo fui a E.G.B.'

María Robert 

La muestra reúne cientos de piezas relacionadas con la vida cotidiana de quienes crecieron durante los años de la Educación General Básica 

11/09/2026

Si aprendiste los ríos y las cordilleras mientras mordisqueabas una goma Milán. Si llevaste hombreras o te echabas laca Nelly, si el primer libro que leíste fue `El libro gordo de Petete', lloraste porque Marco no encontraba a su madre o tu helado favorito era el Frigodedo, probablemente creciste durante ...

Si aprendiste los ríos y las cordilleras mientras mordisqueabas una goma Milán. Si llevaste hombreras o te echabas laca Nelly, si el primer libro que leíste fue `El libro gordo de Petete', lloraste porque Marco no encontraba a su madre o tu helado favorito era el Frigodedo, probablemente creciste durante los años de la Educación General Básica (EGB). Los escritores Jorge Díaz y Javier Ikaz también estudiaron en aquella época y en 2010 decidieron compartir en redes sociales unos cuantos de esos recuerdos guardados en algún rincón de la memoria.

Una página de Facebook sin más pretensión que poner en común memorias de la infancia de los niños de la España de los 70, 80 y 90 fue el punto de partida de un exitoso fenómeno nostálgico: `Yo fui a E.G.B.' Tras el éxito en internet, llegaron varios libros recopilatorios que se convirtieron en bestsellers intergeneracionales. Y ahora todos esos recuerdos puedes encontrártelos en una exposición.

`Yo fui a E.G.B.', que forma parte de la programación de Veranos de la Villa, se ha prorrogado hasta el 20 de septiembre en el centro CondeDuque de Madrid. La muestra propone un recorrido por la vida cotidiana de quienes fueron niños entre los años 70, 80 y 90 a través de objetos, imágenes, sonidos y personajes que forman parte de la memoria colectiva.

Porque sí, allí están los cuadernos Rubio, pero también la colonia Chispas, juguetes, material escolar, referencias televisivas y otros muchos objetos que seguramente fueron bastante menos especiales cuando los utilizábamos a diario. Entonces eran simplemente las cosas que había en casa, en el colegio o en la televisión. Hoy, para algunos son un viaje a la nostalgia y para otros, piezas de arqueología.

Un paseo por la infancia de los 70, 80 y 90

Aunque la exposición no se limita a poner a la vista una serie de objetos, sino que recrea diferentes escenas y personajes vinculados a aquella época para que el visitante se sumerja en los recuerdos.

El colegio es uno de los ejes centrales de la muestra, como era de esperar. Materiales escolares y elementos nos recuerdan cómo era estudiar antes de que las pantallas ocuparan buena parte de las aulas. Más de uno se encuentra con algún objeto que le resulte demasiado familiar.

También hay espacio para la entrañable televisión de la carta de ajuste y los dos canales. Espinete y otros personajes nos evocan un mundo en el que había que sintonizar el aparato a una concreta para ver nuestro programa favorito. No hace tanto que eso de "me lo pongo cuando quiera" o me hago un maratón de 10 capítulos era pura ciencia ficción.

La exposición recupera también otras escenas cotidianas: la cocina, las compras, los juegos, los juguetes o las tardes frente al televisor. Entre ellas aparece incluso el videoclub, un negocio que durante años formó parte del paisaje de cualquier barrio y que hoy cuesta explicar a alguien que haya crecido directamente con Netflix.

¿Qué era exactamente la EGB?

La Educación General Básica fue el sistema educativo establecido por la Ley General de Educación de 1970, que reorganizó por completo la enseñanza en España.

Con él estudiaron millones de españoles durante varias décadas, hasta que la implantación progresiva de la LOGSE comenzó a sustituirlo en los años noventa. De ahí que decir "yo fui a EGB" funcione casi como una contraseña generacional: basta esa frase para situar una infancia en un determinado contexto educativo y social.

Oda a la nostalgia

Hay algo curioso en la nostalgia, de la que `Yo fui a E.G.B.' es un gran exponente: casi nunca echamos de menos las cosas extraordinarias… Solemos acordarnos de lo cotidiano. Del último día de colegio, de la sensación de estrenar los libros en septiembre, del momento de elegir una película en el videoclub un viernes, de las mañanas de fin de semana desayunando con la televisión, o abrir el día de Reyes el juguete de moda. Nadie vivía esos instantes tan cotidianos pensando en que un día ya habrían desaparecido.

La exposición juega justamente con esa distancia. Muchas de las cosas que recoge siguen siendo reconocibles, pero han cambiado tanto las formas de hacerlas que ahora nos parecen propias de otra época muy lejana.

Sin embargo, hay recuerdos que forman parte de nuestra memoria colectiva y que siguen siendo capaces de emocionarnos y reunir a distintas generaciones. Y es que esta exposición es una propuesta apta para todos los públicos que, además de despertar la memoria de quienes vivieron la época, invita a los más jóvenes a conocer cómo fue la infancia de sus padres y abuelos, convirtiendo la visita en una experiencia inmersiva y compartida entre generaciones. 



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