Leer, escribir, mirar la pizarra o trabajar con dispositivos digitales son actividades cotidianas en el aula que requieren un buen funcionamiento visual. Cuando existe una alteración que no ha sido identificada, estas tareas pueden convertirse en un esfuerzo innecesario y dificultar el día a día escolar. Una revisión visual es una ...
Leer, escribir, mirar la pizarra o trabajar con dispositivos digitales son actividades cotidianas en el aula que requieren un buen funcionamiento visual. Cuando existe una alteración que no ha sido identificada, estas tareas pueden convertirse en un esfuerzo innecesario y dificultar el día a día escolar.
Una revisión visual es una forma sencilla de cuidar la salud visual de los más pequeños y de detectar problemas que, especialmente durante la infancia, no siempre son fáciles de reconocer. Miopía, hipermetropía, astigmatismo, estrabismo o ambliopía son algunas de las alteraciones que pueden afectar a la calidad de la visión y hacer que determinadas actividades habituales en el entorno escolar resulten más difíciles.
La visión es una de las capacidades que participan en el aprendizaje, aunque el rendimiento escolar es el resultado de muchos factores. Por eso, detectar una alteración visual no significa encontrar una única causa de las dificultades académicas, sino identificar y tratar una posible barrera para que cada niño pueda afrontar sus actividades escolares con mayor comodidad.
Entre las alteraciones que pueden detectarse en una revisión visual se encuentra la miopía, uno de los trastornos refractivos más frecuentes y cuya prevalencia ha aumentado en los últimos años. Según el Libro Blanco de la Salud Visual en España 2022, la proporción de personas con miopía aumentó nueve puntos en cuatro años, hasta alcanzar el 37 % de la población adulta. La miopía suele aparecer durante la infancia y puede progresar mientras el ojo crece. Su prevalencia varía en función de la edad y de la población, y los antecedentes familiares constituyen uno de los principales factores de riesgo.
Detectarla a tiempo permite compensar la visión y valorar, de manera individualizada y cuando esté indicado, diferentes medidas para controlar su progresión. En este contexto, el COOOA aconseja realizar revisiones visuales periódicas, especialmente cuando existen antecedentes familiares, aparecen síntomas o se observan signos de alerta. Cuidar la visión desde la infancia es una manera más de acompañar el crecimiento y favorecer un desarrollo saludable.
Familias y profesorado pueden desempeñar un papel importante a la hora de detectar posibles dificultades visuales. Algunos comportamientos cotidianos pueden ser una señal de que un niño no está viendo con comodidad.
Por sí solos, estos signos no permiten establecer un diagnóstico, pero si aparecen con frecuencia o persisten, es recomendable consultar con un óptico-optometrista:
Además de estar atentos a posibles alteraciones, el COOOA recuerda la importancia de incorporar hábitos visuales saludables durante el curso. El uso prolongado de pantallas y la realización continuada de tareas de cerca, especialmente sin pausas, pueden acompañarse de sequedad ocular, visión borrosa transitoria o dolor de cabeza. Para favorecer el confort visual, se recomienda realizar pausas periódicas, alternar la visión de cerca y de lejos, mantener una distancia cómoda y procurar una iluminación adecuada.