La solución no pasa necesariamente por comer menos en las comidas principales, sino por planificar una merienda sencilla que ayude a llegar a la cena con menos hambre. Lo importante es escoger alimentos que resulten prácticos para llevar al trabajo y que puedan combinarse de diferentes maneras.Fruta, yogur, frutos secos, ...
La solución no pasa necesariamente por comer menos en las comidas principales, sino por planificar una merienda sencilla que ayude a llegar a la cena con menos hambre. Lo importante es escoger alimentos que resulten prácticos para llevar al trabajo y que puedan combinarse de diferentes maneras.
Fruta, yogur, frutos secos, pan integral o hummus son algunas opciones fáciles de transportar y que permiten preparar meriendas variadas sin recurrir siempre a productos ultraprocesados.
Una de las combinaciones más sencillas. Un yogur natural acompañado de una pieza de fruta cortada y un pequeño puñado de frutos secos ofrece diferentes texturas y resulta más completo que tomar únicamente algo dulce.
Si lo llevamos a la oficina, podemos transportar el yogur en una bolsa térmica y añadir la fruta y los frutos secos justo antes de comerlo.
No hace falta preparar nada complicado. Una manzana, una pera, un plátano o unas uvas pueden acompañarse con almendras, nueces o avellanas.
Es una opción especialmente cómoda para quienes no disponen de mucho tiempo para merendar o prefieren algo que puedan comer rápidamente entre tareas.
Para quienes prefieren una merienda salada, el hummus puede ser una buena alternativa.
Podemos llevar unas rebanadas de pan integral y una pequeña cantidad de hummus en un recipiente aparte. También podemos añadir unas rodajas de tomate, pepino o zanahoria para completar la merienda.
El queso fresco combina especialmente bien con frutas como pera, manzana, uvas o higos.
Una opción sencilla consiste en preparar un pequeño recipiente con queso fresco y fruta cortada. Si queremos darle un toque diferente, podemos añadir unas nueces o unas semillas.
Si por la mañana tenemos unos minutos para prepararla, la avena puede convertirse en una merienda práctica para llevar.
Mezcla copos de avena con yogur natural y deja reposar la preparación en un recipiente cerrado. Puedes añadir canela y fruta justo antes de comer.
También se puede preparar la noche anterior y conservarla refrigerada hasta el día siguiente.
Un pequeño bocadillo puede ser una buena opción cuando la jornada laboral se alarga y sabemos que faltarán varias horas hasta la cena.
Podemos prepararlo con ingredientes sencillos como tomate y queso, hummus y verduras, o tortilla. La cantidad dependerá del hambre que tengamos y de lo que hayamos comido durante el resto del día.
Otra alternativa para quienes prefieren evitar el pan. Zanahoria, pepino, apio o pimiento pueden cortarse en tiras y llevarse en un recipiente junto con hummus.
Es una merienda fácil de preparar y especialmente cómoda si tenemos nevera en la oficina.
Cuando no queremos llevar recipientes ni preparar nada, la fruta vuelve a ser una de las opciones más prácticas.
Una manzana, una pera, un plátano o unas uvas pueden acompañarnos durante la jornada sin necesidad de cubiertos ni preparación. Si sabemos que tendremos bastante hambre, podemos combinarlas con un puñado de frutos secos o un yogur.
Uno de los principales problemas de las meriendas entre semana es que se deciden cuando ya tenemos hambre. En ese momento resulta mucho más fácil recurrir a la máquina de vending, unas galletas o cualquier producto que tengamos a mano.
Dejar preparada la merienda la noche anterior o incluirla en la planificación de la compra semanal puede cambiar bastante las cosas. No hace falta preparar recetas elaboradas: basta con tener en casa algunos alimentos básicos que puedan combinarse rápidamente.
También conviene escuchar las señales de hambre y no convertir la merienda en una obligación. Algunas personas necesitarán comer algo a media tarde y otras no. Lo importante es adaptar la cantidad y el tipo de alimento al horario, la actividad y las necesidades de cada día.